Ante el Parlamento brasileño lleno de bote a bote, el presidente de China, Hu Jintao, anunció que su país invertirá en los próximos diez años 100 mil millones de dólares en América latina. Será en comercio bilateral. No dijo cómo ni en qué. Pero, con una frase, alzó las expectativas no sólo ante el público que lo observaba, sino también en el Gobierno argentino.

Jintao dijo que las inversiones del último año fueron de 1.600 millones de dólares, pero que consideradas las inversiones financieras, totalizaron 4.000 millones. Esa cifra iría a 100.000 millones en 2004, aseguró.

“La cooperación mutua de China con América latina y el Caribe pasa por una oportunidad histórica sin precedentes”, indicó el mandatario oriental. China tiene una “economía de mercado socialista”, lo que asegura la apertura del mercado chino en varias áreas. “Eso permitirá que la cooperación económica y tecnológica de China con América latina sea cada vez más sólida y fluida”.

“Deng Xiaoping —el ex premier chino— decía que el siglo XXI sería el siglo de América latina y el Pacífico, por eso ambas partes deben aprovechar la oportunidad para avanzar en conjunto”, agregó Hu Jintao.

Por lo pronto, Brasil cerró ayer tres acuerdos ambiciosos con el gigante asiático. Fue durante la reunión que mantuvo, en el Palacio del Planalto, Jintao con Lula da Silva. Por esos convenios, el gobierno chino abre su mercado a las exportaciones brasileñas de carne bovina y de pollos. Y concede, además, el “status de destino turístico aprobado” que permitirá a los chinos hacer turismo en masa al territorio brasileño.

Los cálculos más moderados hablan de pasar de los 15.000 turistas actuales a 100.000 en apenas tres años. Valoran, además, cuánto puede dejar cada uno: el gasto promedio del chino en el exterior es de 100 dólares por día, es decir, más que lo que deja un europeo.

Pero no hay dádivas en esto. Como contrapartida, los brasileños tuvieron que hacer un gran esfuerzo: conceder a China el reconocimiento de que es un país con “economía de mercado”. No es una reivindicación política: es ante todo económica y comercial. Y es la misma condición que el presidente Jintao lleva a la Argentina, como paso previo a cualquier negociación.

Admitir que el gigante asiático es un mercado libre y competitivo, como los de occidente, tiene consecuencias para el país que lo firma. No podrá utilizar las herramientas especiales previstas por la Organización Mundial de Comercio cuando autorizó el ingreso de China, en 2001. Por tratarse de una economía con predominio estatal, con fuertes subsidios a la producción y exportación, la OMC dio permiso a los otros países a imponer grandes restricciones a las manufacturas chinas.

Todavía es temprano para evaluar qué problema para el futuro puede haber comprado ayer el gobierno brasileño a raíz de esa decisión. Lo cierto es que en lo inmediato se abrió amplio menú de inversiones chinas en infraestructura dentro de Brasil. Abarca ferrocarriles, puertos, siderurgia y energía.

Lula da Silva declaró ayer que el reconocimiento brasileño del “status chino de economía de mercado” es una demostración de confianza “del gran valor de la relación estratégica” entre ambos países. Según Lula, desde que asumió el cargo en enero de 2003, definió a China como “socia privilegiada” de Brasil. Y ahora, con los acuerdos firmados ayer, “los dos países están construyendo una nueva geografía comercial, política y cultural”.

El presidente chino coincidió en ese punto: la aproximación de los dos países, dijo, debe verse en el contexto de un nuevo orden político internacional.