Así lo afirmó Walter Gálvez, el Secretario de Asuntos Penales y Penitenciarios de la Provincia. Las camas que estaba haciendo entre reos y empleados de las cárceles, no sufrieron consecuencias. Sí el taller donde se confeccionaban los barbijos en Coronda y el área de Salud en Las Flores.

 

Todavía resuenan los gritos, estampidos, corridas y tiros tanto en el penal de Las Flores como en Coronda. Incluso, en el de la capital santafesina, este miércoles hubo nuevos inconvenientes (en los pabellones 1, 2 y 5, que albergan aproximadamente a unos 200 convictos).

Respecto a los resultados negativos de la revuelta que comenzó el lunes y terminó en la madrugada del martes en ambas cárceles, Walter Gálvez Secretario de Asuntos Penales y Penitenciarios de Santa Fe, dijo que “lo que se dañó, fundamentalmente, fueron los talleres de IAPIP de Coronda, donde hubo pérdidas totales. Habíamos comprado máquinas bordadoras donde estábamos confeccionando los barbijos. Estábamos haciendo 10 mil para el comité de crisis. Todo eso se perdió, se quemó”.

Actualmente ese taller, lo están armando en la Dirección General (atrás de la cárcel de mujeres acá en la capital). “Necesitamos los barbijos, por ende hay que ponernos en funcionamiento. Estamos tratando de conseguir nuevas máquinas como las que se perdieron. Por ahora, empleadas penitenciarias trajeron sus propias máquinas de coser, para poder hacer, trabajar y colaborar. Hay una disposición y un compromiso enorme”, aseguró Gálvez.

Además, continuó el funcionario, “en Las Flores, la farmacia quedó arrasada. El alcohol en gel que trajimos ese mismo día para dar, también se consumió en forma total. Pero como el depósito grande lo tenemos en la dirección general, y de ahí lo distribuimos a las distintas unidades penitenciarias, no fue una gran cantidad. Pero el área de salud en quedó totalmente destruida, que es una pena siempre, más en este momento de pandemia”.

“No tenemos una cifra exacta en cuanto a lo que se perdió en términos de dinero, pero es una pérdida millonaria para el servicio penitenciario, y un gran costo de gestión, tiempo, trabajo. Conseguir los elementos para poder reparar es difícil porque hay escasez de todo”, concluyó Gálvez.

“Dos buenas”

La primera es que las camas que estaban reparando entre empleados penitenciarios y convictos, están bien. Tanto las del Italiano, que eran 50 que estaban en depósito para armar los hospitales de campaña, como las 80 restauradas que van al ex Hospital Iturraspe, no sufrieron daños. También Gálvez destacó “la colaboración de gente retirada, de licencia y otros que se fueron por el riesgo pero volvieron a colaborar. Eso habla de un compromiso absoluto del servicio penitenciario”.