En la Argentina, 1 de cada 4 de mujeres que tuvo su primer hijo en la adolescencia tendrá el segundo antes de los 19 años.


En el marco de la Semana de la Prevención del Embarazo no Planificado en la Adolescencia, se lanzó la campaña #PuedoDecidir impulsado por la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM) junto con organizaciones no gubernamentales y el apoyo de UNICEF.

Un estudio de Unicef para nuestro país reveló que 1 de cada 4 de las mujeres que tuvo su primer hijo en la adolescencia tendrá el segundo antes de los 19 años. Según el Sistema Informático Perinatal (SIP), que releva el 80% de las maternidades públicas del país, el 29% de las adolescentes fue madre por segunda o tercera vez antes de los 20 años.

El informe precisó que el 70% de esos embarazos, es decir, 7 de cada 10 embarazos en adolescentes no son intencionales; ocurrieron por accidente o por imposición, lo que agrava la situación de las madres.

Entre las adolescentes de 15 a 19 años, alrededor del 60% de las embarazadas dijo no haber tenido intención de embarazarse. Esa cantidad sube a 8 de cada 10 embarazos en niñas de menos de 15 años. La mayoría de estos embarazos es consecuencia de situaciones de abuso sexual y violación. La presencia del embarazo en la adolescencia y de la no intencionalidad es marcadamente superior en las provincias del norte del país. Las provincias del Noroeste argentino, noreste, así como la provincia de Buenos Aires 7 de cada 10 embarazos de adolescentes son no intencionales.

En La Rioja, la proporción es de casi 8 a 2, seguida por Santiago del Estero (78 a 22), Salta y Jujuy (77 a 23), Formosa (75 a 25) y Catamarca (73 a 27).

Todo embarazo adolescente no intencional, o sea que no ocurrió por decisión de una o ambos integrantes de la relación, es una clara manifestación de la vulneración de los derechos reproductivos de les adolescentes. De allí que se torna imperativo realizar acciones que contribuyan a disminuir este problema, con la esperanza de disminuirlo en un futuro, según señaló el estudio.

Cambios educativos

Se precisó que la dimensión de la exploración y el placer son clave a la hora de hablar sobre la sexualidad de les adolescentes. La sexualidad no incluye solamente la genitalidad y lo biológico, sino que forma parte de la identidad de una persona, de cómo se siente, cómo se ve, cómo se muestra, cómo se comporta, y está moldeada no sólo por el deseo individual, sino también por un contexto social que le da forma.

Si se admite que la información que reciben les adolescentes en las instituciones tiene mayormente un enfoque biologicista, relacionada con la manera en que se produce un embarazo, sobre los métodos para evitar embarazos no intenacionales y/o infecciones de transmisión sexual, es necesario también hablar sobre sexualidad desde una perspectiva psicosocial, que incluya el placer, la exploración, el goce, el disfrute, incluso el ejercicio de los derechos. Es importante tener en cuenta la actividad sexual está vinculada a la genitalidad, pero también implica la orientación sexual, las elecciones de con quién o quiénes relacionarse, se vincula con el deseo, la experimentación y el placer.