El conductor conversó con Personajes.tv acerca de su alejamiento de Radio 10, su visión política y la soledad que lo circunda.

 

 

Un duelo. Así, sin tapujos, se refiere Oscar González Oro cuando habla de los sentimientos que le despierta su alejamiento de Radio 10 , la emisora que lo erigió como uno de los conductores más exitosos de los últimos 15 años.

“Todavía estoy elaborando esto, no me cayó la ficha porque no estuve en Buenos Aires”, le contó “el Negro” a Personajes. tv durante la presentación de prensa de Los unos y los otros , el programa que lo verá volver a la televisión abierta a partir del próximo lunes. “Cuando termine de elaborar el duelo veré qué hago con la radio. Por ahora tendré a la tele dándome un abrazo que necesitaba; y como América es una casa que conozco muy bien, estoy feliz”.

-¿Cómo es encontrarse con esta rutina nueva fuera de la radio?

-La verdad es que todavía no la encontré, la estoy buscando. Me cuesta, sí. Hoy me compré un reloj despertador porque el que tenía estaba viejo, y cuando lo puse a las 9 de la mañana fue raro, porque hace 16 años que viene sonando a las 6.

-¿Cuánto tiempo le llevó tomar la decisión de dejar la radio?

-Más de un mes. Hice consultas con mis amigos, con la gente que me rodea, consultas populares a través de Facebook… Creo que la gente tiene derecho a opinar, porque fueron ellos los que me hicieron ser el número uno de la radio. Les di el derecho a opinar y el 90 por ciento me pidió que me fuera.

-¿Ya no se sentía cómodo en Radio 10?

-No, porque cambió la radio, para bien o para mal. Entonces, si cambia el contexto, es probable que yo también tenga que cambiar.

-¿Percibió el año pasado una atmósfera de censura directa o indirecta que lo condicionara o lo incomodara?

-Conmigo no. Yo nunca tuve una bajada de línea, siempre opiné de lo que se me cantaba, se que Chiche Gelblung también, Antonio (Laje) hasta que ocurrió lo que ocurrió también. Pero me parece que la Argentina está muy violenta, está enfrentada y si no pensás igual a mí sos mi enemigo. Y no es así; vos podés pensar distinto a mí y tomar un café y llegar a un acuerdo o no.

 

-¿Desde dónde está instigada esa violencia?

-La violencia siempre se da de arriba para abajo, no al revés.

-Y usted se incomodó con eso, más aún cuando Marcelo Longobardi fue despedido …

-Claro, yo pagué el costo enorme de quedarme cuando “Longo” se había ido y ahora no voy a pagar el costo de que Laje no esté. No tengo ganas. Ayer hablé con “Longo”…

-¿Qué le dijo?

-Me preguntó cómo estaba, le dije que estaba en una nube gris que todavía no puedo limpiar. Y me dijo: “A mí me pasó lo mismo pero después pasa. Vas a estar bien”. Soy amigo de “Longo” desde hace muchos años, y por más que estemos en radios distintas vamos a seguir siéndolo.

-Usted es una persona que siempre ha contagiado alegría a través de su programa. ¿Siente que fue perdiéndola en el último tiempo?

-No, creo que no. Creo que hasta mi último programa, que fue el 13 de diciembre, tuve la misma energía que puse el 4 de enero de 1999, cuando empecé con El Oro y el Moro . En la radio no perdí la alegría, pero en la vida probablemente sí.

-¿Recibió ofertas de otras emisoras?

-Estoy en conversaciones. Tengo ofertas de tres radios, pero no voy a decidir ya; no me voy a divorciar hoy para volver a casarme mañana.

-¿Siente que las autoridades de Radio 10 están descuidando a su propia programación?

-No lo sé, pero son dueños de la radio. Yo no tengo una sola acción, y por lo tanto, tengo que acatar las decisiones que toma un directorio. Lo que sí sé es que no hicieron de la mejor manera los cambios que querían llevar adelante; las cosas se pueden hacer bien o mal y ellos las hicieron mal.

-¿A qué atribuye la baja de audiencia del año pasado?

-A que la gente se enojó. Eso también tiene que ver con la violencia, porque la gente te pone un rótulo y después cuesta mucho tiempo sacárselo. Alguien dijo: “La radio es kirchnerista”. Yo nunca fui kirchnerista, Chiche nunca lo fue tampoco. Nosotros transmitimos la realidad, no la inventamos. Vos ves que un día salen a decirle que no van a cobrar el 35 por ciento en el dólar tarjeta y al otro día dicen que sí lo van a cobrar, todo eso crea violencia en la gente y la gente se enoja con el que puede.

-El año pasado se difundió un mensaje suyo en Facebook, muy triste…

-No, hice un ensayo sobre la soledad pero todo el mundo pensó que me iba a suicidar. No lo van a lograr (risas). Fue un ensayo sobre la soledad en el que obviamente me involucré, pero es un fotograma de una película enorme. Un día completo es una película, y en ese momento escribí sobre la soledad y probablemente a las dos horas estaba compartiendo un vino con un amigo. La verdad es que miro alrededor y estoy solo porque mis hijos viven afuera… Pero no es algo traumático.

-¿Esa soledad tiene que ver con la caída en la audiencia que sufrió el año pasado?

-No. La felicidad nunca la voy a buscar en la radio; la radio es un trabajo. Soy como el cajero de un banco: de 9 a 13 soy conductor y después viene la vida. No le puedo pedir a la profesión que me dio fama, prestigio y dinero que encima me haga feliz. La felicidad la tengo que buscar afuera, en otro lado.

