Un solitario delincuente se llevó dinero en efectivo y celulares. Los robos ocurrieron en locales de la cadena Balear. Desde la empresa, aseguran que “se trabaja al borde de la tragedia”.

Un joven delincuente asaltó a mano armada dos panaderías de la zona céntrica de la ciudad en apenas diez minutos.

Los robos fueron perpetrados durante la mañana de este jueves y los blancos son locales de la cadena Balear.

El primero de los hechos tuvo lugar en el comercio ubicado en inmediaciones de la esquina que forman el bulevar Pellegrini y la calle 9 de Julio.

El delincuente llegó en moto pocos minutos después de las 9, cuando una clienta estaba siendo atendida. Se trataba de una joven que escapó corriendo apenas pudo ver que el hombre estaba armado con una pistola.

El asaltante se acercó al mostrador y le apuntó a la empleada. Le pidió el dinero y el teléfono celular.

La trabajadora no ofreció resistencia y le entregó el aparato y los pocos billetes que había en la caja registradora.

El malviviente se fue caminando con mucha tranquilidad y abordó su rodado para alejarse. No conforme con el botín obtenido, manejó por unas cuadras hasta su segundo objetivo, la panadería de calle Urquiza y Salvador Caputto, adonde llegó diez minutos después del primer golpe.

Ingresó y esperó a que la encargada termine de atender a una jubilada, que compraba facturas.

Luego, nuevamente sacó a relucir su pistola y encañonó a la víctima.

Bajo amenazas de muerte, la mujer no tuvo más alternativa que darle el efectivo y su celular.

El hombre escapó otra vez, para desaparecer con rumbo incierto.

Ambas secuencias quedaron registradas en videos de los sistemas de seguridad.

“En ninguno de los casos había mucha plata en la caja. En el verano no se vende mucho. Los patrulleros llegaron rápido, pero esto no alcanza. Sufrimos la inseguridad desde hace bastante tiempo. Hay rachas, seguidillas. Creo que hay muchos robos a panaderías porque se les hace muy fácil. En segundos se llevan la plata en efectivo. Nosotros no podemos atender a puertas cerradas; así que entran, buscan el dinero y se escapan. Todo muy rápido”, se quejó Alicia Tabernig, representante de la firma.

“Nuestras sucursales están llenas de cámaras, pero a los delincuentes no les interesa. Instruimos a nuestras empleadas para que nunca ofrezcan resistencia, para que no pase algo grave, como le pasó al dueño de la agencia de turismo (Hugo Oldani). No obstante, uno no sabe cómo va a reaccionar la gente y las chicas tienen miedo, porque están trabajando y no saben en qué momento alguien va a entrar para robarles o lastimarlas. Es como que siempre estamos al borde de que ocurra una fatalidad”, se resignó.