La política en Santa Fe está cambiando para asombro de los analistas y dirigentes de distintos sectores de la sociedad. La presencia del Frente Progresista, coalición de partidos que demostró que puede gobernar y transformar, marca un hito en la historia política de Santa Fe. Esta provincia no es la misma de hace tres años e impone nuevos desafíos, no sólo al Frente Progresista, sino a todas las fuerzas políticas.

Es ese cambio cualitativo el que hoy ha elevado el piso en el que debemos dar el debate para las próximas elecciones. La transformación se palpa, se vivencia, y la discusión bajo paradigmas basados en la política del pasado ya no tiene lugar. Los que se oponen a la continuidad de este proceso deben esforzarse en explicar cuál es la alternativa. Explicarla no sólo en expresiones de deseos que la mayoría compartimos, sino que deben decir cómo hacerlo y con quienes.

La educación es la prioridad. El mayor presupuesto asignado en la historia de la provincia y el programa ya fueron apropiados por sus protagonistas: los docentes y los trabajadores del sector.

El Sistema Único de Salud está en marcha. La salud pública marca el rumbo. Nueve hospitales y 80 centros de salud en red consolidan el presente e impide el retorno a la desidia del pasado.

Los trabajadores tienen su ministerio. La Justicia el suyo. Agua y Energía tienen sus empresas publicas que garantizan estos derechos. El Estado se reforma y la seguridad se aborda desde la complejidad que tiene: prevención, más y mejor policía y combate a la desigualdad y al crimen organizado.

La música, el teatro, el cine, el baile, los coros; recorren parques, plazas, museos, escuelas. Ya no se necesita vivir en las grandes ciudades para sentir la cultura. Superamos la discusión si vale la pena hacer La Redonda, el Molino, la Isla de los Inventos o el Puerto de la Música, o invertir en el cine El Cairo, La Comedia, la Compañía de la Media Luna o disfrutar a Norma Aleandro en Rafaela o Mirada Maestra o Perfume de Mujer en cualquier pueblo o ciudad. Ya sabemos que cultura es desarrollo humano y económico.

Los enemigos del gobierno de Santa Fe son la pobreza, la marginalidad y el delito. Las ciudades y comunas gobernadas por adversarios políticos reciben los recursos a través de mecanismos institucionales al igual que las gobernadas por el Frente Progresista. Esto es política de Estado y Santa Fe la tiene en el discurso y en los hechos.

El denominado "viento de cola" que viene del exterior pudo ser aprovechado, gracias a la inversión realizada por el campo y la industria santafesina, sin ellas no hubiese sido posible incrementar el conjunto de la productividad de nuestra economía. El Estado acompaña el proceso con una moderna visión de cadenas de valor.

La honestidad y probidad de los funcionarios públicos es un piso ya conquistado, se hace y no se roba. Los santafesinos no tenemos que elegir entre no hacer y robar. Valor compartido por dirigentes políticos y de la sociedad civil.

El cambio en la política de Santa Fe no solo está en la boleta única, sino en el debate político: hoy sabemos qué provincia queremos ser dentro de veinte años. Las generalizaciones y los buenos deseos no dan respuesta a la falta de viviendas, a la pobreza que miles de comprovincianos padecen, a los trabajadores no registrados, a la falta de infraestructura económica y social que nos dejó el neoliberalismo. Para canalizar estas demandas sociales debemos desear y transformar al mismo tiempo, y lo estamos haciendo.

Aquí no anteponemos ambiciones personales o espacios /egoístas/, creemos firmemente en la construcción de un proyecto común, democrático e integrador donde se privilegie al bien común y donde no haya excluidos. Un proyecto similar al que han desarrollado algunos países vecinos que progresan en lo social y en armonía, sin estridencias ni búsqueda de enemigos que justifique un sectarismo que nos atrasa y nos divide.