Emocionalmente, la Presidenta atraviesa tiempos difíciles; políticamente, también. Se siente sola y abandonada por muchos. Lejano parece estar el momento en que, tal vez, se dé cuenta de cuánto hace para aislarse cada día un poco más en la soledad del poder. Sus gritos son moneda corriente. A muchos funcionarios se les hace cada vez más cuesta arriba soportarlos. Sabe que si no continúa en el poder, el kirchnerismo tiene poca vida. Conocedora de los meandros del PJ, es consciente de que muchos de los que hoy le rinden pleitesía emigrarán en un abrir y cerrar de ojos a las orillas de quien ocupe su lugar.

 

En esa eventualidad, descuenta que muchos le pasarán facturas de larga data. “Es la traición”, dice ella. Por todo eso, el “vamos por todo” es una necesidad imperiosa. Y, en pos de ello, hay que hacer lo que fuere. Un buen ejemplo fue lo que pasó en la elección del claustro de graduados de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Cristina Fernández de Kirchner quedó disgustada con la decana, Mónica Pinto, porque no obtuvo de ella el apoyo que esperaba a la reforma judicial. La jefa de Estado se ilusionaba que con el prestigio emanado de un respaldo académico de tal magnitud, tendría un as importante para enfrentar la batalla que se libra en los estrados judiciales que tiene para el Gobierno destino de fracaso. Pinto, de conocida afinidad con el Gobierno, es valorada por su respeto a la pluralidad, hecho que reconocen todos quienes están vinculados con esa casa de altos estudios. Producida la derrota de La Cámpora en el claustro estudiantil, quedaba el de los graduados. Hubo una orden para movilizar a todos los abogados jóvenes de distintas reparticiones del Estado en las que la agrupación mentada por Máximo Kirchner pisa con fuerza. No se escatimaron presiones ni recursos. Hubo combis para todos. El esfuerzo fue en vano: La Cámpora perdió por amplio margen.

 

Los fallos judiciales contra la reforma han comenzado a sucederse en una cuantía que dejan poco lugar a dudas del resultado final que estará en manos de la Corte Suprema, la que ha mostrado una singular determinación para que el asunto quede resuelto en tiempo y forma, es decir, antes de las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias). El discurso del presidente del alto cuerpo, Ricardo Lorenzetti, en el brindis por el Día del Periodista, no dejó lugar a dudas de ello ni de la distancia conceptual con el Gobierno acerca de la importancia de resguardar los valores republicanos.

 


Sergio Berni, el hombre que desde su cargo de secretario de Seguridad maneja el ministerio que formalmente encabeza Arturo Puricelli, debió gastar tiempo y esfuerzo para poder convencer a la Presidenta de lo peligroso que hubiera sido que el partido entre River e Independiente se jugase hoy a las 21.30. “Obsesionada con el programa de Jorge Lanata, Cristina estaba obcecada con la idea y quería que el partido se jugase sí o sí a esa hora; una locura”, confesaba un legislador de activa participación en los menesteres del fútbol.

 

Lo de Puricelli, por su parte, agrega una perla más a la ola de conversos de la que se nutre el kirchnerismo. Algún día se sabrá en detalle cómo fue que este hombre, que se apersonó en el domicilio de Elisa Carrió para denunciar con precisión las maniobras ilícitas con las que el entonces gobernador Néstor Kirchner obtenía dinero que manejaba a discreción, a partir de los fondos de Santa Cruz que había colocado en el exterior, se transformó en un ministro todo terreno en el desvaído gabinete nacional.

 

El hoy ministro supo apoyar a Antonio Cafiero para luego ser un fervoroso acólito de Carlos Menem, en cuya administración ocupó diversos cargos. Luego militó en la Alianza –fue su candidato a gobernador en Santa Cruz– por lo que fue expulsado del justicialismo. Tras la caída de Fernando de la Rúa, se lo readmitió en el PJ y fue designado secretario de Asuntos Provinciales en la dramática gestión de Eduardo Duhalde, cargo al que renunció cuando el entonces presidente eligió como su candidato a Kirchner.

 

En la semana, mientras tanto, la Presidenta ordenó a sus ministros más fieles abocarse a uno de sus deportes favoritos: pegarle a Daniel Scioli. En la medida que el gobernador de la provincia de Buenos Aires prolonga su indefinición, hecho que ha tenido como consecuencia la partida a paso firme de su lado de una parte de La Juan Domingo, que transita ahora por los caminos de Francisco De Narváez, hay un beneficiado que sí habrá de tomar decisiones en estas horas: Sergio Massa.

 

El intendente de Tigre, a quien como es sabido las encuestas le dan muy bien, ha decidido que en estas horas habrá de lanzar su espacio que se llamará Frente Renovador. “Aquí no se hará ni kirchnerismo ni anti kirchnerismo, sino post kirchnerismo”, define con precisión uno de los hombres de las cercanía de Massa que más ha trabajado en el armado de esta estructura. El hombre, de larga trayectoria en el peronismo bonaerense, agrega: “El tiempo y las circunstancias nos juegan a favor. Por lo tanto, en cuanto se confirmen las PASO, Sergio decidirá si se lanza a competir por una banca en la Cámara de Diputados o no”.
Uno de los temas para la próxima campaña habrá de ser el de los fondos. El fenomenal aparato de propaganda del Gobierno sustentado por los dineros públicos que se usarán de manera obscena a mano abierta y sin ningún prurito, exigirá a los opositores grandes esfuerzos y mucha creatividad si es que pretenden igualar tamaña maquinaria.
Así son las cosas en el kirchnerismo: tan cercanas a la Venezuela del chavismo y tan lejanas del ideal republicano consagrado por nuestra Constitución.