-¿Qué cosas disfruta cuando estás fuera del aire?

-Escuchar música, leer, seguir estudiando piano, ver cine, mirar documentales… A mí me nutre todo eso. Yo no soy de ver televisión abierta pero no por tener una pose cool , sino porque veo una biografía o una serie y saco cosas de ahí. Ahora estoy viendo Breaking bad y es fascinante la cantidad de temas que salen de eso.

-Hace unos días, en una entrevista dijo que consumía “mucho cine y porro”…

-No, no dije eso. Me preguntaron si veía televisión abierta y dije que no, que veía mucho porno y cine. El periodista me entendió porro y puso porro. Yo no fumo porro, si fumara lo diría aunque (Eduardo) Feinmann se enoje. Porno veo mucho, eso sí.

-¿Va al cine o mira películas en su casa?

-En casa. No voy al cine desde hace veinte años, porque la gente me toca el hombro en el medio de la película, me pide un autógrafo, me saca una foto. Tampoco me voy a disfrazar para ir al cine.

-¿Cómo espera el debut de Los unos y los otros , su regreso a la televisión abierta ?

-Con ansiedad, con nervios, con expectativa, con buena onda. Estoy contento. Es un programa que veía y que me gustaba, me gustaba el laburo de Andrea (Politti) y nunca me imaginé que iba terminar conduciéndolo porque ella lo hacía muy bien, sin dudas.

 

-¿Qué es lo que más le gusta del formato?

-Que no tiene que ver con la realidad del día, que es una isla dentro de la programación. Ahí no se habla de dólar, ni de ministros, ni de gobernadores, sino que se trata de problemas puntuales de la gente; tiene que ver con la solidaridad, con búsquedas, con el amor.

-¿Va a tener cambios?

-Tiene secciones nuevas. Una se llama “Te perdono”, otra “Lo que siempre te quise decir y no te dije”, y otra que tiene que ver con solucionarle el problema en vivo a alguien; si alguien necesita una silla de ruedas, llamaré por teléfono a algún amigo mío que pueda colaborar y al aire lo comprometeré. Eso me parece maravilloso, solucionar en el día porque si no me transformo en un ministerio que tiene que abrir un legajo para conseguir algo.

-¿Cuál cree que será su mayor aporte al programa?

-La impronta que le voy a dar, que no es ni mejor ni peor que la que le dio Andrea. Siempre trato, por más grave que sea la situación, de ponerle un poquito de humor para que la gente que la está pasando mal se ría. Yo creo que el humor siempre sana.

-¿Va a llorar?

-Mucho.

-¿Le tiene miedo a la competencia con el boom de Avenida Brasil ?

-No, me encanta. A mí me gustan los desafíos. Lo que no me gusta es la rutina, y quizás la radio se había transformado en eso…

-¿Siente que a pesar de este exceso de comunicación en el que vivimos la gente se encuentra más sola o aislada?

-Sí, cada vez más. Me parece que esta comunicación a través de Twitter o de las redes sociales nos aleja como personas. Hoy la gente hace el amor por Skype, una locura. Yo ahora abrí una cuenta en Twitter y creo que la voy a cerrar, porque es terrible, se putea mucho. Uno publica algo y siempre hay alguien puteándote y deseándote que tengas cáncer. Una cosa fuerte…

-Jugando con las secciones nuevas del programa, ¿a quién le diría “te perdono”?

-Se lo acabo de decir a un sobrino mío al que crié y siento como un hijo. Estuve siete años sin verlo y hace tres meses me agarró la locura y le escribí un largo texto en Facebook sabiendo que en algún momento lo iba a leer. Me contestó y me dijo que estaba viviendo en España; fui a verlo, lo hice “bajar” a mi hijo Agustín que vive en Londres y nos juntamos los tres. Lo perdoné y me perdonó, porque yo también fui injusto al enojarme con él.

-El año pasado, sin Marcelo Tinelli al aire, fue Jorge Lanata el que más midió en la tele. ¿Cómo lo vio?

-Me hizo preguntarme qué ve la gente cuando ve a Lanata, porque si hizo tal cantidad de denuncias a lo largo del año… ¿Y qué pasó después? Estamos en una sociedad tan rara que Lázaro Báez sigue caminando por la calle como si nada. En cualquier otro lugar del mundo eso no pasa, pero acá se hacen denuncias graves y todo sigue igual. Tenemos un vicepresidente que está siendo sospechado ¿y pasa algo? No funciona un sistema así.

-En su momento criticó a Fabián Doman por exponer tanto su vida privada. ¿Qué le molestó, específicamente?

-Nunca tuve una relación demasiada estrecha con él, simplemente me pareció que se fue de mambo y que eso no le hace bien a su imagen. Si me enojé es porque en el fondo me gustaba Doman conduciendo un noticiero en el canal, me parece que lo hacía muy bien, y pasar de ahí a mediatizar todo un divorcio…

-¿La fama es adictiva?

-Una vez me dijo algo Cacho Fontana: “Cuando el maquillaje te entra al cerebro, te hace mucho mal”. Y me parece que hay gente que cuando la maquillan le pasa algo en el cerebro y esto de la exposición te hace perder imagen. Doman puede hacer con su vida lo que quiera, es un tipo grande, pero mediatizar tanto un divorcio con una señora que tampoco es Jacqueline Bisset. Lo digo en cuanto a la fama, ¿eh?

 

 

Fuente: Personajes.Tv