Rosario: cuatro adolescentes debieron ser asistidos en el hospital. La gresca la habría desatado un grupo de adultos, bajo los efectos del alcohol.

 

El partido entre Sarmiento y San Martín, perteneciente a la 5ª división del torneo de juveniles de la Asociación Rosarina de Fútbol, terminó en escándalo. El pleito que se disputó el sábado pasado en el predio de Semillero, en Callao y Circunvalación, finalizó en golpes, agresiones, denuncias cruzadas desde los dos clubes, y cuatro chicos de 16 años que debieron atenderse en centros de salud por las heridas sufridas.

Sarmiento actuó de local en Semillero y, a falta de 5 minutos para terminar el cotejo en el que se imponía 2-0, por la 23ª fecha de la zona A3 de esa categoría, padres y jugadores quedaron involucrados en un acto de violencia. Por ese escándalo, llamaron al servicio telefónico 911 para pedir ayuda a la policía, que acudió de inmediato y pudo controlar la trifulca, unos minutos más tarde.

Frente a este hecho, surgieron contrapuntos desde las dos entidades involucradas. Así, otra vez la violencia se adueñó de un encuentro de fútbol entre clubes de barrio, que debía transitar por otros carriles, más cercanos a la caballerosidad y el respeto por el rival.

Y esa consigna tendría que haber sido compartida por padres, entrenadores, delegados y árbitros. El sábado pasado se percibió una dolorosa postal con chicos y padres agredidos, que dejó un inquietante mensaje que no comulga con la esencia de este deporte.

Acusan a padres

Desde el club General San Martín apuntaron directamente al comportamiento de algunos padres de chicos de Sarmiento como los principales responsables de este episodio. “Mientras se marchaba un jugador nuestro, Mauricio Spadoni, que iba a buscar su moto para retirarse a su casa luego de haber sido relevado dentro del partido, un grupo de padres de Sarmiento se fue directamente hacia él y provocó esta escena lamentable. Los que empañaron todo fueron esos padres”, contó Claudio Verón, presidente de San Martín, quien destacó que fue el único dirigente que estuvo presente en ese momento.

“Estaban jugando chicos de 5ª división, que tienen entre 16 y 17 años. Afuera estaban cuatro o cinco padres de Sarmiento que molestaron todo el partido y parecía que estaban bajo los efectos del alcohol. Cuando este chico se retiraba, un padre le aplicó un golpe de puño al jugador Spadoni, sin medir las consecuencias de lo que estaba haciendo”, agregó Verón.

El presidente de San Martín exhibió su malestar por lo ocurrido. “Hay padres que no entienden que son los jugadores los protagonistas en este deporte. Y por cómo se movían y gritaban, todo indicaba que estaban alcoholizados. En realidad el pibe se estaba yendo a su casa y lo agredieron. Por eso se armó una batahola, donde yo intenté proteger a los pibes míos. Pero hubo golpes para todos lados”, recordó.

“Recién se calmó cuando intervení yo, cuando me reconocieron como presidente de San Martín”, confió Verón, y remarcó que “esta vez el problema no surgió de los jugadores, vino de estos padres que estaban mirando el partido de manera desaforada. Me parece que en esto no tiene que ver la liga, pasa por la conducta de algunos que no entienden cómo deben comportarse alrededor de un campo de juego”.

Según lo relatado por las autoridades de San Martín, Spadoni, con un golpe en el labio, y otros tres compañeros de esa misma división tuvieron que ser atendidos en el Hospital Carrasco, donde les realizaron las atenciones primarias.

Verón expuso su visión sobre esta problemática, que se repite en muchas canchas rosarinas.

“Hay que tratar de que esto no pase más. Para eso, los padres que agreden no deberían estar más en las canchas. No tendrían que estar ahí. Se debería parar el partido y hacerlos salir. Esos padres violentos no deben estar cerca de los chicos”, exclamó el dirigente del club San Martín.

La otra campana

Por su parte, la presidenta de la Asociación Civil Sarmiento Fútbol Club, Elida Vera, explicó que no estuvo presente el sábado anterior en Semillero, pero igual se mostró comprometida con tratar el tema de la violencia dentro de la institución. Aclaró que no es una entidad que habitualmente se relaciona con este tipo de problemática, y manifestó su pesar por los incidentes.

“Yo no estuve presente en ese momento. La verdad es que no puedo dar precisiones sobre lo sucedido, pero nos pone muy mal que pasen cosas como estas, que se van de las manos”, expresó y aclaró que “nosotros no solemos tener ese tipo de inconvenientes, por eso vamos a seguir el tema y lo vamos a trabajar internamente”.

Poniendo la lupa sobre los hechos de agresión ocurridos, Vera indicó que “es una situación que atraviesa a toda la sociedad. No es algo de un club o de un deporte. La violencia nos atraviesa a todos y es muy difícil manejarla. Hay gente que va a ver un partido de fútbol y descarga todas las tensiones ahí. Es una especie de reacción, de un reflejo, de lo que está viviendo toda la sociedad. Esto no es algo que nos pase a menudo. Los que están en la Rosarina saben que no solemos tener estos inconvenientes. A veces pasan cosas que se van de las manos y no se pueden manejar. Vamos a hablar con los chicos y los padres que estuvieron involucrados en los hechos. Porque nosotros, como club, todos los días les estamos inculcando otras cosas, otros mensajes”, aseguró la presidenta de Sarmiento.

Y profundizó: “Me parece que hay que trabajar especialmente con los padres, que muchas veces representan un problema y se tornan inmanejables. Debemos hacer hincapié en tareas de educación, para que entiendan que no puede pasar más, que nosotros estamos para combatir la violencia general, no para estimularla. Nuestra tarea es salvar a los chicos de la calle y que se acerquen al fútbol. Vamos a seguir trabajando en eso”.

En tanto, vecinos del barrio Las Tunas, donde se encuentra el predio de Semillero (Callao y Circunvalación), donde se disputó el partido entre Sarmiento y San Martín, denunciaron que este tipo de altercados son moneda corriente todos los fines de semana tras los partidos de fútbol.

Además, remarcaron que faltan los servicios básicos de agua y luz, y que sufren robos habitualmente.