Mediante el uso de sensores instalados en un coche, la compañía alemana Bosch presentó un desarrollo que permite aparcar un vehículo desde un dispositivo móvil, sea un teléfono o una tableta.

 

 

La vida del conductor con dificultades para estacionar su vehículo puede ser tortuosa: ¿cuántas veces debe pasar de largo por ese único espacio disponible porque es demasiado estrecho para sus habilidades? ¿Cuántas maniobras de más le lleva aparcarlo ante las miradas socarronas de terceros?

 

Pero sus miserias podrían acabarse pronto, de la mano de la tecnología para la automatización de vehículos. Mientras las calles esperan por los autos sin conductores, largamente en desarrollo, ya están a la mano algunas aplicaciones para facilitar distintas funciones del manejo, entre ellas el estacionamiento.

 

La empresa alemana Bosch presentó un programa específico en la feria de tecnología que tiene lugar en estos días en Las Vegas, el Consumer Electronics Show (CES) de 2014: una aplicación que permite que un auto encuentre su espacio entre otros dos y termine de estacionarse en unas pocas maniobras sin necesidad de tener alguien al volante.

 

La aplicación, llamada Automatic Parking Assistant (Asistente de Estacionamiento Automático), puede ser activada de manera remota por el conductor mediante un teléfono celular inteligente y funcionará en vehículos con capacidad de internet inalámbrica (wi-fi).

 

Sin embargo, en su presentación, los fabricantes no detallaron cuándo estará disponible para los usuarios.

 

 

Con ayuda de sensores

 

 

El procedimiento se basa en 12 sensores ultrasónicos y cámaras de video incorporadas al vehículo. Y la aplicación cargada en el teléfono debe ser alimentada con información sobre el modelo específico, para tener las dimensiones y otros detalles del auto por estacionar.

 

Hace un año, la empresa Audi atrajo la atención de los expertos en tecnología de la CES 2013, con uno de sus modelos con capacidad de estacionarse a sí mismo mediante sensores.

 

Como se ve en el video que acompaña a esta nota, al encontrar un espacio vacío, el conductor se puede bajar del vehículo y dar la instrucción para que éste comience a operar en modo automático.

 

Una vez activado, el sistema toma el control del volante, los cambios de marcha y los pedales, sin intervención humana alguna.

 

Una versión anterior del programa de Bosch permitía que el auto operara su propio volante, pero el conductor debía ocuparse de la palanca y los pedales. Hay sistemas de este tipo en unos 200 modelos disponibles en el mercado.

 

A esperar

 

La utilidad del programa, dicen sus fabricantes, es mayor en aquellos países donde los espacios de estacionamiento son estrechos, como ocurre en Europa.

 

Y prometen una segunda generación de la aplicación que será capaz de encontrar huecos para aparcar por sí sola: un verdadero valet parking automático e invisible.

 

Que permitirá, por ejemplo, que el dueño del auto se baje y lo deje apenas traspasar las barreras del estacionamiento, sin preocuparse por buscar un lugar disponible. O que lo pueda sacar sin problemas si, por ejemplo, otros vehículos se han estacionado muy cerca sin dejarle espacio para maniobrar con comodidad.

 

Sin embargo, si quiere aprender a estacionar tal vez no sea mala idea intentarlo por los métodos tradicionales: el software de Bosch no estará disponible al menos hasta 2015 y la compañía aún no ha identificado qué automotrices podrían incorporar la función en sus modelos salidos de fábrica.

 

Los expertos más escépticos señalan que la solución tecnológica puede funcionar muy bien en entornos controlados y a baja velocidad, pero no necesariamente en las calles ajetreadas de las ciudades, en lugares con mucho flujo de vehículos o ante imprevistos, como la aparición súbita de un perro en el espacio por ocupar.

 

Y pronostican que pocas compañías de seguros estarán dispuestas a cubrir posibles accidentes relacionados con las labores de estacionamiento de un auto sin conductor al volante, a menos que sus pólizas tengan cláusulas especiales o aumenten su costo sensiblemente.

 

 

Fuente: La Nación