Diez días atrás, casi treinta mil personas salieron a caminar disfrazadas de zombies por las calles de Buenos Aires. La denominada “Zombie Walk” es parte del fenómeno global, el sueño del nunca bien ponderado George Romero –creador de la mitología pop de estos especímenes–. Y desde el martes pasado, el fenómeno retornó a la TV con la cuarta temporada de The Walking Dead (martes a las 22 por FOX). Se estima que la serie será vista en ciento veintidós países por más de doscientos millones de personas.

 

Serán dieciséis episodios que, a la Breaking Bad, se emitirán en dos tandas de ocho. Rick (Andrew Lincoln) lidera a los habitantes de Woodbury hacia una prisión como refugio que va ser sitiada por “los caminantes” a los que machacarán como es debido. Además de su alto grado de drama y tripas, también está confirmada la vuelta de “El Gobernador” (David Morrisey), el siniestro personaje que mandaba con puño de hierro a los sobrevivientes, e iba a durar sólo una temporada. Después de mandar a asesinar a los suyos es buscado por sus lugartenientes. No tardará en resurgir.

 

Para los que están recluidos, los problemas no vendrían de afuera sino desde la microcomunidad. “Si alguien está enfermo, por cualquier tipo de enfermedad contagiosa, o algún fluido corporal, sí que será una mala noticia”, deslizó su productor Scott M. Gimple a The Hollywood Reporter.

 

 

Fuente: Página/12