Con un abrazo entre Guillermo (Julio Chávez) y Pedro (Benjamín Vicuña), terminó anoche “Farsantes”, la tira de Pol-ka que emitió El Trece.

 

 

 

Guille, que no ha tenido paz desde la muerte de su gran amor, lo imagina parado frente a él, en la cocina de su casa, y le llora su desconsuelo. Pedro sonríe y le pide que vuelva a ser feliz. “No pasa nada, sólo estoy del otro lado del camino”, lo reconforta. Conmovedora, la escena —que Vicuña grabó para el cierre, a pesar de haber dejado el programa hace ya muchos meses— reafirmó cuánta potencia tenía la historia de amor entre esos dos abogados que se frustró muy pronto, con la partida de Benjamín y el consecuente asesinato de Pedro. “Un orgullo ser parte de esta despedida #Farsantes. Gran capítulo final. Gracias por tanto”, escribió el actor en su cuenta de Twitter (@benjavicunamori ) mientras salía al aire el último episodio.

 

Tan intenso fue lo que transmitió esa pareja que, como bien recordarán, tras la muerte de Pedro, los fans salieron a batir el parche en las redes sociales y en la puerta de la productora. Pusieron tanto ahínco en su reclamo de televidentes apasionados que consiguieron lo que querían: al menos el premio consuelo de que Pedro y Guille se volvieran a ver, con la excusa que fuera. Lo tuvieron anoche. Fue breve, pero inolvidable.

 

El otro romance que narró “Farsantes”, el de Gaby (Griselda Siciliani) y Beto (Facundo Arana), también se quedó trunco. Facundo renunció al ciclo y Beto fue a parar a la cárcel. En el final, Gaby, decidida a casarse con Antonio (Esteban Lamothe) sacrificando la pasión en el altar de la seguridad, escuchó los consejos de Guille y Marcos (Alfredo Casero) y decidió esperar los quince días que faltan para la libertad de Beto, incluso a riesgo de que él la vaya a rechazar.

 

A mi modo de ver, “Farsantes” tenía todo para ser una tira de esas que te atornillan frente al televisor desde el estreno hasta el final: personajes interesantes y un auténtico dream-team para interpretarlos. Muchos televidentes conservaron intacto su entusiasmo del principio al fin, a pesar de los volantazos. Yo quise, pero no pude: tras la muerte de Pedro, acusé el golpe de no tener en la pantalla el relato que me habían prometido y que tanto aprecié mientras duró. Después, con la interrupción de las idas y vueltas amorosas entre Beto y Gaby, volví a sentirme a la intemperie. Y encima, no me enganché ni un poco con esa suerte de novela paralela sobre los conflictos internos de “Farsantes” que circuló por todos lados.

 

En mi opinión, fue una pena que problemas surgidos en el mundo real terminaran por afectar a la ficción que, impedida de seguir por el camino que nos planteó al comienzo, dio vueltas en redondo hasta llegar al emotivo capítulo final. No sé si les habrá ocurrido a ustedes, pero yo, anoche, con el reencuentro de Pedro y Guille, recuperé la mística perdida.

 

Fuente: Clarín