La diferencia entre implosión y explosión puede ayudar a comprender la realidad Argentina de esta última década. La presión  externa sobre el país no es mucha ni poca. Es demasiada para lo que la  estructura social, económica política y sobre todo, cultural puede soportar.


Por Pablo Benito

No hay figura más acorde para lo que está viviendo la Nación que  lo ocurrido con el ARA San Juan. Omitiendo el trágico final del  submarino, la figura, es altamente recomendable como metáfora. Un desperfecto generó una explosión interna y a partir de ese momento el
agua comenzó a ingresar en el habitáculo. Llegado a una profundidad  extrema, la presión exterior fue tal que el hierro se hizo de papel y la  nave quedó como si fuese una lata de gaseosa aplastada. Argentina “se abrió” al mundo en un momento de alta turbulencia (en
realidad la abrieron). Una vez que la economía se puso al mando de la  sociedad, la política perdió el control. Podríamos completar la imagen  con que “los mercados” hacen de océano y la implosión se fue armando a  partir de que se caía más profundo. Lo que no es asimilable es que, en  el mar existe el fondo. El lecho, la plataforma marítima. En la
Argentina continental, no.

Ni Mauricio, ni Alberto, ni Cristina
Pudo haber un momento, antes de la implosión, en que los líderes  algo podían hacer. En este momento sólo pueden acudir a una dosis de  humildad pidiendo la colaboración de la tripulación y darles todo el  poder. Supuestamente “los mercados” eligieron distinto al sufragio popular (presión externa) y la economía se redujo violentamente  acentuando el efecto de la frágil estructura de país. Ya no hay chances  de que achicando y cayendo se evite el colapso. O empieza oxigenar el  interior de la nave y a emerger paulatinamente. Para lo cual deberá,  también, blindar los intersticios más débiles y soldarlos, aunque sea
con silicona. El principio de solución no es financiero sino económico.  Reactivar el generador de energía o la caída no tendrá piso. La energía, en este caso, es la confianza. Aunque sea una cuestión  sobrevivencia, el circulo vicioso de lo precautorio deberá ser suplido
por la ciega fe, sin mayores argumentos, si es necesario. La presión  externa ya se hizo incontenible por lo que definir default o no -re programación o no- es como jugar al fútbol sin pelota. Nada. No recibirás goles, pero tampoco los harás. Ya no es achique, recorte del gasto público, retracción o recesión  económica. Es implosión. Salir para adelante puede generar riesgo de explosión en la economía,  pero esa sería la única forma de que ese exterior quite presión. La onda  expansiva de una expansión puede afectar a la región, continuar la  implosión es devorarse hacia adentro.
Emitir moneda podría ser una vía financiera que acompañe una  reactivación del mercado interno. Sin plan económico-productivo la emisión sería suicidio. Sin plan financiero, también.
Las decisiones políticas del presidente con la llegada de Lacunza a la  cartera económica, va en ese sentido. Las medidas no son electoralistas,  porque no hay nada en el universo que, desde la economía, pueda revertir  tamaño resultado que va siendo aceptado, poco a poco, por el poder real.  Existe un acuerdo tácito de que debe cambiar el modelo e inyectar
recursos en los sectores más bajos, para lo cual deberá emitirse moneda,  es más sano que imprimir títulos de deuda y letras. La fiesta terminó, se tomaron y comieron todo. Es momento de financiar la economía real.

Medidas a la portuguesa
En la semana anterior el propio Macri anuncio medidas  “populistas” relacionadas al impuesto a las Ganancias, congelamiento de  nafta, rebaja del IVA a los alimentos. Se trata del anuncio de la etapa  que se inicia para los próximos años en la Argentina. Las medidas, no
son suficientes si se piensa en el efecto electoral a dos meses de la  elección general, pero si como marca de cambio de ritmo de la tozudez  del saliente gobierno de Cambiemos que también “implosionó” como alianza  electoral. La preocupación por la salud de la economía ya no es lo  enferma que está sino la posibilidad de que quede parapléjica. Nada  nuevo ocurrirá. Se adelantaron los tiempos, por la profundidad de la  crisis y la velocidad con la que avanzó. La fase liberal ortodoxa  culminó y el cambio de paradigma comienza, aún con Macri en la Rosada.  El presidente recibió dos sopapos. El del electorado el domingo 11 de
agosto, en las urnas y del empresariado, que lo apoyaba, después de su
conferencia de prensa. El segundo le acomodó las ideas. Desde la crisis del 30, en EEUU, hasta la última recesión levantada por el gobierno socialista de Portugal. No hubo salida, real, a crisis  profundas económicas que no sea a través de la inyección de volumen al
mercado interno.
Suba del salario mínimo, suba de las jubilaciones, suba de la ayuda social y regulación de precios esenciales y de la energía. Todo lo que se invierta en esos sectores se vuelca, directamente, al mercado interno. Ni el jubilado, ni el asalariado empobrecido, ni quien se
guarda una moneda de la tarifa comprará dólares o se irá al exterior de vacaciones. Estas medidas no apuntan a incrementar el consumo sino a morigerar el impacto de la última devaluación. Portugal fue uno de los Estados europeos que más sufrió a causa de la
última crisis financiera global. En 2011, solicitó cuantiosos créditos, tanto a la Unión Europea como al Fondo Monetario Internacional. En 2014 pudo prescindir del rescate. Al año siguiente, un Gobierno minoritario  de izquierda tomó las riendas de la nación.

Es muy Simplex
Manuel Caldeira Cabral, es el ministro de la hacienda lusa que  llevo adelante el despegue de la economía portuguesa. Con una  articulación de medidas que puso fin a la política de austeridad que  bloqueaba el crecimiento. Hubo una continuidad a la consolidación del
presupuesto nacional y al proceso de reducción de la deuda.  Simultáneamente, se restringía el gasto público a la vez que se ponía aumentaban los ingresos de los asalariados. “Desde luego, el primer paso fue ganarnos la confianza de los inversionistas extranjeros y de nuestros conciudadanos. El segundo paso fue poner en marcha nuestro programa ‘capitalizar”, cuyo objetivo principal es mejorar las condiciones para que la economía prospere, y con eso me refiero sobre todo a la pequeña y mediana industria. Las fuentes primordiales de nuestro crecimiento son las inversiones y las exportaciones”, explicaba
el funcionario a la Deutsche Welle alemana.En lo ideológico-político Alberto Fernández, reconoció a los gobiernos, socialistas, de Portugal y España “ideológicamente parecidos a mí”. Tanto Axel Kicilof, como Cristina Fernández se encolumnan detrás de esa idea. Hasta el propio Massa que en abril de este año propuso negociar con el FMI “a la portuguesa”, parecen ir en ese rumbo de continuar el ajuste fiscal e inyectar recursos, directamente, al mercado. Más cerca de Lisboa que de Washington, Argentina parece ir en busca de
la superficie asumiendo el grado de vulnerabilidad de su sistema  financiero. Parece ser la única forma de evitar que el hundimiento culmine generando la implosión final. Hasta el poder real asumió que la situación requiere un cambio de rumbo. ¿Cómo se llama la política de Estado que fue ordenando a la sociedad portuguesa? Plan Simplex, toda
una síntesis de modernización de la administración pública.