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jueves 5 de agosto de 2021

¿Se puede vivir sin internet y redes sociales?

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Smartphones conectados a whatsApp, Facebook y Twitter, pantallas siempre online. ¿Se puede volver a una vida offline? Lectores de Infobae contaron su experiencia.

 

¿Es posible no tener cuenta en Facebook, asistir a un cena sin mirar el celular sabiendo que nada importante llegará al teléfono en ese tiempo o evitar fotografiar una rica comida y compartirla en Instagram?

¿Se puede vivir desconectado? El periodista del sitio especializado de tecnología de The Verge Paul Miller se animó y se sometió a este desafío difícil por un año. Según contó en su blog, dejó de estar online porque pensaba que se estaba transformando en una persona improductiva, impaciente y que estaba “corrompiendo” su alma. Con esta idea, buscaba ser más “real”. Con 26 años, confesó que había sido consumidor compulsivo de internet desde que tenía 12 años. También buscaba “descubrir lo que internet había hecho” de él durante estos años.

“Puedo decirles que un amigo de Facebook es mejor que nada”, sentenció Miller después de un año offline.
Apagó su router, cambió su smartphone por un celular básico y se sintió libre. Dos semanas más tarde, empezó a participar de actividades que su hiperconexión nunca le hubiese permitido. Aseguró que su vida se “llenó de acontecimientos”, como “encuentros con personas en la vida real y aseos”.

Confesó que se sentía un poco solo y “bastante aburrido”. No obstante, “la ausencia de estímulos constantes” lo ayudó a concentrarse “en las cosas que realmente importan, como escribir y pasar tiempo con los demás”.

“Me di cuenta de que estaba más al tanto de los demás en este momento”, afirmó.

En mayo de 2013, volvió al mundo online.

“Es posible que pierda el tiempo, que me distraiga o que haga clic en sitios inadecuados, y seguramente no tendré tiempo de escribir la gran novela de ciencia ficción americana. Pero al menos estaré conectado”, concluyó.

La licenciada Diana de Litvinoff, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, explicó que estar conectados “no es el problema, pero lo es cuando el uso de una red social como Facebook” se convierte en un fin -no en un medio de comunicación- en sí mismo que altera las relaciones interpersonales”.

“Si te vas de vacaciones y estás pensado en la foto que vas a publicar en Facebook, en vez de vivir el momento”, ejemplifica Litvinoff , autora del libro El sujeto escondido en la realidad.

Es incuestionable que nuestra vida es más fácil gracias a la tecnología, pero también tiene su lado perjudicial.

La adicción a las redes sociales y a los dispositivos electrónicos es real y está siendo reconocida por profesionales de la salud mental. Usuarios de todo el mundo sufren de nuevos males causados por internet.

Meses atrás, fue furor el corto I forgot my phone (Olvidé mi teléfono) que muestra un día de una chica que está sin celular y descubre que su círculo íntimo vive pendiente de su teléfono.

En distintas situaciones, se refleja esta obsesión por los dispositivos. Los usuarios no paran de sacar fotos, grabar videos, chatear o mandar mensajes en momentos como un cumpleaños o en un recital.

El corto, escrito y protagonizado por Charlene de Guzman, señala que las nuevas tecnologías nos permiten “estar siempre conectados”, pero al mismo tiempo “nos aíslan”.

Esto lo anticipó el filósofo Marshall McLuhan en su libro El medio es el mensaje, en el que explica que las nuevas tecnologías cambian nuestra percepción sobre la realidad y nuestra manera de relacionarnos con los demás.

En una entrevista con Infobae, la licenciada Adriana Guraieb, psicoanalista, aseguró que el uso desmesurado de la PC o el celular es un comportamiento que apunta al “aislamiento”, a no querer ver la realidad.

Estudios han indicado, por ejemplo, que sitios como Facebook o Instagram pueden causar sentimientos negativos por su mal uso o empleo excesivo. Algunas personas se deprimen porque tienen muchos “amigos”, otros por la falta de ellos. En tanto, la revisión cotidiana de las fotos en la aplicación fotográfica también puede generar tristeza y envidia.

