El título le cabe a Cristina y también a Sergio Massa. Pero no a Hugo Moyano, ni a Antonio Caló, ni a Hugo Yasky, ya que ellos representan un interés sectorial y es lógico que hayan impulsado y ahora aplaudan la reforma al impuesto a las Ganancias que el gobierno anunció el martes, apropiándose de una bandera que había enarbolado el Frente Renovador y mucho antes que ellos otros partidos opositores.

 


Es muy llamativo que casi toda la dirigencia política partidaria, que –a diferencia de la sindical– se supone que representa el interés general, coincida a favor de una medida que beneficia a personas de ingresos muy superiores al promedio, y que ha generado que sólo uno de cada diez trabajadores en relación de dependencia quede gravado con el impuesto a las Ganancias. Según los datos que aportó Ricardo Echegaray, con el nuevo esquema pagará el 10,2% de los empleados (955.527) y no tributará el 89,8% (8.382.390).

 


Al elevar el piso a partir del cual paga hasta $ 15.000 de salario bruto mensual, quedaron afuera del impuesto alrededor de un millón y medio de personas con sueldos superiores a los $ 8.500 (lo que cobran en promedio los trabajadores en el país), según surge del Sistema Integrado Provisional Argentino. Además, el aumento del 20% del mínimo no imponible para los que ganan entre $ 15.001 y 25.000, benefició a otras 700.000 personas. Todo eso a un costo de casi $ 4.500 millones, si sólo se considera lo que resta del año.

 


La comparación con otros países es muy ilustrativa. Mientras que en la Argentina una familia con dos hijos que gana como el promedio ($ 8.500) está muy lejos de ser gravada ($ 15.000) por Ganancias, en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) una familia en esa condición social relativa paga de impuesto al Ingreso (income tax) el 10% en promedio. En Estados Unidos y Suiza la carga es del 4,5%, en Francia el 8,5, en España cerca del 10, en Australia el 22, y llega a un máximo de 32% en Dinamarca.

 


El nuevo piso de $ 15.000 equivale al 176% del ingreso promedio del país. Y en ese primer escalón el pago de Ganancias es aproximadamente un 5%.

 


¿Qué pasa en otros países con una persona que goza de una condición social relativa similar? El último informe estadístico de la OECD muestra el caso de un soltero que cobra un 67% más que el promedio del país: en Suiza paga el 15% de impuesto al Ingreso, en Francia el 21, en España y Estados Unidos el 22, en Australia el 29, y en Dinamarca el 43%. Para el promedio de los miembros de la OECD la carga es del 21%.

 


Una objeción frecuente a ese tipo de comparaciones es que la contraprestación que el Estado les brinda a los ciudadanos de esos países es mucho mayor. Objeción que puede responderse de dos maneras no excluyentes: invirtiendo el razonamiento para señalar que los servicios son mejores porque la presión fiscal es (en términos históricos, no puntuales) en casi todos los casos mucho mayor; y en segundo lugar considerando que en un país con menor grado de desarrollo el Estado tiene que ocuparse de cubrir más necesidades.

 


Otra posible objeción es que el poder de compra de un sueldo promedio en la Argentina es inferior al sueldo promedio de un país desarrollado, y lo mismo vale para el ejemplo de la persona que cobra un 67% más. Obviamente eso es así; pero para distribuir con criterio de equidad la carga tributaria de un país se debería tomar en cuenta la conformación social de ese país. Con ese criterio, 1) Es razonable que una familia con ingreso promedio contribuya algo; 2) Es muy injusto que sólo paguen Ganancias los que tienen sueldos por arriba del equivalente al 76% del ingreso promedio; 3) luce absurdo que quede gravado nada más que el 10% que más gana.
 

 

Por supuesto que el impuesto a las Ganancias requiere de muchas correcciones. Entre ellas, eliminar exenciones y desgravaciones, modificar las escalas y las alícuotas para darle mucha mayor progresividad (¿comenzando con una alícuota menor al 9% a partir del ingreso promedio y subiendo la máxima hasta 42% para los ingresos muy altos?), y establecer fórmulas automáticas de actualización.

 


El anuncio del martes pasado sólo avanza en sentido correcto con el proyecto para gravar la distribución de dividendos y la ganancia de capital en la compra-venta de acciones y títulos públicos que no cotizan en Bolsa. Pero eximir totalmente de Ganancias a cerca de un millón y medio de personas que tienen ingresos más altos e incluso bastante más altos que el promedio, además de beneficiar a otros 700.000 que llegan a cobrar hasta el triple del sueldo promedio, no contribuye a la equidad distributiva, mientras, por ejemplo, los más pobres siguen pagando un 21% de IVA.

 


Por esa razón, que la medida sea aprobada por la inmensa mayoría de una dirigencia política que se disputa los derechos de autor, y además reciba el beneplácito de la opinión pública, es una clara muestra de la pobre conciencia fiscal que hay en la Argentina.