El músico español, en una entrevista, deslizó la posibilidad de no volver a subirse a los escenarios. Afectado por un deterioro personal y por la crisis social española, incluso, afirmó que podría venir a vivir a Latinoamérica.

 
Muy crítico de la situación actual de España, Joaquín Sabina habla de una despedida de su larga y exitosa carrera porque siente un deterioro tanto social como personal y especula con irse a vivir a su querida América Latina.

“No sé hasta cuándo aguantarán los españoles. Somos resignados pero, carajo, nos están meando en la sopa una y otra vez”, se enfada el cantautor ante el especialista Diego Manrique de El País, en una entrevista publicada hoy.

“La verdad es que puedo vivir perfectamente sin volver a pisar los escenarios: eso hay que dejárselo a los chavales. Mis nuevas canciones hablan del deterioro, tanto social como personal. Puede que sean la perfecta excusa para una gira de despedida. Una despedida de verdad”, confía Joaquín.

Sabina atesora una brillante producción discográfica con más de 20 creaciones y anticipa que esta organizando una nueva entrega para su vasto público que trasciende España y fascina millones de latinoamericanos.

Diego Manrique comenta que “de alguna manera, también en Joaquín Sabina (Úbeda, 1949) se advierte hoy un desinterés, un cansancio soberano; en su caso, por la música. Hay un nuevo disco en marcha, aunque se lía al explicar una de sus canciones: “Te gustará, está dedicada al difunto Tom Waits… ¿cómo? perdón, hablo del tipo que murió este verano. Eso: J. J. Cale. ¡Si el tema se llama Cuerpo de jota jota!”. No se asombren, son cosas del desapego. Si voy a ser sincero, hace meses que no pongo un disco. Estoy comprando la colección de los Beatles que saca EL PAÍS pero no los escucho. El primer domingo, estuve a punto de poner Sgt. Pepper pero finalmente me dio pereza, no ando yo muy psicodélico”.

Sabina admite que “de vez en cuando encuentro algún concierto en algún canal raro de la tele y lo dejo un rato. Vi uno de Bruce Springsteen. También a bandas nuevas que no me dejaron marca, ni siquiera recuerdo los nombres. La TV siempre está puesta, sin sonido pero con el mando al lado, por si sale algo que me llama la atención”.

El artista confía que se duerme arrullado por el canal todo noticias: “Así, cuando me despierto, ya he asimilado las principales noticias”. Después, España. “¡Hablo en serio! Me contaron que Rafael Alberti, cuando volvió a España, tenía siempre preparada una maleta, por si había que salir de naja. Yo comparto ese miedo, a que ocurra un golpe o una revolución y también tengo una maleta para emergencias. Seguramente es el miedo del pobre a que le quiten lo poco que tiene”.

Tiene claro Joaquín que si llega la hora de la espada le gustaría exiliarse en Latinoamérica: “Me gusta cómo hablan el español pero también sus bailes, las caderas de las mujeres, el alcohol, los sentimientos que se expresan de forma rotunda, todo”.

Habla de las mujeres que revolotean, cuidándolo, en torno suyo. “Me dejo llevar por ellas: no conduzco ni tengo móvil. Tampoco uso Internet, ¿para qué? Lo importante acaba filtrándose a la prensa de papel; el resto no me interesa. Ni siquiera la pornografía, y eso que siempre defendí las películas guarras. Detesto el porno actual, con esos cuerpos depilados. A mí, dame pubis rizados y braguitas con ligueros (risas)”.

Su nuevo libro, “Muy personal”, ya se vende con éxito, como siempre. Una colección de textos, dibujos, notas, opiniones y recuerdos. “Está pensado como regalo de Navidad para los muy sabineros”.

“Había firmado con Planeta un libro de memorias. No una cosa ambiciosa, como el Crónicas de Dylan; más bien, un anecdotario. Pero resulta que soy un inútil para la prosa. Pasé un mes trabajando y no me da vergüenza reconocer que no me salió nada. Estoy muy mal acostumbrado por mi otro empleo, como poeta de guardia, al filo de la actualidad. Para mí, escribir un poema es como resolver un crucigrama: las leyes de la rima te van llevando y así disimulas la falta de grandes ideas”.

Entregó a Ángeles Aguilera, la editora de Planeta, unos cuadernos donde acumula “anotaciones y garabatos, con mucho colorín”. La selección fue cosa de la editorial, advierte: “Con tantos culos y tetas, van a pensar que soy un salido. Bueno, también aparecen muchos gallos y alguien me hará una lectura freudiana. Me basta con que reconozcan que soy mejor artista gráfico que Dylan (carcajada)”.

Diego Manrique retoma el tema musical y Sabina explica. “En general, las nuevas canciones hablan del deterioro, tanto social como personal. Puede que sean la perfecta excusa para una gira de despedida. Una despedida de verdad, aunque haga luego cosas puntuales, como Miguelito [se refiere a Miguel Ríos]. La verdad es que puedo vivir perfectamente sin volver a pisar los escenarios. Eso hay que dejárselo a los chavales”.

No le conmueve el listado de artistas venerables que siguieron al pie del cañón, dice Manrique.: “Georges Brassens nunca fue joven. Lo mismo que Leonard Cohen, esencialmente no cambiaron desde su primer elepé”. ¿Y el tan citado Dylan? “Yo creo que Zimmerman gira por aburrimiento, no hay nada que le retenga en casa. Yo tengo mis libros, mi mujer, mis amigos. Quizás mi frase más citada sea la de ‘como fuera de casa, en ningún sitio’. Ahora mismo, ya no firmaría algo así”.

 

Fuente: Clarín