Lo que voy a narrar a continuación es algo surrealista, pero sucedió, y fua hace apenas algunos días. Jueves soleado, temprano por la mañana me encuentro en tribunales -lugar donde la democracia y las ideas deberían ser defendidas como una trinchera- con la idea de hacer autenticar algunas fotocopias de mi titulo. Llego al escritorio, el Secretario de Oficina sella las copias, y me pide que me dirija hacia la Caja para abonar el arancel. Inmediatamente después de pagar el sellado, y presto para dirigirme nuevamente el escritorio del Secretario para hacer firmar las copias y dar por finalizado el trámite, me increpa una Señora/Señorita: "Ojalá que cuando ejerzas no te drogues". Yo, sorprendido respondo "Perdón?", "Vos sos el que salio en la Tele por el tema de la marihuana, no? Bueno, que espero que cuando te toque ejercer no te drogues, no te da vergüenza andar fomentando el consumo?". Reacción: "Mira baja el tono, y no me faltes el respeto. No tengo idea quien sos", comienzo a caminar hacia escritorio del Secretario con algo de fastidio y vergüenza, ya que este circo fue armado frente a una cola de gente que escuchaba atónita. La muchacha, de unos treinta y tantos, montada en cólera con mi respuesta, empieza a seguirme hasta el escritorio, y con voz alta me dice "Que no me conoces? Soy XXXXX" -no registre su nombre, mi indignación a esa altura por el mal momento nublo mi capacidad cognitiva-. A eso le respondí con un gestito de manos, simil "Talk to my hand". Finalmente la muchacha se fue. Mi cara de sorpresa e impotencia debe haber sido muy contundente, la del Secretario de certificaciones, a quien tenía en frente y había sido testigo privilegiado del hecho, más aún. Le doy las copias, y en búsqueda de algo de complicidad con él me surge preguntarle "Vos podes creer lo que hizo esta mina?". Firma las copias, levanta la vista, y me dice "No le des bola, vos seguí para adelante, seguí caminando". Difícil imaginar una mejor respuesta, apropiada, certera, de alguien que no conozco, y sobre quien no tuve el reflejo de preguntarle el nombre.

No se puede ser ingenuo, y desconocer que la temática de la despenalización es compleja, genera escozor, y divide opiniones. Y por esa misma razón siempre somos muy cuidadosos a la hora de hacer nuestro planteo. A mediados del 2011, Sebastian Basalo, director de la Revista de Cultura Cannabica THC, fue víctima del fanatismo puesto al servicio de un dogma: En un programa conducido por Gerardo Rozín, en el canal C5N, le fue lanzado, en vivo, un vaso de agua en la cara por parte de Claudio Izaguirre, de la Asociación Antidrogas Argentina (Triple A, preferimos no creer que la coincidencia en las siglas sea una casualidad), personaje acercado al líder del Partido Neonazi, Alejandro Biondini. Después del episodio que me toco vivir en Tribunales, puedo decir que tuve mi vaso de agua en la cara. Lo cual, lejos de acobardarme, me da más fuerza e impulso para seguir haciendo planteos, y hablar de este tema, del cual ciertos sectores de poder preferirían no hacerlo.

Cuando hablamos de despenalización y nuevo abordaje de estupefacientes en argentina, nunca lo hacemos con la idea de fomentar o relajar la idea del consumo. Pero tampoco podemos tapar el sol con la mano y negar que las consecuencias que trajo aparejada la ley nacional 23.737, tras 24 años de aplicación, son insostenibles. La misma no fue -ni es- una herramienta útil para combatir el narcotráfico, no ayudó a reducir los niveles de consumo, y multiplicó por las nubes el número de causas penales a consumidores con cantidades mínimas -quienes desde el 2009 se encuentran amparados por el fallo Arriola, que determino la inconstitucionalidad de la ley en esos casos- lo cual provocó una saturación el Sistema Judicial.

Y por otro lado, también es cierto que detrás de la posibilidad de fumar o no un cigarrillo de marihuana se juegan cuestiones conceptuales muy pero muy profundas. Detrás de esto estamos discutiendo nada más ni nada menos que los alcances de nuestra libertad individual, los limites del estado, y la posibilidad que tienen nuestros representantes de imponernos un modo de vida determinado, bajo parámetros decididos por no sabemos quién, creyendo -o queriendo hacernos creer- qué cosa es lo mejor para cada uno de nosotros. Algo muy propio de la modernidad, y de la concepción del bio-poder, en términos de Michael Foucault. El control de los cuerpos, en el marco del aparato de producción económica, y la sociedad de consumo. Combo explosivo.

Lo peor que puede pasarnos como sociedad es caer en el oscurantismo, y naturalizar el ‘que eso no se dice, que eso no se hace, eso no se toca’. Cada vez que lo hicimos tuvimos fuertes retrocesos sociales y culturales. Hoy la realidad determina que existe un problema complejo con el tráfico y consumo de estupefacientes en argentina, y seguir tirando la mugre debajo de la alfombra no ha dado, al momento, ninguna solución. Por eso, a pesar de la intolerancia, a pesar del fascismo disfrazado de razón, hay que seguir militando la despenalización mas que nunca. Tenemos un planteo serio. Fundamentos claros que avalan nuestra posición. Bienvenido el debate democrático.

En fin, para cerrar, me quedo con la reflexión del secretario de tribunales que desarrolle mas arriba. A pesar de que el camino sea sinuoso y este lleno de piedras, hay que mirar para adelante. Y seguir caminando.

Joaquin Antonio Azcurrain
Grupo de despenalización – Juventud Socialista