Tiene su mérito: creo que soy una de las últimas personas con columna —invertebrada— que todavía no habían escrito la palabra mágica. Lo mío fue, lo admitirán, heroico: aguanté y aguanté.

Pero esta tarde, cuando mi fuente me pasó el último cable, el cuasi maldito, ése que la corporación y los monopolios y el gobierno y sus primas de Córdoba intentaron silenciar, me entregué y la tipeo: WikiLeaks.

La palabra wiki, que en estos días, por sus leaks, se apoderó del mundo, es uno de los neologismos más interesantes. A diferencia de la mayoría, wiki nombra algo que no existía antes de ser nombrado: una nueva forma de la colaboración en que mucha gente que no se conoce ni quiere conocerse se une para producir algo que, suponen, beneficia a muchos más. La popularizó el inventor de Wikipedia, y ahora todo rebosa de wikicosas —de esfuerzos colectivos— pero ninguno había tenido el peso de los leaks. Yo, insisto, resistí. Pero al final no tuve más remedio que aceptar que el cable que mi fuente me tiró valía la pena. Y su argumento era innegable: que si no lo publicamos acá, quién más va a publicarlo.

Por eso, aquí estamos, con la revelación más —¿menos?— sorprendente de una turbamulta de revelaciones más o menos sorprendentes: la pelea entre el gobierno y el grupo Clarín es una farsa. O, por lo menos, eso le “reveló” a un espía de la embajada americana en Buenos Aires alguien —que el cable wikileakeado no nombra—. Sería, es obvio, importante saber si el Informante venía de Clarín o del gobierno, pero una de las revelaciones más notorias de los wikileaks fue la inutilidad de los diplomáticos y espías norteamericanos para conseguir y transmitir información completa.

Aunque hay que reconocer que, en este caso, su Departamento de Estado sabía algo que todos parecíamos ignorar. (Ignorar es una palabra interesante, kirchnerista: puede significar no saber algo, puede significar simular que no se sabe.)

El cable leakeado, en todo caso, dice que el Informante se acercó a la embajada para tranquilizar a los amigos: que les dijo que no se preocuparan si la aparente confrontación traía cierta tensión a la escena pública; que ambas partes habían entendido que esa tensión les resultaba favorable, y querían mantenerla todo lo posible. Entonces el espía se sorprende y pregunta por qué; el cable resume la respuesta del Informante:

“Me dijo que lo primero que había que tener en cuenta es que la alianza entre el gobierno de los Kirchner y el grupo Clarín había sido larga y próspera. Que entre 2003 y 2008 el matutino había tratado a los presidentes de ese apellido con gran aprecio y amistad, a cambio de lo cual había recibido numerosas ventajitas, como el anuncio exclusivo del relevo de un ministro de Economía y la primicia de la candidatura de la señora presidenta, y numerosos negocios, como por ejemplo la aceptación de la fusión de Cablevisión y Multicanal, la extensión de sus licencias y otros que —dijo— prefería no nombrar.

“Me dijo que, sin embargo, Clarín estaba golpeado: sus negocios prosperaban pero no había recuperado la confianza que le habían retirado parte de sus lectores después de la crisis de 2001, cuando circulaban slogans tales como ‘Nos mean y Clarín dice que llueve’.

“Me dijo que la situación en marzo de 2008 era compleja. Le dije que aquí siempre las situaciones son complejas; me dijo que era más. Que los Kirchner, con su olfato perdiguero para la política, llevaban cinco años dedicando todos sus esfuerzos a darle a la sociedad algo de lo que había empezado a reclamar en 2001: un presidente aparentemente salido de la nada que reemplazaba a los políticos más conocidos, una Corte Suprema que limpiaría la mugre —acá dicen ‘mugre’— de la justicia menemista, un revival del viejo tema de la represión militar de los años ‘70, que es muy útil para que todos los demás se sientan buenos y probos. Pero que no había hecho nada visible en el terreno de la famosa ‘redistribución de la riqueza’, que fue, junto con la reforma del sistema fiscal, uno de sus caballitos de batalla durante todos esos años.

“Me dijo que la sociedad empezaba a levantar presión y que el gobierno entendió que tenía que hacer algo para calmarla. Entonces se les ocurrió la idea de aumentar los impuestos a la exportación de granos; como ya hemos detallado en informes anteriores (ver cable 120308AR), el monto era razonable, menor que el que había impuesto, por ejemplo, el gobierno amigo del general Onganía en los ‘60. La medida era tan módica que no parecía que fuera a cumplir con su objetivo de mostrar la decisión redistributiva del gobierno a menos que un aparato de prensa poderoso la presentara como tal. Por supuesto, si lo hacía el aparato oficial la sociedad sospecharía; nada más convincente —dijo el Informante— que la palabra de un enemigo. Y que, entonces, el gobierno se dirigió a Clarín para proponerle el negocio: el gran diario adoptaría una postura radicalmente opositora, de cuestionamiento permanente de las políticas oficiales, lo que le permitiría al gobierno establecer un enemigo constante, cuya oposición legitimaría cada una de esas medidas, más o menos inocuas, transformándolas en “un modelo de cambio”. A cambio, Clarín recuperaría un lugar de periodismo creíble y combativo junto con, faltaba más, ciertas prebendas que el Informante no supo o quiso detallar.

“Todos conocemos el resultado: gracias a la intervención de la gran prensa, el pequeño impuesto se transformó en el ‘conflicto del campo’. Sin llegar a sacarle un centavo más a los grandes terratenientes o pools —el Informante dijo pools— de siembra, el gobierno consiguió presentarse como un defensor de los intereses populares. Fue una maniobra genial, que nunca habría funcionado sin la participación del Clarín.

“Mi Informante, por fin, insistió en que uno de los puntos débiles de este gobierno es que cree mucho más en la representación de la realidad que en la realidad misma, y considera que toda representación viene de los grandes medios: que creen en los medios de tal forma que si, un suponer, nuestro gobierno creyera parecido, apoyado como está por el Times y el Post tendría que ganar sin duda las elecciones del próximo octubre.”

Hasta aquí, el diálogo entre el espía de la Embajada y el informante anónimo. Cumplo en transcribirlo, como han hecho los grandes diarios del mundo con el resto de los cables wikileakeados. Debo decir de que a mí, por mi parte, personalmente, en lo que me respecta, todo esto me parece rarísimo, y hasta diría que es un efecto más de la incomprensión americana de América Latina, pero la fuente que me lo pasó me juró que era cierto, y que lo único que no sabe es si ahora siguen con ese arreglo o se les desbordó, como un box entre amigos que se va de las manos o una escena de sexo en la
filmación de un culebrón. Aunque, para ser honesto, debo consignar que otro experto consultado me dice que toda la versión es un invento, un globo de ensayo para evaluar el estado actual del periodismo patrio: a ver cuántos lo creen, cómo lo chequean, cuántos hablan y cuántos callan. O sea: una pérdida de tiempo.