La víctima se resistió al robo y le dispararon. Tenía 56 años y era dueño de dos empresas de productos de limpieza.

El empresario Aníbal Miraglia salió de su casa pasadas las 5 de la mañana y como todos los días se subió al auto de su sobrino para ir a trabajar. Sin embargo, solo pudieron hacer unos metros antes de que un grupo de por lo menos cinco ladrones armados los interceptaran y se desatara la tragedia.

Los delincuentes conocían la rutina de la víctima y lo estaban esperando en el cruce de las calles José Evaristo Uriburu y Salta, a dos cuadras del cementerio de la localidad bonaerense de Ezpeleta. Iban repartidos en una Peugeot Partner gris y un Volkswagen Gol blanco, y en cuanto vieron venir a Miraglia se abalanzaron sobre ellos.

En el interior del auto en el que viajaban el empresario y su sobrino el aire se llenó de miedo y tensión. Miraglia recibió un culatazo y aún así forcejeó con el agresor para intentar escapar. La reacción del sujeto fue letal: lo ejecutó de un tiro en la cabeza.

Los delincuentes tiraron del auto a Miraglia, gravemente herido, a la altura de en Derqui y Salta y siguieron adelante con su sobrino de rehén hasta que lo liberaron finalmente sano y salvo en el partido bonaerense de Quilmes.

Miraglia llegó al hospital Iriarte con muerte cerebral y pérdida de masa encefálica. Apenas pudo sobrevivir unas horas y murió este jueves cerca del mediodía. Su camioneta apareció abandonada poco después en las calles Honduras y Florida y fue peritada por la Policía Científica en busca de algún rastro de los ladrones.

De acuerdo a las primeras versiones, se cree que el objetivo de la banda era llevar secuestrado al empresario hasta alguna de las fábricas de productos de limpieza de las que era dueño para asaltarlo pero su resistencia cambió en el camino trágicamente los planes.

“Estamos analizando las cámaras de seguridad para identificar a los agresores y ver cuáles fueron las rutas de escape de los vehículos que usaron”, dijo a Télam una fuente cercana a la causa.

El hecho es investigado por el fiscal Jorge Saizar, titular de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 5 del Departamento Judicial Quilmes, en una causa caratulada en principio como “homicidio en ocasión de robo”.