El Gobierno confirma que el sorteo será en septiembre próximo ante el fiasco de no encontrar un comprador de la aeronave.

Si no se puede vender, que se rife. Esa es la decisión que ha tomado este viernes el presidente de México, , sobre el destino del avión presidencial. El mandatario ha asumido como una de las banderas de su Gobierno deshacerse de la aeronave, un Boeing 787-8 adquirido por 218 millones de dólares durante la Administración de Felipe Calderón (2006-2012), que no ha encontrado un comprador en poco más de un año. La rifa se llevará a cabo el 15 de septiembre y se emitirán seis millones de billetes (o “cachitos”, como se les llama en México), con un costo de 500 pesos (unos 25 dólares) cada uno. El concurso, sin embargo, es de carácter simbólico porque el ganador no se llevará el avión, sino 100 premios de 20 millones de pesos (poco más de un millón de dólares).

El anuncio de la rifa ha acaparado la conferencia matutina de López Obrador, que sale todos los días a contestar las preguntas de la prensa, los ciudadanos y sus simpatizantes. La idea, criticada como “una ocurrencia” por sus detractores y que ha atraído miradas de medios alrededor del mundo, se había barajado durante semanas, pero se ha confirmado hasta ahora después de “análisis, reflexiones y consultas”, ha explicado el presidente. “Se va a rifar el avión para no tener problemas de tiempo y que puedan participar todos los mexicanos que quieran ayudar”, ha dicho el mandatario.

El Gobierno ha señalado que espera recaudar 3.000 millones de pesos (alrededor de 150 millones de dólares) si se venden todos los números de la serie y que el dinero se destinará para comprar equipos médicos para las zonas más vulnerables del país. López Obrador se ha rehusado a utilizar el avión presidencial desde que asumió el poder en diciembre de 2018 y solo ha viajado en vuelos comerciales como parte de los símbolos de su política de austeridad.

El gesto no ha estado exento de polémica. En enero, un hombre se bajó del avión donde viajaba el presidente alegando que “era inseguro para su familia”, lo que desató críticas, burlas y señales de apoyo en redes sociales. El año pasado, un piloto aprovechó el sonido de cabina para tratar de persuadir al presidente de mantener el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México y de no construir el aeródromo en la base militar de Santa Lucía, una de las decisiones más polarizantes al inicio de su Gobierno. “Ofrecemos disculpas a los que nos acompañan y a veces se molestan, pero tenemos que trasladarnos por estos vuelos”, ha dicho el presidente. “Nos estamos ahorrando mucho viajando en las líneas aéreas comerciales”, ha agregado.

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El billete de la rifa. GOBIERNO DE MÉXICO

La rifa abre un nuevo pretexto para la polémica y las dudas. Mientras se vende el avión, se alquilará y será resguardado por la Fuerza Aérea Mexicana. De los 218 millones de dólares que costó originalmente, el avión ahora vale unos 125 millones de dólares, según el análisis que realizó en octubre pasado el Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales, que depende de la Secretaría de Hacienda.

Pero dos avalúos realizados seis meses antes dan cuenta de que el aparato se deprecia rápidamente. Los cálculos del valor en mayo pasado superaban los 130 millones de dólares, según las firmas Morten Beyer y Agnew (de Estados Unidos) y McLarens Aviation (del Reino Unido), contratadas por el Gobierno mexicano. Eso explica la urgencia de deshacerse del avión, inaugurado durante el Gobierno de Enrique Peña Nieto (2012-2018). “Es un problema heredado del Gobierno faraónico”, se ha quejado López Obrador, que ha justificado el fracaso de la venta con que no se quería “malbaratar” la aeronave, a pesar de que había compradores.

El desglose de las cuentas, según lo expuesto por Presidencia, es el siguiente. De los 3.000 millones de pesos que se espera recaudar, 2.000 millones se repartirían en premios. De los 1.000 millones que quedan, unos 500 millones de pesos irían a “completar el avalúo”, es decir, a pagar parte del adeudo por el crédito del avión. Los 500 millones restantes irían para la Fuerza Aérea y para pagar a los vendedores de la Lotería, que se llevan, por lo general, una comisión del 10% del costo de cada billete que venden.

Pero el enredo no termina ahí. El Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado, una instancia rebautizada por este Gobierno que se encarga de subastar los bienes confiscados a criminales para destinarlo a políticas sociales, dispondrá de un fondo de 4.000 millones de pesos, que es el cálculo de los decomisos, y con ese dinero se pagarán los 2.000 millones de pesos en premios, según lo dicho por López Obrador. Así justifica el presidente que el avión tendrá asegurados dos años de mantenimiento, lo que dará mayor margen para su venta. Si hay un comprador, se venderá al precio de avalúo.

El inicio de la venta de billetes comienza en 15 días y el sorteo será organizado por la Lotería Nacional. Los diputados de Morena, el partido del Gobierno, ya han dicho que se van a organizar para comprar al menos 20 “cachitos” cada uno y así apoyar la iniciativa del presidente, que ha generado grandes expectativas. Pero no será fácil llevarse los premios. Solo uno de cada 60.000 billetes será premiado. Mientras tanto, el avión presidencial seguirá aparcado.