Los choferes de los colectivos urbanos de la línea 2 son los más preocupados. Cada vez que circulan por el tablero del puente sobre la ruta 168, lo deben hacer prácticamente a paso de hombre, sobre todo cuando el vehículo está colmado de pasajeros.

Pero los colectivos no son los únicos vehículos que padecen las eternas deficiencias que presenta el distribuidor de tránsito que comunica a barrio El Pozo con la ruta nacional y el megamercado.

Al deteriorado pavimento se le suma el problema de las juntas de dilatación -que ya se convirtieron en verdaderos baches-, y la presencia de grandes rajaduras en las cabeceras del puente.

Desde hace varios meses los vecinos y automovilistas venían reclamando tareas de mantenimiento sobre ese nudo vial, que en rigor de verdad es usado por todo tipo de vehículos: desde bicicletas hasta camiones de gran porte.

Tiempo atrás se realizaron algunos trabajos de relleno que duraron poco: con las lluvias volvieron las grietas bajo el puente y empezaron a desestabilizarse los taludes.

Si se mira el puente desde abajo, es posible detectar grietas que dan la sensación de que el cruce está prácticamente suspendido en el aire.

OBSTÁCULOS

El lugar más comprometido está ubicado del lado norte de la ruta nacional 168, junto al camino que permite cruzar desde El Pozo (o la ruta) hasta el megamercado ubicado enfrente.

El tablero en esa zona está descalzado y las juntas de dilatación se convirtieron en obstáculos para los automovilistas, que prácticamente deben reducir su marcha a cero para poder atravesarlas sin sobresaltos.

En esas rajaduras se volcó, meses atrás, hormigón diluido en agua para sellar los lugares por los que se filtra el agua arrastrando al suelo, pero ya se ha desplazado.

Pero no sólo los que se desplazan en vehículos tienen complicaciones a la hora de sortear el puente. Los vecinos del barrio El Pozo, cuyas viviendas dan a la calle colectora paralela a la ruta nacional N° 168, sostienen que el constante tránsito de camiones y colectivos causa problemas en sus casas.

Afirman que las vibraciones que transmite el tránsito pesado (producto del mal estado de la calle) provoca grietas en las paredes de sus viviendas y en la intersección de éstas con los cielorrasos.

Para los afectados, bastaría con una mínima reparación de las losas de hormigón que conforman la calzada, que se han movido, provocando los saltos de los vehículos.