Opinión. El último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina indica que la situación de vulnerabilidad alimentaria en los niños creció a su pico máximo en 2018, desde el 2010. El estudio habla de “inseguridad” alimentaria total del 35,8%, con niveles de falta de comida severos del orden del 17,4% y déficit de nutrientes alimentarios que en sectores bajos del país llegan hasta el 44%.

Analía De Luca

 

Los chicos que están por fuera de la escolarización inicial-primaria (menores de cinco años y mayores de 13) son los que más sufren el hambre, dado que -al menos- los nenes que van a la escuela reciben al menos un almuerzo y un desayuno o merienda, según el turno. Sin embargo, la calidad de estas raciones tampoco es la adecuada.

Pero el hambre no afecta solo a los niños. En la Santa Fe, por ejemplo, la Asociación Civil Las Flores II alimenta a 190 personas a diario. Comenzaron atendiendo a 35 chicos y hoy asisten a grupos familiares completos, y tienen lista de espera, no solo porque no reciben las partidas suficientes sino porque carece en del personal necesario para cocinar para más comensales. Su titular, Norma Giménez, aseguró a El Litoral (20 de agosto de 2019) que, últimamente, “se han incrementado los abuelitos (atienden a 17 ancianos)” y “tener que decirles que no es terrible”.

Este miércoles, el Senado de la Nación tratará una prórroga -que viene con media sanción de Diputados- hasta el 31 de diciembre de 2022 de la emergencia alimentaria nacional dispuesta por el Decreto 108/2002, que detalla las obligaciones del Estado respecto de la alimentación y la seguridad alimentaria y nutricional y establece un “incremento de emergencia como mínimo del 50% de los créditos presupuestarios vigentes del corriente año correspondientes a políticas públicas nacionales de alimentación y nutrición”; prevé una erogación de más de 10.400 millones y una actualización trimestral de las partidas, según el IPC y otros datos de INDEC.

Esta prórroga, por supuesto, no será una solución al problema de fondo, sino un mero parche. En cuanto a la implementación de los fondos, si el Senado aprobase la ley, poco se sabe, pero se puede inferir que la política continuará siendo la misma: comedores y merenderos, algunos precios cuidados y un plan materno infantil que otorga leche en polvo en los hospitales y centros de salud a embarazadas y puérperas.

Pero en un país con recesión, desempleo (10%), inflación (55%), un economía atada al dólar, parece hasta obsceno establecer “libretas de racionamiento” mientras la exportación de alimentos argentinos creció un 32% interanual en julio de 1019, traducido en 2400 millones de dólares según el valor FOB. Se anuncia con júbilo la apertura del mercado chino a la harina de soja argentina, aunque el treinta por ciento los argentinos no pueden acceder básicamente a la leche de vaca -producción nacional por antonomasia-, que ronda los $70 el litro en sachet.

Mientras, durante los acampes de las organizaciones sociales en la Avenida 9 de Julio, la semana pasada, el candidato a vicepresidente y devenido en vocero del gobierno nacional Miguel Pichetto aseguraba por televisión -en un intento de calmar la tensión social- que “están en un proceso de generar una sensación de que en la Argentina es tremendo el hambre que hay… puede ser que algunos sectores tengan dificultades, pero no hay hambre en la Argentina”.

Incluso en otros países ya se habla del hambre argentino. Recientemente, el multimedios alemán Deutsche Welle ha emitido un documental -“El hambre no espera”- con declaraciones de Javier Peralta, representante de la Fundación CONIN, en el que se concluye que mientras se debate la ley de emergencia alimentaria en el Congreso “los comedores comunitarios no dan abasto”. En tanto, la BBC sostiene que “con lo que se produce en Argentina se podría abastecer diez veces a la población”: “el tercer productor mundial de miel, soja, ajo y limones; el cuarto de pera, maíz y carne; el quinto de manzanas; el séptimo de trigo y aceites; el octavo de maní. Sí, Argentina produce muchos alimentos. Y, sin embargo, entre uno y tres millones de argentinos sufren hambre”, indica la publicación “Por qué hay hambre en Argentina” del medio británico.

La respuesta a la pregunta de BBC, que es la que cada argentino promedio se hace a diario, es simple: en Argentina hay hambre porque no hay distribución de la riqueza. Y zanjar la grieta alimentaria será la primera y principal tarea de la próxima gestión nacional.