ADios gracias aún existe el ágora nacional. Deberíamos agradecerles a los griegos haber inventado la política y las asambleas ciudadanas. Gracias, entonces, Pericles, gracias Demóstenes, y muchas gracias también a Bill Gates, a Mark Zuckerberg y Jack Dorsey, los creadores de la Web, del Facebook y del Twitter, que han impedido que los sátrapas del poder demoren hasta fin de año un definitivo atentado al fútbol argentino. Nosotros los futboleros hemos impedido por la fuerza del noventa por ciento que los burócratas distribuidos entre la dirigencia de la AFA y los mandamases del Gobierno hicieran del deporte nacional una dependencia del Estado. El presidente de Lanús decía en el programa de Mariano Closs que los llamaron del Gobierno y les impusieron la reforma. Pero confesaba que nada podían hacer para impedir su aplicación. Dirigente de uno de los pocos clubes que cuidan el patrimonio de la institución, admitía que, incluso en su caso particular, no podía detener el drenaje de dinero y equilibrar el déficit operativo del club. El fútbol argentino está quebrado, vaciado, a la deriva. La globalización futbolera administrada por la FIFA lo mató. Ni las recaudaciones, ni los sponsors, ni las cuotas societarias, ni la venta de jugadores solventan la existencia de los clubes. El dirigente de Lanús advertía que las transferencias se harán cada vez más escasas, ya sea porque hay menos para vender, y porque la crisis europea incide en los presupuestos de los clubes endeudados. Sólo queda para el náufrago un solo salvavidas: ¡la televisión! El fútbol depende de la televisión, y la televisión es del Gobierno. No del Estado, el Estado no existe, sino del Gobierno que se apodera del Estado y lo usa para sus intereses privados y corporativos. Campeonato Néstor Kirchner, hasta ahora, y en el futuro, la Copa Cristina. Primero se llenó la caja de la AFA mientras los clubes mendigaban. Luego esa caja no alcanzó y se pasó a la caja kirchnerista. Con este sistema de doble caja se somete a los esclavos que aún ostentan el nombre de dirigencia. Frente a este yugo se levantan los héroes que por definición están solos: los responsables de Vélez Sarsfield, Lanús, Godoy Cruz, Estudiantes, que cuidaron sus bienes, promovieron a sus divisiones inferiores, ampliaron las instalaciones, fundaron colegios, se hicieron fuertes en los barrios. A ellos bien gracias, los felicitamos, un aplauso, y luego los mandamos a pasear. La calidad institucional es un lindo emblema para boquitas pintadas, pero sabemos que en el mundo de hoy, de ayer y de siempre, manda el dios dinero, y a quien no lo acepte se lo despacha a jugar a la pelota de trapo al Pasaje San Cayetano.

Fútbol quebrado que al mismo tiempo compra decenas de jugadores, hace contratos millonarios, construye nuevos estadios, se aloja en hoteles cinco estrellas, vende jugadores adolescentes, despide e indemniza técnicos cada semana y disfruta de la fama que le da este idioma nacional de los argentinos. Una vez amparado este desfalco gradual y metódico en el que los presidentes de fútbol gozan de los beneficios de la fama, en que una vez en el sitial de la institución, se rodean de sus guardias pretorianas llamadas barras bravas y organizan sus próximos pasos, que pueden llegar a ser intendencias, gobernaciones, para luego –¿quién no lo sueña?– una presidencia de la nación. El futbolero, mientras esto pasa, sigue gritando el gol que hace y sufriendo el gol que le meten. Porque es así, los futboleros nos hemos bancado todo. El Apertura y el Clausura los hemos sentido en carne propia. Padecimos en las partes más sensibles, que también se abrían y cerraban con dolor, las frustraciones de la Selección nacional. Admitamos que estamos agarrados a nuestra infancia como nenes de pecho y nos desespera ver que nos quedamos sin esta alegría y sin esta pausa que interrumpe la vida seria. Parece que deberemos aceptar que el fútbol de hoy pertenece al mundo del espectáculo y que sus estrellas están en manos de los capitalistas de las zapatillas y de las gaseosas. Pero lo que no nos bancamos es que nos saquen el gol. El gol es nuestro. Es de la historia argentina, es como la bandera. ¡¡¡Gol!!!, así, tres letras que son nuestra identidad que no puede ser deslegitimada. Ese grito no le pertenece a Grondona, ni a Zannini, ni a la familia Kirchner. Resistiremos. No nos importa que la secta de los no futboleros se ría de nuestro llanto por este destete sin preaviso. Tenemos nuestro orgullo. El gol no se mancha. ¡Gloria a los hinchas de River, que dijeron basta!, “volveremos con goles y no con decretos”. No nos importa la guerra mezquina que el monopolio del Estado dice llevar contra el monopolio Clarín y usa esta reforma para sacarle a la empresa sus derechos del campeonato de la B Nacional jerarquizada. Este Gobierno no puede disimular sus deseos de poder total. No se banca ni un River en la B, pero no por River sino por los clientes que necesitan para llenar la urna y los bolsillos. Su sueño es una tiranía bananera. Aunque uno quiera desdramatizar y pensar en los problemas del país, en la pobreza, la educación, en la juventud, siempre se las ingenian para dar estos pasos –supuestamente en falso– para mostrar su voluntad de convertir a nuestra democracia en una satrapía. Ese sueño los llevó a inventar de la noche a la mañana este engendro que esperaban que los beneficiaría en las elecciones y aliviar un poco ese rostro deforme que exhibieron últimamente. Un favor a River, a Independiente, a San Lorenzo, a Racing, a quien fuere que puede arrastrar masas, y la utopía bien urdida. Un futuro en el que la pornografía oficial que auspicia el fútbol con sus imágenes que nos imponen próceres de turno que quieren eternizarse, esta vez multiplicados por cien, en cada repetidora regional y en cada uno de los veinte partidos semanales. Y no sólo eso, sino que los mandatarios provinciales afines tendrán su circo propio, y sus publicidades oficiales también propias, en las que se mostrarán como barones feudales rodeados de la dirigencia futbolera local y las barritas de la zona. Y pobre el que desobedezca y se muestre alguna vez arisco, ya que la plata de la televisión pública tardará en llegar y sufrirá por ello. Todo un sistema de disciplinamiento y de obediencia debida manejado por la Caja central en la que se depositan los impuestos y las cargas de la gente que trabaja, para engordar al pulpo de arriba.

Nos quieren convencer de la inutilidad de la democracia. Lograr que estemos hartos de este sistema de congresales que no sirven para nada. Elecciones al divino botón que cuestan dinero. Es tanto más práctico el sistema de satrapías. Una reina y su corte. El pan y el circo. Mejor que Berlusconi, más genial que los fascismos de los treinta. Un decreto y chau. Gracias Cherquis Bialo. Freud te comprende. Gracias por todo. Hay lapsus patrióticos. Quizá se te ocurra una nueva grandiosidad antes del telegrama de agradecimiento por los servicios prestados. Te propongo la siguiente. Organizá una conferencia de prensa y anunciá que la reforma del fútbol se llevará a cabo tal como fue elaborada, pero que llevará una cláusula que prohíba toda publicidad oficial, ya sea nacional o provincial, ya fuere de obras públicas o de programas de desarrollo, con la veda total de mostrar a políticos en funciones de gobierno o fuera de ellas. F&uac
ute;tbol para todos con política cero. Una vez hecho el anuncio, podrás volver a tu casa con la conciencia tranquila y el agradecimiento de todos los futboleros. River se salva, pero nosotros también.