Desde este 22 de enero, Grecia cuenta por primera vez con una jefa de Estado. El Parlamento heleno aprobó este miércoles la candidatura de la jueza Katerina Sakellaropoulou.

El Parlamento griego eligió con una gran mayoría a Katerina Sakellaropoulou como la próxima presidenta del país. La jueza reunió 261 votos, muy por encima de los 200 que necesitaba para ser elegida. Eso gracias al apoyo de casi todos los diputados del partido gobernante, la conservadora Nueva Democracia, y de los mayores grupos de la oposición.

“Grecia entra hoy en una nueva era. El país entra en el tercer decenio del siglo 21 con una mujer presidenta. Deseo a la señora Sakellaropoulou una presidencia exitosa”, afirmó el primer ministro, Kyriakos Mitsotakis, tras la elección.

Destacó además que la nueva presidenta es “una jueza estupenda que nos une a todos”.

El primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis y los ministros del gobierno aplauden tras el anuncio de los resultados de la votación presidencial en el parlamento de Atenas, Grecia, el 22 de enero de 2020.

La candidatura de Sakellaropoulou fue justamente propuesta por el Ejecutivo de Kyriakos Mitsotakis, del conservador partido Nueva Democracia, y apoyada por el izquierdista Syriza y la coalición de centroizquierda Movimiento del Cambio. “Proponerme a mí es honrar a la Justicia y a la mujer griega contemporánea”, afirmó Sakellaropoulou cuando su candidatura fue postulada para el cargo.

En los últimos meses varios nombres se habían barajado en los medios locales como posibles nuevos presidentes. Aunque Sakellaropoulou aparecía en la lista, no se encontraba entre los más probables opcionados, según los analistas.

Una visión progresista que podría chocar con el resto del Ejecutivo

Aunque Sakellaropoulou no ha militado en ningún partido político, es conocida por su tendencia progresista. Ha defendido la eliminación de la religión en el DNI en un país donde la Iglesia ortodoxa conserva un gran poder. La jueza también se ha pronunciado en defensa de la escolarización de los niños refugiados y del derecho de los niños de familias migrantes nacidos en Grecia a acceder a la ciudadanía helena.

Así, es posible que la política migratoria del Gobierno de Mitsotakis sea uno de los puntos en los que más choquen durante su mandato.

En efecto, Nueva Democracia ha hecho hincapié desde que llegó al poder, en julio, en reducir los flujos migratorios, endurecer las condiciones de los refugiados y sacarlos de las calles llegando incluso a anunciar la sustitución paulatina de los campos de refugiados de las islas del Egeo por Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). Este enfoque probablemente no encajará con la visión de la nueva jefa del Estado heleno.

Hija del vicepresidente del Tribunal Supremo griego Nikolaos Sakelaropulu, la nueva presidenta estudió Derecho en la Universidad de Atenas y un posgrado en Derecho Constitucional y Administrativo en la Universidad de París II. © Pantelis Saitas / EFE
Sin embargo, en un país que acaba de salir de una grave crisis, la elección de esta ecologista convencida se considera una ventaja para el gobierno conservador, que cuenta con la energía verde para transformar a Grecia.

La juez del consenso institucional

En Grecia, es muy común que los Gobiernos de derechas propongan presidentes progresistas, y viceversa, para ofrecer una imagen de consenso institucional. Fue precisamente lo que consiguió Mitsotakis gracias a esta propuesta.

Cuando, la semana pasada, Alexis Tsipras confirmó que su partido votaría a favor de Sakellaropoulou, la calificó de “muy buena jueza, que siempre ha defendido con convicción la Justicia, los derechos humanos y la aconfesionalidad del Estado”.

Con esta nueva jefatura de Estado, Mitsotakis consigue además debilitar el discurso de la oposición que lo acusa de ser de extrema derecha.

Una presidenta en un país machista

La elección de Sakellaropoulou como presidenta de Grecia es, también, un indicador de cambio en un país profundamente machista. Según la agencia de la Unión Europea (UE) para la igualdad, Grecia tiene el dudoso honor de encabezar la lista de sus países miembro en desigualdad de género.

Y los peores resultados los saca precisamente en acceso al poder: hay un 18 % de diputadas y tan solo el 9,3 % de las ejecutivas de grandes empresas son mujeres.

Por cierto, en griego moderno no existe la palabra “presidenta”, por lo que se tendrán que dirigir a ella de forma oficial como “señora presidente”. Sin embargo, esta falla del vocabulario no impidió a Mitsotakis expresarse en estos términos cuando anunció la candidatura de Sakellaropoulou: “Llegó la hora de que nuestra patria elija a una mujer como presidenta de la República”.

Sin embargo, Sakellaropoulou será la primera jefa de Estado griega que no podrá acceder a una parte de su territorio. En efecto, por su género, no podrá entrar al Monthe Athos, un Estado Monástico Autónomo, que, aunque se encuentra bajo jurisdicción de Grecia, se rige por sus propias leyes y no permite la entrada de mujeres ni de ningún animal de sexo femenino.

Se espera que la nueva presidenta tome posesión del cargo el 13 de marzo, un día después de que expire el primer y único mandato de su predecesor, Prokópis Pavlópulos.