Soledad y Javier pasaron su segunda noche en el auto estacionado al lado del Vilela. Adentro, su hijo menor sigue en terapia intensiva tras someterse a dos cirugías que intentaron descomprimir su cerebro.

 

“Dentro de lo malo va bien”. Javier y Soledad pasaron su segunda noche dentro de su auto, estacionado al lado del Hospital de Niños Víctor J. Vilela. Allí está internado Benjamín, el hijo menor de la pareja que el sábado pasado fue alcanzado por una bala perdida cuando hacía el calentamiento previo a un partido de fútbol. A la espera de un nuevo parte médico que revele el estado de salud del niño, piden a la gente que le manden su “luz”.

Este lunes amanece algo gris y el aire vuela helado. Los papás de Benjamín despertaron en su propio coche, donde durmieron atravesados por la incomodidad y una preocupación única: la que generan los hijos en problemas. Javier comentó: “Estamos esperando el parte médico, el último de anoche fue favorable, está estable, dormido pero sigue evolucionando de a poco pero para bien. No hubo sobresaltos, está dormido para que su cerebro esté relajado. El hematoma se está achicando, dentro de lo malo va bien”.

Pasaron 48 horas del día en que todo cambió. Con sus 8 añitos, Benjamín precalentaba de cara a un partido que iba a jugar de la Liga Rosarina, en bulevar Seguí y Garzón cuando, cerca de las 14.15, cayó al piso.

Las personas que estaban con él pensaron que se había desmayado y que la sangre era porque se habría golpeado. S bien circularon varias versiones, Javier aclaró: “Yo no estaba ahí pero sí al lado, a punto de jugar en mi liga. A Benjamín lo llevó mi señora y mi hijo mayor. Me dijeron que se cayó y se desmayó, pensaron que se había caído porque le había bajado la presión, porque podía estar mal comido y que se había cortado con un vidrio. Como no venía la ambulancia un papá lo trajo al Vilela donde se encontró con médicos terribles. Mi hijo me fue a buscar y vinimos, cuando llego ya estaba lista la tomografía y sale que era una bala en la cabeza”, precisó.

Soledad tampoco sale de su asombro, tras conocer que una bala perdida había atravesado la cabeza del chiquito. Se trata de un escenario imposible para la familia ya que nunca había habido una situación de riesgo sino por el contrario, los fines de semana son de familia y deporte, enteramente disfrutables. “Es la primera vez que vivimos algo así”, resumió en ese sentido.

Benjamín fue sometido a dos operaciones. Su mamá advirtió que no se pudo quitar la bala de la zona de la nuca pero sí se trabajó en descomprimir su cerebro y achicar el hematoma. Optimista, está segura que su hijo se repondrá y saldrá adelante. Cuando se le preguntó qué necesitan, supo la respuesta: “Que le manden mucha luz”, dijo.