Las cifras se mantienen estables, con un promedio de 3.600 matrimonios por año. En el caso de la celebración por Iglesia, hay unas 1.200.

Durante los últimos cinco años, los trámites para contraer matrimonio ante el Estado se han mantenido estables en la ciudad de Rosario, en un promedio de 3.600 por período. Sin embargo, no ha sucedido lo mismo con la celebración de bodas, que ha sufrido el golpe de la crisis económica que azota al país y registra una merma en la cantidad, sobre todo entre 2018 y 2019, que en el rubro calculan en un 20%.

Según cifras aportadas por el Registro Civil de la provincia, en la ciudad se casaron 3.477 parejas en 2014; 3.494 en 2015; 3.601 en 2016; 3.821 en 2017; y 3.697 el año pasado. Los números del Arzobispado indican que en el mismo período un promedio de 1.200 parejas por año lo hicieron, además, por Iglesia (menos del 30%). Sin embargo, en el rubro de organizadores de eventos, notan que la cantidad de bodas ha decaído. Es que hoy por hoy, en medio de la crisis económica, una boda puede costar desde 400 mil pesos con todo incluido, aunque de gama sencilla, hasta 2,5 millones si se trata de un evento premium (ver página 3).

Si bien la ciudad cuenta con una oferta importante de salones (unos 60), los calendarios —aunque siguen activos— están menos atiborrados y ya no es tan difícil conseguir fecha para el festejo. “El casamiento es una excepcionalidad y la gente gasta todo lo que puede. Pero aun así, en los últimos dos años ha bajado estrepitosamente la cantidad”, comenta el productor de eventos Pablo Chufeni.

Sin embargo, afirma que sigue habiendo una considerable cantidad de bodas “importantes”, esto es celebrada por gente de alto poder adquisitivo. “El que tiene plata, sigue gastando”, apunta Chufeni. En este diagnóstico coincide el wedding planner Adrián Pavía: “La clientela más exclusiva, que quiere cosas distintas, no se movió. Pero en el sector de la clase media se redujo en un 20% la cantidad de fiestas en el último año”, asegura.

“Ha habido bodas de alto calibre (más de 300 personas), de gente que entiende que el casamiento es el ancho de espadas de la baraja de la agenda social. Es la clase media acomodada rosarina que todavía resiste la crisis. Pero la mayoría de las parejas jóvenes, de entre 20 y 30 años, no tiene chances de hacer algo tan importante. Si tuviera lo haría, porque es parte de la idiosincracia nacional”, indica Chufeni.

Cuestión de costos  

Para Pavía, “la gente sigue celebrando el amor con entusiasmo, pero el mercado se está acomodando y es todo minuto a minuto. Por eso, cuando las parejas se enteran cuánto sale, a veces recorta o retrocede. El rubro se fue profesionalizado y el costo es superior a lo que la gente estaba acostumbrada”, dice.

Como ejemplo, cuenta que en la semana de la gran devaluación, luego del resultado de las Paso, “los clientes que tenían los dólares llamaron para confirmar y que le diera para adelante. Los que ahorran en pesos, fueron suspendiendo cosas y cambiando otras para bajar los costos”.

Por su parte, el titular de CH Eventos cree que todos los cambios tienen que ver con el dinero. “La matriz de achique es transversal a todos los rubros. Evitan la ambientación y la decoración, se eligen más casas o clubes de barrio para bajar el presupuesto”, ilustra.

Pero la primera decisión es si se festeja o no: “Mucha gente se está casando y no hace fiesta. Y en los casamientos de todo el arco trabajador de Rosario de clase media y media-baja, el invitado paga tarjeta, algo que antes era visto con malos ojos y hoy es condición para poder hacerla”, apunta Chufeni.