El recuento provisional oficial con 83,76% del escrutinio apunta a una victoria insuficiente de Evo Morales y a una segunda vuelta con el expresidente Carlos Mesa, algo inédito en el país.

Sin embargo, el recuento fue suspendido cuando se había llegado al 83,76%, provocando denuncias de parte de la campaña de Carlos Mesa y solicitudes de aclaración de la misión electoral de la Organización de Estados Americanos, OEA.

Morales, quien lleva cerca de 14 años en el poder, obtenía un 45,28% de los votos frente al 38,16% de Mesa, un periodista e historiador de 66 años que ya gobernó entre 2003 y 2005.

De confirmarse estos resultados -hay que destacar que falta computar mucho voto rural que es muy favorable a Morales- tendríamos que Mesa consigue forzar el balotaje con una campaña centrada en el “voto útil” y en la necesidad de evitar que Morales se perpetúe en el poder.

De acuerdo con estas primeras cifras divulgadas en torno a las 8 de la noche hora local, en tercer lugar se ubica el pastor presbiteriano Chi Hyun Chung, de origen coreano, con 8,77% por encima de Óscar Ortiz, a quien durante la campaña las encuestas proyectaban en tercer lugar pero que solo obtiene 4,41%, según estos primeros resultados.

La divulgación de resultados, sin embargo, se vio suspendida luego de conocerse las primeras cifras, por lo que pasadas las 10 de la noche (hora local), la misión electoral de la OEA divulgó un mensaje diciendo que era “fundamental” que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) explicara por qué se produjo esta interrupción.

De igual modo, Carlos Mesa denunció la paralización del recuento.

“El TSE una vez más incumple sus compromisos. Se ha suspendido la información del TREP. Exigimos que el recuento se reanude!!! Lo que está sucediendo es muy grave”, escribió.

Posteriormente, pasada la medianoche, Mesa dijo en Twitter que el TSE había “cancelado” el conteo rápido de votos y denunció un “intento de escamoteo de la segunda vuelta”.

Unas cuatro horas antes, en su primera comparecencia pública tras ser difundido el recuento provisional, Mesa dio como un hecho que habría balotaje.

“Hemos logrado un triunfo incuestionable”, dijo. “Estamos en segunda vuelta”, agregó.

Mesa dijo que lo que habían conseguido este domingo tendría que consolidarse en el balotaje e hizo un llamamiento a la unidad, solicitando el apoyo de quienes habían escogido otras opciones en estas elecciones.

“Ahora hay dos opciones”, afirmó. “Esta no es una elección cualquiera. Es una elección en la que se juega el destino de Bolivia, la democracia de Bolivia”, añadió.

En un breve discurso desde el palacio presidencial en La Paz, Morales recalcó que a esa hora los resultados todavía no eran definitivos.

“Vamos a esperar hasta el último escrutinio”, afirmó.

Recordó cómo en otras elecciones, la oposición no ha ido más allá del 30% e invitó a sus seguidores a tener confianza.

“Estoy seguro de que con el voto de las áreas rurales vamos a seguir nuestro proceso de cambio”, aseguró.

Oscar Ortiz, el candidato ubicado en cuarto lugar según el recuento provisional, también reaccionó a su divulgación diciendo que respetaba la escogencia de los electores de llevar a Mesa a segunda vuelta,

“Nosotros apoyamos esa decisión sin ninguna condición”, afirmó.

La campaña más ajustada

En la campaña para el balotaje, previsto para el 15 de diciembre, Mesa trataría de aglutinar el voto anti-Morales.

Tanto Chi como Ortiz ya anunciaron su apoyo a Mesa.

Por su parte, el presidente apostaría a que las enormes diferencias que separan a los diferentes candidatos opositores hagan imposible una alianza en su contra.

Morales pareciera haber acusado en las urnas la controversia por su habilitación como candidato a pesar de los límites a la reelección que establece la Constitución. Sus críticos lo acusan de querer perpetuarse en el poder y comienzan a hablar de “dictadura”.

Y es que Morales es el presidente latinoamericano actual con un mandato continuado más largo por delante de Daniel Ortega, de Nicaragua, quien lleva 20 años pero interrumpidos.

