No está previsto el cruce de opiniones más allá de alguna pregunta de un postulante a otro. La pauta es hablar a cámara; la incógnita es si. 

 

Los candidatos Mauricio Macri, Alberto Fernández, Roberto Lavagna, Nicolás del Caño, José Luis Espert y José Gómez Centurión protagonizan este domingo por la noche el primer debate presidencial obligatorio por ley en la historia de las elecciones argentinas. El escenario es el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral y el inicio de las exposiciones está pactado para las 21
La pálida imagen que dejó el “monólogo colectivo” de los postulantes a la jefatura del gobierno porteño abrió la pregunta sobre la relevancia real de un debate de candidatos a presidente, que no ocupará las grillas de todos los canales abiertos del país. Menos de los “porteños”, la tele de la ciudad argentina donde Dios atiende y en la que el rating medirá si Susana tiene más puntos que todos los presidenciables juntos.
El debate será transmitido en directo por todos los medios pertenecientes a R.T.A. y cuyas señales serán puestas a disposición de todos los sistemas públicos y privados del país que deseen transmitirlo de manera simultánea y gratuita. Muchos de los más importantes optaron por “continuar con su programación habitual”.
En este contexto se cumplirá por primera vez la ley sancionada en noviembre de 2016, que estableció la obligatoriedad de “los debates preelectorales públicos entre candidatos a presidente de la Nación” que hayan superado las Paso, con la finalidad de “dar a conocer y debatir ante el electorado las plataformas electorales”.
¿Pero habrá debate? ¿y se cumplirá el propósito de dar a conocer al electorado las propuestas de los candidatos? La experiencia procurará ser un paso adelante en un país donde las discusiones del Twitter son más picantes que propositivas. Las reglas impuestas por el Tribunal Electoral están pautadas menos para el intercambio razonado de
argumentos entre quienes se proponen para ejercer el poder, que por el temor a quedar expuestos a algún error “en vivo ante las cámaras”, que pueda replicarse al innito -y más allá- por las redes sociales .
Los postulantes no solo deberán “competir” entre sí. Lo harán contra el temor a sí mismos, al propio fallido, y contra las “pantallas calientes” de televisión abierta o de cable, o contenidos de streaming de quienes por despreocupación o saturación elegirán alternativas. Pero además los candidatos debatirán a contratiempo contra los analistas que
mañana a primerísima hora apurarán sus respuestas a la pregunta de ocasión: ¿Quién ganó?
Habrá reflexiones especializadas que medirán resultados con menor o mayor diplomacia, con más o menos interés condicionado, como si se tratara de un partido por goles o una pelea por puntos que se juega en la conciencia de la audiencia que devendrá en electorado. Y entonces se impondrá una nueva pregunta: ¿pesan más las especulaciones
de los analistas que los dichos de los propios candidatos?
En ese marco, Macri (Juntos por el Cambio), Fernández (Frente de Todos), Del Caño (FIT), Gómez Centurión (Frente NOS), Espert (Unite por la Libertad y la Dignidad) y Lavagna (Consenso Federal) expondrán esta noche sus propuestas sobre cuatro ejes temáticos: relaciones internacionales; economía y finanzas, derechos humanos, diversidad y género; educación y salud. El segundo debate tendrá lugar el domingo 20 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA); habrá que esperar hasta entonces para escuchar hablar sobre temas como la inseguridad.
El debate está organizado por la Cámara Nacional Electoral (CNE), con aportes de Argentina Debate y otras organizaciones. Según contempla la ley, el candidato que no cumpla con su obligación de asistir al debate será sancionado “con el no otorgamiento de espacios de publicidad audiovisual”.

Los cronometristas
Mucho se habló sobre la elección de los moderadores que fueron seleccionados entre capital e interior, entre mujeres y hombres, con pretensiones de criterios equilibrados de federalismo y género. Pero poco se habló del rol que tendrán en el escenario televisado. Marcarán los turnos, ordenarán el n de los tiempos que a cada postulante correspondan y no preguntarán -menos aún repreguntarán- ante un espacio que estará milimétricamente pautado en tiempos y en formas. A menos que alguien se salga del libreto.