El 19 de febrero de 2009, el periodista financiero Rick Santelli, de CNBC (cadena de televisión especializada en Economía), perdió la compostura mientras emitía desde la Bolsa Mercantil de Chicago, desquiciado por la decisión del gobierno de Obama de rescatar con fondos públicos negocios ruinosos y propietarios de inmuebles en bancarrota. Entre pantallas planas, aplausos de empleados de la Bolsa y la expulsión de abundantes partículas de saliva, en 4 minutos y 57 segundos de fervor por el capitalismo libre de mercado nació para la espiritualidad el movimiento Tea Party.

Se trata de la histórica cúspide del conservadurismo ortodoxo norteamericano, hacia la que ascienden columnas de patriotas, de aislacionistas, de integristas, de místicos y de liberales libertarios (cada una de ellas precedida por carteles que rezan “Expreso ‘Tea party’”, “Patriotas ‘Tea Party Incorporated’”, “Nación ‘Tea Party’”, “Coalición ‘Tea Party’”), cuyo nombre deriva de la cólera de los habitantes de Boston, quienes el 16 de diciembre de 1773 bloquearon la descarga de tres buques de la East India Company, a manera de protesta colonial por la monopólica Ley del Té, sancionada por el metropolitano Parlamento Británico, y luego los saquearon, lo que preludiaría la revolución independentista. Algunos han traducido la expresión “Tea Party” como “Fiesta del té” o “Motín del té”.

Si bien el “Tea Party” es un movimiento de base, no identificado con los partidos políticos tradicionales, durante el proceso de elecciones primarias previo a las nacionales de medio término, previstas para noviembre, ha nutrido con no pocos (ni pocas) candidatos (y candidatas) al Partido Republicano. Asciende a un número aproximado a los cuatro mil grupos y carece de jerarquía centralizada y de siderales gastos administrativos, lo que no fue un obstáculo para que Mark Meckler y Jenny Beth Martin –los líderes de “Patriotas ‘Tea Party Incorporated’”– recibieran el 21 de septiembre pasado una donación anónima de un millón de dólares, con la única condición de ser erogado antes de noviembre, lo que los patriotas harán motivando a los votantes a inclinarse por quienes defiendan la cordura fiscal y la jibarización del Estado hasta reducirlo por debajo del mínimo no imponible.

Tradicionalistas, no rechazarían de Aristóteles ni su noción del derecho natural ni la lógica aristotélica: en su website oficial, Randal “Rand” Paul –candidato a senador por Kentucky– afirma que con “nuestro endeudamiento nacional de más de 12 trillones de dólares, el déficit creado por Washington DC continúa hipotecando los frutos de nuestra labor futura para fondear programas federales que ni necesitamos ni podemos afrontar”; añade que el sistema de salud norteamericano está sobrerregulado y que necesita “serias reformas de mercado”. En su presentación, detalla que ha estado casado con su amantísima esposa Kelley durante los últimos 19 años; que es un médico de carrera y no un político; y que su ingreso a la vida pública guarda correspondencia con el trabajo de su vida: el deseo de diagnosticar problemas y proveer soluciones prácticas (como por ejemplo, librar la salud pública al mercado).

Una encuesta publicada por The Washington Post y realizada entre los integrantes del movimiento evidencia que al menos el 60% de los preguntados está “profundamente en contra” del matrimonio entre homosexuales. Pasando por alto el detalle del adverbio, el porcentual supera los ochenta puntos. El periodista Glenn Beck se pregunta: “¿Que si hay ateos entre nuestros militantes? Estoy seguro de que sí, y muchos. También los había entre los Padres Fundadores”. Glenn Beck, mormón, quien tiene un movimiento llamado “912” (en referencia al mundo después del famoso “9-11”), conduce un exitoso talk show en la cadena Fox News, con secciones llamadas “La Constitución atacada” o “Apocalipsis económico” y es uno de los referentes nacionales del Tea Party.

Glenn Beck empezó a trabajar en la radio a los 13 años, en 1977, año en el que se suicidó su madre alcohólica; por la misma adicción malogró su primer matrimonio. Luego de la muerte de su madre, quien se quitó la vida fue su cuñado, y su hermana murió de un síncope. Tras años de altibajos y de la conversión religiosa, logró forjarse un nombre y atesorar 3 millones de telespectadores. Christina O’Donnell, candidata republicana del Tea Party al Senado por Delaware, permitió que la filmaran confesando: “Coqueteé con la brujería. Nunca me uní a una reunión de brujas. Pero sí experimenté con la brujería (…). Una de mis primeras salidas con una bruja fue sobre un altar satánico y yo no lo sabía. Quiero decir, había un poco de sangre y cosas así (…)”. Glenn Beck no hizo ningún aporte acerca de si entre los Padres Fundadores había o no alguno o varios inclinados a los filtros y sortilegios. Sharron Angle, también candidata republicana a senadora por Nevada, acaba de disparar que su propio partido perdió sus principios y se está boicoteando desde adentro su candidatura. Según el periodista Carlos Fresneda, inclusive para los conservadores de Nevada, la propuesta de retirar a Estados Unidos de la ONU (“ese bastión de liberales”) o de suprimir la Secretaría de Educación es –al lo menos, por ahora– un poco demasiado.

No es de extrañar, entonces –hastío popular, alcohol, brujas y paranoia mediante– que la cercanía del Tea Party sea vista tanto como una fuente de la que los republicanos pueden beber propuestas y energía, como un lastre en condiciones de malograr cuantitativamente sus magníficas posibilidades electorales de noviembre. El editor de noticias Steve Kornacki lo dice en los siguientes términos: “Rand Paul es el ejemplo perfecto. La cuestión no es que aventaje a su competidor demócrata, Jack Conway, por siete puntos, según la encuesta más reciente; es que no esté adelante por un margen mayor. Recuerde: estamos hablando de una carrera directa en Kentucky por un asiento en el Senado –un Estado conservador y profundamente ‘Obamafóbico’– en un año inusualmente ‘anti-Demócrata’. Los Republicanos tienen un ancho margen de error en esta carrera; deberían estar ganándola por 15 o veinte puntos”.

Así y todo, algo para recordar: según un reporte de opinión pública de Rasmussen, el americano medio sobre cuestiones concretas se declara más próximo a los puntos de vista del Tea Party (48%) que a los del Presidente Obama (44%).