Este asunto marcó la recta final de la campaña, que se vio empañada por los disturbios registrados en actos del presidente en Santa Cruz y Potosí.

Los manifestantes protestaban por su candidatura después del referéndum de 2016 en que ganó el “no” a reformar la Constitución para permitirle aspirar a una nueva reelección y las decisiones judiciales que finalmente habilitaron su postulación.

Con su lema “Ya es demasiado”, Mesa movilizó a los que han sido históricamente críticos con la gestión del presidente y también a aquellos que sin serlo veían con malos ojos su perpetuación en el poder.

La estudiante de medicina Luz Pocuata, le explicó a BBC Mundo en la escuela de El Alto en la que votó que sus conocidos que le han dicho que iban a votar a Mesa “muchos están hartos de que el presidente estuviera todo el poder tanto tiempo”.

“No se quejan por las cosas que ha hecho. Nadie dice que no ha hecho nada”, dijo Luz, quien prefirió no revelar por quién votó.

Además, a diferencia de ocasiones anteriores, en las que parecía mucho más clara la ventaja de Morales, ya las encuestas auguraban una segunda vuelta.

En el ambiente estaba también la gestión de los incendios en la Chiquitanía, una zona de bosque seco al pie de la Amazonía en la que se quemaron unas tres millones de hectáreas.

En Bolivia, muchos han criticado al gobierno por una supuesta tardanza ante el avance del fuego e incluso por su apoyo a la práctica del chaqueo, la quema de rastrojos que muchos ven como origen de los fuegos pero que también son necesarias para los agricultores más humildes.

También se cuestionó la posición gubernamental de no declarar estado de desastre nacional para que se puedan disponer de más recursos económicos para combatir las llamas.

Quién es Carlos Mesa

Como candidato, Mesa fue una de las voces críticas con cómo el gobierno de Morales manejó el tema de los fuegos.

A ese periodo él mismo lo llama “presidencia sitiada”, y así tituló el libro de memorias que publicó sobre su experiencia como primer mandatario.

Periodista e historiador de 66 años, llegó al poder después de romper con el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, del que era vicepresidente, por la fuerte represión a las manifestaciones de sindicatos y organizaciones sociales.

Las protestas acabaron derrocando al gobierno y Mesa asumió un mandato que estuvo bajo la amenaza permanente de protestas sociales y con Evo Morales como fiero opositor.

Mesa no consiguió lograr apoyos significativos en el Congreso, dividido entre los partidos que fueron parte de la coalición de Sánchez de Lozada y la bancada dirigida por Evo.

En su breve mandato, organizó un referendo para definir las políticas nacionales sobre hidrocarburos, pero aquello estuvo lejos de zanjar la principal demanda de ese entonces en Bolivia: nacionalizar las reservas de gas.

Tampoco pudo apaciguar el país cuando anunció la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

La controversia sobre qué hacer con los campos de gas se mantuvo hasta el último día de su mandato, cuando el Congreso aprobó su renuncia en una sesión de emergencia fuera de La Paz y cercada por organizaciones sindicales.

El presidente más longevo

A Mesa lo sucedió precisamente Morales, quien es ya el presidente latinoamericano con más años seguidos en el cargo.

Nacido en el seno de una familia de campesinos, fue su activismo como líder sindicalista cocalero lo que lo llevó a la política y más tarde a la presidencia.

Autoproclamado “socialista”, su principal baza electoral volvió a ser su gestión de la economía. Desde que está en el gobierno, Bolivia ha crecido una media de 4,8% al año.

Y según el Fondo Monetario Internacional es el país de América Latina que más crecerá este año con un 3,9%.

Además, su gestión ha conseguido reducir la pobreza extrema del 38% al 15%.

Pero con una economía excesivamente dependiente de la exportación del gas, la caída de los precios internacionales en 2014 disparó el déficit público, el gobierno gasta un 8% más de lo que ingresa.

También se ha resentido la balanza comercial, ya que Bolivia también importa más de lo que exporta.

Y estos nubarrones en la economía serán el principal reto del próximo presidente.