Anoche terminó “Solamente vos” (El Trece), la tira de Pol-ka que protagonizaron Natalia Oreiro y Adrián Suar. Contradicciones de televidente, mientras veía el último capítulo me decía que ése era el final que merecía el programa, me gustaba muchísimo y, sin embargo, no conseguía disfrutarlo a pleno a causa de una nostalgia anticipada: sé que lo voy a extrañar.

 

Eso es lo malo de las buenas ficciones: a poco andar, les hacés un lugar en tu rutina diaria y cuando terminan, no te causa ninguna gracia saber que al día siguiente, por mucho zapping que hagas, los personajes faltarán a la cita. Pero en fin, para echarlos de menos ya habrá tiempo esta noche, así que ahora, mejor intercambiemos opiniones sobre el último episodio y los motivos del éxito que tuvo “Solamente vos”. Les cuento mi parecer.

Lo mejor del final fue que guardó coherencia con todo el desarrollo de la tira. En la despedida, los personajes siguieron siendo quiénes eran, nadie se volvió ángel ni demonio en el último minuto. Juan (Suar) y Aurora (Oreiro) encararon la mudanza de Buenos Aires a Pilar. La vivieron a la manera de los Cousteau: con problemas a cada paso. Tanto que no llegamos a verlos instalados en la nueva vivienda porque la camioneta que los trasladaba tuvo un desperfecto y, puestos a esperar el auxilio, decidieron hacer un asadito en el camino. Allí, todos juntos, cantaron y bailaron. ¡No podía faltar el musical, un clásico de la tira! Esta vez, el artista invitado fue Coti Sorokin, autor e intérprete de la cortina musical del ciclo. Así se despidieron del público los Cousteau: a puro ritmo, celebrando y conscientes de que seguirán transitando encuentros y desencuentros, como es costumbre.

De hecho, un rato antes, La Polaca (Muriel Santa Ana) había hecho gala de sus celos preguntándole a su ex marido Juan: “¿Cómo voy a estar integrada en la nueva casa?; “¿Vos y yo cuándo vamos a hacer el amor?”. “Yo voy al lado de ustedes siempre; yo estoy pegada a vos”, le advirtió. Y claro, a una ex como ella no podría frenarla ni yéndose a vivir del otro lado del océano. Así que imaginate lo que les espera a Aurora y Juan con unos pocos kilómetros de distancia…

Esa corta distancia se le antojó inconmensurable a Eugenio (Joaquín Flamini), que no logra aceptar a los gemelos de su padre y Aurora. “Nunca me diste bola y encima ahora están estos dos pendorchos nuevos que te salieron”, le recriminó a Juan. Daniela (Lali Espósito), fiel a su estilo solidario, corrió a ayudar a su padre y la peluquera apenas supo que estaban varados. La desbordada Denise (Marina Bellati) se las ingenió para hacer lo que sólo ella puede hacer: contarle a su hermano Juan la noticia que le hace feliz —está embarazada— como si se tratara de otra prueba de que el mundo conspira para perjudicarla. Aurora y Juan tuvieron, por supuesto, una escena romántica, fascinados por la familia que armaron, jurándose que habrán de recorrer unidos el resto del camino.

Personajes bien definidos, con alma, de esos que te llevan a compartir sus aventuras y desventuras como si todo le ocurriera a tu vecino. Ésa es, a mi modo de ver, una de las razones del éxito de “Solamente vos”. Los autores —Lily Ann Martin, Marta Betoldi, Daniel Cúparo— y su equipo diseñaron personajes a escala humana, les dieron el lenguaje de la gente de carne y hueso, les concedieron comicidad, drama y romanticismo en dosis adecuadas. Y el elenco fue un lujo: cada quien interpretó a su personaje con tal solvencia que sería imposible imaginar otro casting para “Solamente vos”. Les digo más: espero no cruzarme a Adrián Suar durante mucho tiempo, porque al día de hoy, para mí él no es otro que Juan Cousteau, y no quisiera pasar el mal momento de que las circunstancias me recordaran que es programador, productor, actor ni ninguna otra cosa que el marido de la bella Aurora, el ex de La Polaca, el papá de siete hijos y el hermano de Denise. En suma, un elenco de lujo que, dirigido por Jorge Nisco y Martín Sabán, funcionó como un dream team.

Dicen que las historias de amor sólo resultan convincentes cuando la pareja protagónica tiene lo que llaman “química”, una complicidad que traspasa la pantalla. Si es por eso, les digo que ya mismo me pondría a ver otra novela con la dupla Oreiro-Suar. Lo decían también anoche en Twitter muchos de aquellos con los que durante estos meses compartí la ceremonia diaria de sentarnos a ver “Solamente vos” y comentarlo. A ellos también los voy a extrañar: ventajas del siglo XXI, gentes de las que no conocés más que los nombres con los que se presentan en las redes sociales pasan a ser tus compañeros fieles a la hora de seguir una ficción.

 

 

Fuente: Clarín Digital