En la última semana, una foto de Luciano Castro desnudo se viralizó y abrió un amplio abanico de análisis con perspectiva sociológica de entre casa. Hasta el propio Martín Caparrós (se) preguntó en Twitter “¿Esto somos?”, al tiempo que publicaba una imagen con las tres notas más leídas del día en diario Clarín: “Sabrina Rojas confirmó la veracidad de las fotos de Luciano”, “Las fotos de Luciano Castro desnudo desataron una lluvia de…”, “La polémica reacción de Pampita a las fotos de Luciano”.

Por Analía De Luca

Confunde la intención de Caparrós, la respuesta que buscaba podría ser de corte periodístico -¿esto somos, esto ofrecemos como medio de comunicación?-, sociológico – ¿esto somos como sociedad, esto viralizamos?-, filosófico -¿somos un cuerpo, un envase de consumo- o vaya a saber uno a qué apuntaba la pregunta.

 

Lo cierto es que para cada especulación hay al menos una respuesta obvia: si la pregunta era periodística: sí, esto son los medios, son empresas que necesitan vender información a como de lugar para que los auspiciantes mejoren sus ingresos; en el caso de que el cuestionamiento fuera de tipo sociológico: sí, también, eso somos, una sociedad que quiere ver gente desnuda, ya sea para reírnos de sus miserias o amargarnos por sus dotes, pasa todo el tiempo, y si la crítica apuntaba a los lectores sonaría como aquel “mirá cómo me ponés” o el “por el voto al kirchnerismo, todo esto se revirtió”… digamos, suena como si el lector necesitara tutela a la hora de elegir los contenidos a los que accede; finalmente, si la duda era filosófica, las respuestas serían tan numerosas como destinatarios la tomaran: “somos chongos” podría decir un hombre al sentirse usado, “somos espectadores” podría decir alguien que solo quería mirar la foto para poder comentarla en el trabajo, “no somos nada”, podría decir alguno que se sintiera opacado en la comparación, “seamos lo que quieras”, podría decir alguien que quisiera acceder a un momento privado con Castro.

Mientras, en un contexto de lucha por la reinvindicación del género femenino, la viralización de la foto de Castro fue además un tamiz de hipocresías. Muchas mujeres que se desagarrarían las vestiduras si fueran objeto de consumo sexual se engancharon con la difusión de la imagen con comentarios “bueno, al fin uno para nosotras”, “después de mil años de patriarcado”, y cosas por el estilo. Sin embargo, conviene mencionar que salvo casos de trata de personas o de abuso infantil, nadie es obligado a tomarse imágenes desnudo. Tanto hombres como mujeres lo hacen -aunque en un contexto de intimidad- sin tomar los recaudos pertinentes de seguridad informática. Luego son “hackeados” por gente inescrupulosa a la que le sobra mucho tiempo o tal vez sean ellos mismos los que filtran un poco para tener algo de cartel en los programas chimenteros de la semana. Incluso se llegó a decir que el propio matrimonio Castro Rojas difundió la foto para promocionar la obra de teatro “Desnudos” en la que actúan juntos.

Lo cierto es que mientras muchos se cuestionan procesos tan profundos, la mayoría solo se dejó llevar por la marea viral en un fenómeno que no tenía más precedente que “la cheta de Nordelta”. Desde entonces la grieta argentina no había estado tan achicada y los datos de la pobreza, la campaña electoral, los índices de delito y violencia no quedaban tan tapados bajo una nota “de color” en la prensa tradicional. Y es que el lector no necesita tutela. El escritor y el periodista tradicional tendrán que aceptar que Internet es libertad o deberán morir en el intento de seguir haciendo “periodismo contra el público”, para educarlo y llevarlo a niveles de comprensión nirvánicos.

La respuesta más acabada al “¿esto somos?” tal vez sea la de la charla de café, la de entre casa: sí, esto somos, una sociedad que quiere ver la realidad desnuda, una comunidad que está harta del número estadístico manipulado, de los interminables análisis periodísticos tendenciosos y malintencionados, unos consumidores empachados de dichos que no dicen y fotos que no muestran. Tal vez si la prensa publicara los datos en forma de gráficos y más fotos como las de Luciano Castro desnudo pero de políticos recibiendo coimas, de policías torturando gente, de gente de a pie haciendo buenas acciones, de procesiones, de fiestas, de velorios, de partidos de fútbol -sin tanto análisis inconducente en modo condicional- podríamos preguntarnos “¿Esto somos?” y que cada uno se responda lo que prefiera.