La lucha contra el cambio climático tiene dos pequeños rostros: Greta Thunberg (16) y Licypriya Kangujam (8). Una sueca y la otra india, ambas han recibido numerosos premios de distinta índole por su activismo y están consideradas entre los 100 “jóvenes” más influyentes del mundo, aunque, en realidad, una es adolescente y la otra apenas una nena. ¿Es el activismo ecológico una nueva modalidad de sobreexposición infantil?

Analía De Luca

Licypriya Kangujam no tiene en Sudamérica el mismo grado de reconocimiento popular que Greta Thunberg. Sin embargo, ambas chicas son “influencers” a gran escala. Con cientos de miles de seguidores en redes sociales y un “paparazzi” detrás de cada paso que dan, estas “niñas políticas” son como unas Shirley Temple del ambiente ecológico. Y si bien es destacable el efecto masivo positivo que causan en la opinión pública (por ejemplo, los suecos ahora usan un neologismo Flygskam , “vergüenza de volar”, y el número de usuarios de transporte público ha crecido un ocho por ciento tras lo que ellos mismos llaman “el efecto Greta”), también es cierto que ambas están muy ligadas al mundo del espectáculo. ¿Cómo?

La madre de Greta es la reconocida cantante lírica Malena Ernman y el actor Svante Thunberg, y su abuelo, Olof Thumberg, es, a su vez, actor y director. En tanto, Licypriya es hija del médico KK Singh y sobrina del jugador de hockey profesional Chinglensana Kangujam. Cabe mencionar que en India hay un sistema de castas donde solo los más “acomodados” tienen acceso a la educación superior y al deporte de elite.

Así, se podría inferir que ambas chicas tenían ciertas condiciones previas para lograr reconocimiento social. Pero ¿eso es suficiente? ¿O tienen cierto “empujón” parental hacia la fama?

Es cierto que hoy en día cualquier persona, aunque sea menor de edad, con un dispositivo multimedia e internet puede ser reconocido a nivel mundial por viralizar cualquier tipo de contenido, pero hay que tomar en cuenta que una niña india de ocho años no puede tomar decisiones por sí misma en cuanto a salir de su país para dar conferencias o recibir premios y menciones. No cuenta con los instrumentos legales ni el dinero para hacerlo. Mientras, la madre de Greta ha dejado su carrera vocal – había llegado incluso a ser cantante de la corte real sueca – para adherirse al reclamo de su hija, y ha vendido un libro con anécdotas y fotografías familiares que cuentan cómo gracias a Greta todos los Thunberg se hicieron veganos y dejaron de viajar en avión.

¿Una nueva modalidad de “Sharenting”?

El sharenting (share = compartir + parenting = paternidad) es el nombre que se da a la conducta de ciertos papás de compartir todo lo que hacen sus hijos en las redes sociales. Por supuesto, no pretenden hacerles daño; sin embargo, especialistas de todo el mundo insisten en alertar sobre los peligros que conlleva la difusión de datos de los niños, como sus cumpleaños, colegios, señas particulares, sin mencionar que se les transmite el concepto de que no son ellos sino sus padres los que deciden sobre su propia imagen, o que, por ejemplo, una vez que una imagen se publica en internet se pierde el control sobre su utilización.

Según un artículo publicado por BBC el 23 de mayo de 2018, la Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad contra los Niños (NSPCC, por sus siglas en inglés), en Reino Unido, advierte que ‘cada vez que una foto o video es publicada, se crea una huella digital del niño que puede seguirlo en su vida adulta’.

Disfrazado de activismo ecológico, al parecer estas chicas están siendo utilizadas como logotipo de algo más, que puede ser un inocente consentimiento parental de caprichos de niña o una manipulación ideológica y comercial menos ingenua. Como sea, parece una nueva modalidad de sobreexposición infantil.

Aunque Greta es un poco mayor, ambas están en edad escolar y la causa ecológica las obliga a desatender sus actividades estudiantiles, algo por lo que se criticó incluso públicamente a los padres de Greta. Pero Greta dice que está bien, y es lógico: ¿a quién no le hubiera gustado tener permiso de faltar al colegio para viajar, conocer gente y recibir premios?

Siempre se ha criticado a los padres por sobreexponer a sus hijos (y sobre todo por lucrar con su imagen), desde Shirley Temple a Mirko Wieber (entonces no había redes sociales pero sí cine y prensa amarillista), pasando por Macaulay Culkin y millones que han quedado en el olvido. Y aunque en este caso Greta y Licypriya parecen muy comprometidas con su causa, y conversan con la gente y se toman selfies con sus admiradores, también se los veía a gusto con las cámaras a Shirley Temple y a Macaulay Culkin y muchos años después revelaron las consecuencias de la sobreexposición en su salud mental.

El caso de los Culkin es conocido: sus padres literalmente “quemaron” el dinero que el nene había ganado con sus películas y por esto Estados Unidos hoy tiene una ley que impide a los padres lucrar con la imagen de sus hijos. Además, Macaulay no supo lidiar con los problemas familiares y la sobreexposición, se deprimió y padeció adicciones. Y la propia Shirley Temple reveló en su vejez que dejó de creer en Papá Noel cuando tenía seis años. “Mi madre me llevó a verlo al centro comercial y él me pidió un autógrafo”, lamentó. Y no solo eso. La anciana Shirley advirtió: “En el mundo de las estrellas de cine la distancia entre la popularidad y la política es muy pequeña”.