A partir de mañana habrá misa. Además, comenzaron las obras para inaugurar un nuevo refugio para personas en situación de calle.

La iglesia del Buen Pastor, ubicada en Laprida 2747, volverá a abrir sus puertas mañana, luego de 13 años en los que estuvo totalmente cerrada. El obispo de Rosario, Eduardo Martín, celebrará la misa inaugural, a las 19. En un salón anexo comenzará a funcionar el primer oratorio de Adoración Perpetua de la ciudad.

Junto con los arreglos del templo, hace 20 días comenzaron las obras para refaccionar los salones contiguos, que funcionarán como un nuevo refugio para personas en situación de calle y que esperan inaugurar en agosto del año próximo.

Más adelante, se harán los arreglos en otro de los sectores para que pueda funcionar una casa de recuperación de adictos y talleres para la inserción laboral.

“Estamos muy contentos con la apertura de la iglesia”, manifestó el padre Fabián Belay, quien se hará cargo del templo.

“Se hicieron las reparaciones indispensables para abrir el templo, se arregló la zona que corría peligro de derrumbe, y luego el obispo quiso que destinemos los fondos para comenzar las obras del nuevo refugio”, detalló Belay, quien seguirá viviendo en La Lata, donde es el párroco.

La iglesia se recuperó para los vecinos gracias a un comodato que firmó Martín con el instituto religioso del Buen Pastor, donde se indica que esas instalaciones (la iglesia y salones adyacentes) se ponen a disposición del Arzobispado de Rosario durante los próximos 20 años.

Este documento fue rubricado el año pasado y a comienzos de éste comenzaron las obras para refaccionar el monumental edificio, que estuvo cerrado durante los últimos 13 años.

Casi 100 voluntarios y vecinos se sumaron cada sábado para reparar paredes, imágenes, bancos, puertas y ventanas. Además, una empresa se ocupó de restaurar los techos que corrían peligro de derrumbe.

Guillermo Rodríguez es uno de los voluntarios y también vecino de la zona. Contó que los techos que se arreglaron son los del centro del templo, sobre el altar mayor, y los del campanario, por donde entraba agua cada vez que llovía.

“También se hizo a nueva la instalación eléctrica”, comentó Rodríguez. “Un equipo de voluntarios reparó las imágenes del templo, que estaban muy deterioradas. Se terminaron sólo cinco, que son las que van a volver a colocarse”, apuntó.

Los voluntarios también refaccionaron pisos, hicieron revoques y, sobre todo, limpiaron el edificio que había permanecido cerrado durante tanto tiempo.