Tres periodistas del diario económico estadounidense The Wall Street Journal, como represalia por la publicación en ese medio de una tribuna con un titular que había considerado racista. El anuncio llega horas después de que la Administración Trump impusiera medidas restrictivas contra los medios estatales chinos en EE UU.

Pekín ha anunciado la expulsión de tres periodistas del diario económico estadounidense The Wall Street Journal, como represalia por la publicación en ese medio de una tribuna con un titular que había considerado racista. La declaración del ministerio de Asuntos Exteriores chino, en la rueda de prensa diaria de su portavoz, llega un día después de que Estados Unidos impusiera medidas restrictivas a las corresponsalías de los medios estatales chinos en su suelo, al considerarlos un brazo de la propaganda oficial de su país.

La columna se titulaba “China is the Real Sick Man of Asia” (“China es el verdadero enfermo de Asia”, una denominación que en ese país evoca los abusos extranjeros del siglo XIX). Está firmada el profesor Walter Russell Mead, del Bard College en Estados Unidos, y había suscitado ya una queja rotunda de las autoridades chinas, que consideraban que la tribuna “ensucia los esfuerzos del Gobierno y el pueblo chino en la lucha contra la epidemia” de Covid-19 en el país. Pekín exigía una disculpa oficial y represalias contra los responsables de que el artículo se hubiera publicado, algo que, asegura, no ha ocurrido.

“El pueblo chino no da la bienvenida a los medios que utilizan lenguaje racial discriminatorio y que con malicia difaman y atacan a China. Por tanto, se ha decidido que, con fecha de hoy, se revocarán las credenciales de prensa a tres periodistas del Wall Street Journal”, ha declarado el portavoz de Exteriores, Geng Shuang, en una rueda de prensa por internet. El sistema chino implica que, al no tener credencial de prensa, el permiso de residencia de un periodista se anula de inmediato, lo que equivale a una expulsión.

Los tres periodistas, que no han participado en el proceso de escritura o publicación del artículo criticado —los departamentos de noticias y opinión funcionan por separado— son el “número dos” de la corresponsalía, Joshua Chin, de nacionalidad estadounidense; el reportero australiano Philip Wen y la reportera estadounidense Chao Deng, según ha publicado el propio diario.

Es la primera vez en más de treinta años que China expulsa, de golpe, a varios periodistas de un medio. Los tres reporteros tendrán ahora cinco días para abandonar el país. China ha expulsado a varios periodistas extranjeros en los últimos ocho años en represalia por sus coberturas, aunque hasta ahora nunca había reconocido que fueran deportaciones.

Dado que los corresponsales deben renovar su credencial de prensa y permiso de residencia cada año, simplemente no emitía las nuevas tarjetas, lo que forzaba al corresponsal a abandonar el país. Entre los castigados de este modo en los últimos años se encuentra la excorresponsal de la revista francesa L’Obs, Ursula Gauthier, por una columna muy crítica sobre el trato a los uigures en Xinjiang, o el corresponsal del WSJ, Chun Han Wong, por un reportaje sobre las actividades financieras de un familiar del presidente chino, Xi Jinping.

En un comunicado, el Club de Corresponsales Extranjeros en China (FCCC) ha expresado su “profunda preocupación y firme condena” sobre la cancelación de los visados de los tres periodistas. “La medida tomada contra los corresponsales del WSJ es un intento evidente y extremo de las autoridades chinas de intimidar a los medios extranjeros al tomar represalias contra sus corresponsales en China”, ha agregado.

“Los corresponsales miembros del FCCC y sus colegas en China sufren con cada vez mayor frecuencia acoso, vigilancia e intimidación por parte de las autoridades. La expulsión de los tres periodistas del WSJ es solo la última, y más alarmante, medida que han adoptado las autoridades”, finaliza el comunicado.

El anuncio del ministerio chino llega horas después de que la Administración del presidente estadounidense Donald Trump indicara que empezará a tratar a cinco compañías periodísticas estatales chinas que mantienen corresponsalías en EE UU como embajadas extranjeras, lo que les obligará a registrar sus propiedades y a sus empleados ante el Departamento de Estado.

En una sesión informativa con periodistas, dos altos funcionarios estadounidenses del Departamento de Estado que hablaron bajo la condición del anonimato indicaron que la decisión se tomó por el control cada vez mayor del Gobierno chino sobre sus medios. Desde su llegada al poder hace siete años, Xi ha sido cada vez más proclive a utilizarlos para difundir propaganda favorable a Pekín, según han alegado: “Estos (periodistas) son, en realidad, brazos del aparato de propaganda del Partido Comunista de China”.

En su rueda de prensa, Geng respondió a esas acusaciones que “Estados Unidos presume de su libertad de prensa. Sin embargo, restringe sin motivo las operaciones normales de los medios chinos en su territorio. Esto es injustificado e inaceptable”. El portavoz también advirtió de que “nos reservamos el derecho de adoptar medidas de represalia”.