El debate presidencial reclama la conformación de una agenda política extra-ordinaria con objetivos de corto, mediano y largo plazo, dada la profundidad de la crisis política, económica, social y, sobre todo, cultural de la Argentina.

Por Pablo Benito 

Como en la vida personal, “la diaria” nos lleva puesto y en el frenesí de tapar agujeros y goteras, un día nos damos cuenta que estamos a la intemperie. La agenda política institucional agota el protocolo, el “deber ser”, claramente, no será y como vimos en el debate presidencial, las formalidades se cumplen –sólo de forma- y los contenidos, los problemas profundos del país, quedan más lejos de ser abordados.

Sin una Política de Estado –así con mayúscula, como nombre propio- en innovación tecnológica, sin ciencia aplicada a la producción, sin plan educativo inserto en un modelo de desarrollo y sin atender las emergencias con perspectiva de mediano plazo –en medio ambiente, plan nutricional (no alimentario), sin proyecto de inclusión cultural, social y político participativo, además del parche cíclico de reactivación del consumo mediante “plata en el bolsillo”- estaremos jibarizando nuestro cerebro y concentrado, “centrado con” el sube y baja de las cotización de divisas en la puerta de las casas de cambio.

Emergencia nutricional

La agenda ordinaria, la del slogan y la hipocresía nos lleva a reclamar por la “emergencia alimentaria”. En el trazo grueso de la política puede cubrir culpas, pero en lo fino la ciencia debe intervenir cuando legisladores levantan la mano. La emergencia no puede ser por llenar la panza sino por nutrir el cuerpo. El cuerpo del niño, del adolescente y la cultura de la educación física incorporada al autoconocimiento del cuerpo.

Una señal en el arte santafesino nos puede indicar la diferencia. Juan Arancio, en sus gráficas costeras, nos muestra niños de estómagos inflamados por el pan y el matecosido, no como hábito, sino como carencia de nutrientes.

Panza llena no es “corazón contento”. Alimentación no es nutrición y un plan nutricional serio sin demagogia ni absolución de culpas, debe modificar el paradigma. Quizás hoy la Argentina tiene alimentos para saciar el estómago de la población propia, pero no necesariamente para nutrirla.

En la agenda extra ordinaria, la alimentación y la nutrición es el “día uno” de la planificación en el uso del tiempo. En el medio de los conceptos alimentación – nutrición debe intervenir la ciencia y no el mercado para que sea verdadero.

No hay plan educativo, cultural, de salud, social o económico sin una definición (política – Ideológica) de que la alimentación y la nutrición son aspectos distintos y que el Estado debe intervenir, activamente, en la calidad de la alimentación de su población –sobre todo en la niñez- con una perspectiva nutricional y no solo de “saciar”, temporalmente, el deseo de comer.

 

Cultura y educación

En la agenda ordinaria la “inclusión cultural”, en su versión de circo y pan, puede ser vista como recitales y megaeventos gratuitos que generan una elite que produce y una masa que consume. La Cultura, no es arte –al menos no solo– el arte no es consumo- al menos no sólo.

La cultura se encuentra en estado de emergencia. La revolución tecnológica de las comunicaciones ha parido un panorama que la comunidad educativa institucional corre de atrás sin poder comprenderla siquiera.

Los dispositivos individuales de consumo de cultura: “los celulares”, han fragmentado la sociedad vertiginosamente en pocos años y las generaciones, nacidas con chip incorporados, están pariendo una realidad que, lejos de querer detenerla, la dirigencia debe comprenderla para incorporarla y utilizarla como motor.

La agenda extraordinaria que debe llegar ni bien culmino la competencia electoral, debe incluir el acelerado cambio tecnológico y las disrupciones digitales. Esta revolución, desempeñarán un papel muy importante en el logro de los objetivos de Desarrollo Sostenible.

Prevenir o enfermar

Los avances en genética, robótica, energías renovables, inteligencia artificial, entre otras tecnologías, ofrecen grandes promesas para erradicar la pobreza y promover el desarrollo sostenible. Como así también, de no ser tomada como política de Estado, de subrayar las inequidades sociales hacia una innecesaria elitización del acceso al conocimiento y la técnca.

Es una oportunidad, pero solo si nuestras sociedades, si nuestros sistemas educativos y la forma en que generamos un nuevo pacto social entre los gobiernos, el sector privado, la academia y la juventud, cambian el paradigma a través del cual abordamos los problemas tecnológicos.

Urge avanzar rápidamente en materia educativa, definir qué tipo de tipo de educación necesitamos. Poner en crisis el sistema educativo, cuestionándolo, es solo adaptarse a lo que –irremediablemente- ocurrirá y está ocurriendo. Nuestro sistema educativo no está preparado para los desafíos futuros.

 

El ecosistema digital

La agenda Extra Ordinaria debe incluir la conformación de nuevos ecosistemas digitales que permitan renovar modelos educativos y reducir brechas de acceso, aplicación e igualdad de género en el uso de las nuevas tecnologías y el futuro del trabajo.

Educación, hoy, debe acompañar a los jóvenes a entender las nuevas tecnologías, porque muchos de los trabajos que existen hoy no existirán en el futuro. Estamos preparando personas para trabajos que no existirán. El 65% de los niños que ingresan a las escuelas primarias tendrán empleos que no existen hoy en día.

Esta agenda, por supuesto, no es la que instala un debate político presidencial que tiene, como meta, lo que ocurra en las urnas en tres semanas.

Ecosistema natural

Nuestro país podría seguir discutiendo, eternamente, sobre la grietas y fisuras e ignorar de que hablamos cuando decimos “integrarnos al mundo”. Así como “no existen lo hechos sino la interpretación de estos”, podemos asegurar que no existe el mundo (Eco) sino la interpretación de este. El mercado, la economía (que es la gestión de los recursos del Eco), puede actuar sobre el presente y futuro, en base a su deseo inmediato, o bien planificar un desarrollo sostenible que no sólo actúa hacia futuro. Construye el modo de vida presente.

“Integrarse al mundo”, en la agenda ordinaria es un slogan de campaña que ojalá culmine con las elecciones, porque “ser parte del mundo”, no es acceder a televisores enormes a bajo precio, sino coincidir con corrientes de pensamiento científico – técnicos y filosóficos que se plantean, la gestión de la utilización de los recursos naturales, de manera sostenible y primando el interés colectivo sobre el individual y corporativo.

El fracaso del modelo económico en la Argentina de la última década –no de los últimos 4 años- no tiene que ver con un signo político sino con la irresponsabilidad social de “escupir para arriba” con la estupidez a cuesta de desafiar la ley de la gravedad. La agenda ordinaria, es la saliva en el ojo que nos impide ver, con claridad, una agenda extra –ordinaria que debe tomarse el trabajo de organizar el tiempo en el corto, mediano y largo plazo.

El debate terminó.