Cuando Audrey Mash llegó al hospital Vall d’Hebron, su cuerpo estaba a 20,2 grados. Hacía tres horas que su corazón había dejado de latir. Su marido, Rohan Schoeman, que había salido con ella a primera hora de la mañana desde el refugio de Coma de Vaca para lo que debía ser un gran día de montaña, antes de que les sorprendiera la tormenta de nieve, y que se había quedado junto a su cuerpo hasta que llegó el equipo de rescate, estaba convencido de que había muerto.

Once días después, Audrey, de 34 años, salió del hospital por su propio pie. Su corazón, que estuvo más de seis horas y media parado, vuelve a latir con normalidad. Para sorpresa de los médicos que la salvaron, no le queda ninguna secuela neurológica. Tampoco le queda ningún recuerdo de aquel domingo 3 de noviembre. Sólo una falta de sensibilidad y de coordinación en los dedos de las manos que la ha obligado a comprar pantalones nuevos porque por ahora no puede abrocharse los botones.

Se trata del primer caso que se conoce de una persona que sobrevive a un paro cardíaco por hipotermia en el Pirineo. Hasta ahora se las daba por muertas y no se las intentaba reanimar. En el rescate participaron tres helicópteros, cuatro ambulancias y unas cuarenta personas, y se vivieron escenas dramáticas en que todo estuvo a punto de estropearse.

Por lo menos dos de los especialistas que intervienieron en la operación tuvieron que insistir para intentar salvar a Audrey cuando sus colegas les decían que ya no había nada que hacer. Profesionales de los Bombers de la Generalitat, del Servei d’Emergències Mèdiques (SEM) y del hospital Vall d’Hebron que trabajaron en su rescate y curación defienden que esta experiencia invita a establecer un protocolo de actuación ante las víctimas de hipotermia.