En la semana, le preguntamos a los lectores de Infobae por Facebook: “¿Alguna vez pensaste cerrar alguna cuenta en redes sociales (Facebook, Twitter, etc.)? Si lo llevaste a cabo, ¿qué cambios notaste en tu vida diaria?”.

“Tengo 18 años y uso todos los días, desde que me levanto hasta que me acuesto. Uso Facebook, Twitter, Tumblr, Blogger y de vez en cuando Instagram. Hace tiempo me mudé de casa y no tenía internet y tampoco celular. Me sentía desconectado del mundo, todo el tiempo necesito saber qué hacen las otras personas y, aunque no hablé todo el tiempo con la gente, saber que está ahí conectada me hace sentir bien. Fue deprimente no tener internet, pero luego de un tiempo te vas adaptando, no es el fin”, escribió un lector.

¿El que se va de Facebook y Twitter vuelve sin que lo llamen?

“La cerré por varios meses y no hubo gran cambio, pero hay una cierta desconexión del mundo, ya que ‘todos’ usan Facebook. Cuando volví, la renové: eliminé fotos, publicaciones antiguas, etc., para dejar la cuenta más seria (la tengo desde 2009 mas o menos)”, escribió uno de los usuarios en la cuenta de Infobae en la red social. “Muchas veces pensé en cerrarlo al Facebook. Pero es un medio de comunicación, aparte de la TV, radio y diario. Yo no me veo sin Facebook, me vería aislada de la sociedad. Es parte de nuestra comunidad”, apuntó, en tanto, otra usuaria.

“Lo cerré hace un par de años. Pero luego me di cuenta de que todo el mundo volcaba su vida en Facebook y pensé que me perdía de algo. Se hace adictivo y no sé por qué. Muchos debemos tener contactos que no conocemos personalmente y, sin embargo, compartimos nuestras cosas de una manera tan hipócrita, los cruzás por la calle y no te dan ni el saludo. Ahora lo tengo activo, con ‘amigos’ de todo tipo, pero tengo las listas configuradas para compartir lo que yo quiera con quien quiera. Quizás sea como ICQ, MSN y los chat que fueron furor en un época y ¡ya nadie los extraña! ¿Qué vendrá después de Facebook?”, comentó una lectora.

Algunos intentan “volver” a la vida real teniendo menos perfiles en las redes sociales. La elección de la cuenta que eliminar parte de la pregunta ¿cuál voy a necesitar o “extrañar” menos? “Cerrando la cuenta de Twitter, no sentí cambio en mi vida porque no la usaba demasiado. Ahora, con la de Facebook sí lo sentí un poco más, porque es mi contacto directo con gente que no puedo ver diariamente”, contó una usuaria.

Los vínculos personales están online
“Es verdad que los niños y adolescentes pueden disminuir su rendimiento escolar si se hacen adictos a juegos virtuales o dedican demasiado tiempo a averiguar cuál es la consideración que tienen sus amigos hacia ellos. Es cierto que muchos adultos pueden dedicar horas a una relación amorosa virtual y descuidar a su pareja, que mira la máquina como si fuera la responsable del desencuentro. También es cierto que en una clase, en la mesa familiar o en un encuentro con amigos, estar pendiente del celular pueda perjudicar la atención que merecen (o no) los que allí se encuentran.”, señala Diana de Litvinoff en su trabajo titulado “El mito de la desconexión de los ‘conectados'”.

Sin embargo, explica que “las faltas de atención, las desconexiones, la infidelidad y las distracciones no han sido inventadas por internet. Se trata de un nuevo medio de defenderse de la estimulación cotidiana que agobia, de los profesores aburridos, de los cónyuges reacios al encuentro amoroso, de los padres absorbentes”.
“Por las redes circulan banalidades y temas filosóficos, pornografía y poesía, la gente escribe y busca definir un perfil ideal a través de fotos y videos. Circula lo mejor y lo peor del ser humano, como en todo medio de expresión (…)”, concluye.

Te invitamos a dejar tu comentario sobre vivir offline. Si tuvieras que prescindir de alguna conexión, ¿cuál de ellas elegirías?

 

Fuente: Infobae

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