“Ni el Papa puede abolir el celibato de los curas”, lo afirmó el cardenal alemán Gerhard Mueller, líder de la revuelta contra las reformas del Pontífice. El Sínodo de obispos sobre la Amazonia reaviva la tensión.

El cardenal Gerhard Mueller, de 71 años, ex guardian de la Doctrina de la Fe, apartado hace cuatro años de su papel de “ministro” por el Papa Francisco, hizo escalar este jueves el conflicto abierto por las propuestas en el Sinodo de Obispos de la Amazonia de ordenar sacerdotes a ancianos de probada fe con familia, los “Viri Probati”, para contrarrestar la aguda falta de curas en la panamazonia de 7,5 millones de kilómetros cuadrados. Entrevistado por el diario La Repubblica, dijo que “ni el Papa ni la mayoría de los obispos pueden cambiar ‘a piacere’ dogmas de la fe o leyes del derecho divino”.

Agregó que “la tradición de la Iglesia no es un juego que se puede moderar como se quiere”.

La declaración del alemán Mueller -líder de la resistencia conservadora a Francisco- complica más al movimiento que impulsa la creación de los Viri Probati en zonas enormes despobladas de la Amazonia, donde los fieles según los mismos obispos de la región, en algunos casos celebran la misa solo una vez por año debido a la falta de sacerdotes. Se citan casos de diócesis de 700 mil kilómetros cuadrados con 20 o 40 curas para dar la asistencia espiritual.

El relator del Sínodo, el cardenal brasileño Claudio Hummes, postuló en su intervención el primer día de las sesiones no solo la necesidad de poner en práctica la novedad de los Viri Probati, que en realidad existió en los primeros siglos del cristianismo, sino también buscar “nuevos ministerios” para las mujeres.

Se refería a las monjas que también asisten a los pobladores con bautismos cuando no hay curas, escuchando sus confesiones sin darles la absolución, pero absteniéndose de dar misa. Varias monjas reclamaron que se les asignen deberes ampliados para poder ir al encuentro de los fieles que necesitan una asistencia espiritual más frecuente.

Los tradicionalistas y los ultraconservadores, empeñados en una guerra contra el Papa Francisco, decidieron entablar batalla en los temas más controvertidos del Sínodo. Consideran “herejías” las propuestas de los Viri Probati y de los nuevos ministerios a las mujeres, que según ellos contrabandea el sacerdocio de las féminas.

A este propósito, el cardenal Mueller dijo al diario La Repubblica que “de la ordenación sacerdotal de las mujeres no se puede hablar porque es dogmáticamente imposible arribar a tanto”.

Los que proponen la experiencia del sacerdocio de los hombres ancianos casados, sostienen que no pretenden alterar la institución del celibato. Los Viri Probati son una excepción, como lo son el matrimonio de los curas de las iglesias católicas de rito oriental, o la autorización que tienen centenares de curas y hasta obispos de la Iglesia anglicana que se pasaron al catolicismo con esposa e hijos y que fueron aceptados.

El cardenal Mueller dice que la institución de los Viri Probati “es un error”. Que “ya están los diáconos casados”. “Si introducimos esta institución en Amazonia, deben respetar las costumbres de la Iglesia antigua y vivir en castidad”.

Mueller recuerda que en la Iglesia cristiana ortodoxa los curas casados deben entrar en castidad en los días que preceden a la celebración de la misa.

El cardenal recordó que en el Concioio Trullano del 692, por presión del emperador fue disuelta la ley del celibato, pero “la única Iglesia que adhirió fue la ortodoxa: la latina, en cambio, no. Por ello los que quieren introducir la práctica de los curas casados en la Iglesia no conocen su propia historia”.

La objeción de que el celibato no es un dogma de fe sino una ley eclesiástica no convence al cardenal alemán conservador. “No es una ley cualquiera que puede ser cambiada así nomás. Los apóstoles dejaron todo para ir detrás de Jesús. Y Cristo es el modelo para los ministros, que son los curas. Esto no puede ser cambiado por impulsos seculares”, dictaminó.

Cuando Paolo Rodari, su interlocutor de La Repubblica, le pregunta si es cierto que parte del mundo conservador está dispuesto a un cisma si se cambian cuestiones fundamentales de la doctrina, el cardenal Mueller da la sorpresa: se diferencia netamente de la conspiración ultra derechista en marcha contra Francisco.

“Un cisma es contra la voluntad de Jesús y significa la traición de las sanas palabras de Cristo y de la doctrina de los apóstoles. El magisterio actuará en el marco de la tradición apostólica de la Iglesia.

Ningún Papa o mayíora de obispos pueden cambiar los dogms de la fe o leyes de derecho divino según su voluntad.

El cardenal Mueller niega ser un enemigo del Papa, al que critica porque no reflexiona “acerca de sus aduladores”. “Adversarios del Papa son aquellos que niegan que el papado sea una institución divina, que quieren cambiar la verdad revelada. El que dice estas cosas (como el cisma) hace un grve daño a la credibilidad de la Iglesia Católica”, concluyó.