El anuncio de los duques de Sussex sobre su intención de abandonar sus obligaciones reales ha dejado al mundo con la boca abierta. Es que la mayoría considera que están rompiendo el molde para ser libres cuando en Reino Unido piensan que no es así.

La llegada de Meghan Markle a la familia real fue controversial: su raza, su religión, su nacionalidad, su estado civil ni su profesión estaban dentro del estándar esperado para una novia de un príncipe inglés. Afroamericana, estadounidense, divorciada y actriz, educada en el catolicismo aunque su padre pertenece a la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos, su madre es protestante y su exesposo es judío-, ella ni siquiera practicaba ninguna religión.

Salvado el asunto religioso al convertirse al anglicanismo y obviando el tema de su raza -sería una falta de respeto siquiera mencionarlo-, Markle era aún divorciada y, peor, actriz. Por supuesto, ingresar a la familia real implica renunciar a cualquier carrera profesional, como lo hizo el propio Felipe de Edimburgo tuvo que decir adiós a su carrera militar para convertirse en consorte de la reina. Pero el estigma de la actuación a los ingleses les remite a la mal ponderada Wallis Simpson, tía bisabuela política de Harry y por la que Eduardo VIII abdicó al trono, precipitando el reinado de su hermano Jorge VI y sus descendientes, entre los que se encuentra Harry.

Sin embargo, a pesar de todo, los ingleses dejaron pasar a Meghan, pensando que tal vez traería nuevos aires a la acartonada monarquía.

“Me-Gain”, la duquesa difícil

Una larga lista de renuncias en la nómina de los trabajadores asignados a la custodia y el servicio personal de los duques de Sussex, sumado a las desavenencias entre los príncipes Harry y William que siempre se habían llevado muy bien, pusieron a la prensa británica en alerta contra la nueva integrante de la familia: los ex empleados daban notas a la prensa llamándola “Me-Gain (yo gano)”, en alusión a los caprichos de Markle y a la manipulación que ejercía sobre su esposo.

Luego vinieron los escándalos por las altas cifras de la remodelación de su residencia, Frogmore Cottage, que ascendía a tres millones de dólares de fondos públicos, así como por el guardarropas de la duquesa: según el portal especializado UFO No More, Meghan fue la segunda royal que más gastó en ropa en 2018 (detrás de Charlene de Mónaco) medio millón de dólares en 1.663 prendas. La realeza inglesa inglesa no puede recibir regalos, así que todo lo que usa Meghan no son obsequios de diseñadores, sino que lo costea Buckingham.

Los gastos del costoso babyshower que realizó en Nueva York desataron más críticas en Londres: gastó en dos semanas el equivalente al presupuesto anual de su cuñada Catalina. El bautismo de Archie a puertas cerradas. Demoras en presentarlo a la prensa. Vuelos privados y joyas. Su hermana discapacitada, Samantha Markle, gritando en la puerta de palacio porque tiene prohibida la entrada. Mala relación con su padre. Meghan esto, Meghan aquello…Lo bueno: Meghan había hecho olvidar a los ingleses de las drogas, problemas legales, fotos sin ropa y otras perlitas del pasado de Harry.

Se achica la familia: adiós a las ovejas negras

Así como Eduardo abdicó por amor y su hermano Jorge tuvo que aceptar un trono inesperado, así como Isabel tuvo que tolerar a Margarita y William siempre es el hermano perfecto comparado con Harry, en medio de la historia del Megxit hay otro par de hermanos que están pasando desapercibidos: Carlos y Andrés.

Ambos hijos de Isabel II, el primero, el actual Príncipe de Gales y Duque de Cornualles, heredero al trono, espera hace años su turno para gobernar y hace tiempo no tiene titulares en los diarios. Andrés, en tanto, Duque de York, es el favorito de Su Majestad. Llenó revistas siempre: casado, divorciado y reconciliado luego con la mediática -también aficionada a los deslices- Sarah Ferguson. Últimamente ha renunciado también a sus funciones públicas al conocerse que se involucró en el caso de los abusos sexuales “piramidales” de Jeffrey Epstein. Según la prensa británica, Isabel II siempre lo ha defendido aunque esta vez el propio Carlos, apoyado por el tercer sucesor al trono, su hijo William, presionaron a la reina para alejarlo de la familia real y despegarse de los abusos.

En el último mensaje navideño de la reina, se puede distinguir la decisión real: en 2018, la reina comenzaba su saludo diciendo “Este ha sido un año muy atareado para mi familia” e inmediatamente se podían ver imágenes de las bodas de dos de sus nietos: Eugenia de York y el Príncipe Harry; en el saludo anual de 2019, incluso las fotos sobre la mesa eran menos: una imagen de su padre el Rey Jorge, una de Felipe de Edimburgo su marido, una de Carlos y su actual esposa Camilla, y otra de los duques de Cambridge – el Príncipe William y su esposa Catherine Middleton – junto a sus tres hijos. En diciembre, el mensaje ya era claro, no habría mas lugar en la mesa para las ovejas descarriadas.