En la Historia grande de los Pueblos, hay momentos en que la tristeza es el doloroso costo de experimentar el paso a la inmortalidad de un líder excluyente como fue Juan Domingo Perón en la Argentina. Hace cuarenta años, el General del Pueblo dejó este mundo para eternizarse en el corazón de las grandes mayorías populares de nuestra querida Patria. Ese 1° de julio de 1974 se abrió un extenso paréntesis a lo largo del cual muchos pensamos lo difícil que sería tener otra oportunidad de alcanzar, al mismo tiempo, la grandeza de la Nación y la felicidad del Pueblo. Tuvieron que pasar casi tres décadas para que ese sueño volviera a encenderse en los corazones de millones de argentinos que vieron surgir la figura de Néstor Kirchner, fiel continuador del legado que dejaron Juan y Eva Perón.

Aquel mediodía lluvioso se tornó más gris cuando se conoció el fallecimiento del hombre que signó el destino de Justicia, Libertad y Soberanía para la Argentina, permitiendo la inclusión de millones de hombres y mujeres, trabajadores, profesionales, mujeres, niños, ancianos, por primera vez desde el nacimiento de la Patria en forma masiva, sin restricciones, por el solo hecho de haber nacido en esta bendita tierra.

Se lloró en las villas y en los barrios. Lloramos los hombres, lloraron las mujeres y lloraron los chicos y chicas que apenas conocían la imagen de Perón, pero les bastaba con llevar en sus corazones el relato de sus padres, las anécdotas y los hechos que dejaron tan profunda huella en la memoria popular. Tal vez lo más denostado por el antiperonismo fuera lo que más fascinación causaba en esa pibada. La sidra y el pan dulce para las fiestas, las pelotas y muñecas que llegaban en los trenes, algunas veces con una pasajera especial, la propia Evita. Nadie se privaba de llevarse alguno de esos mimos que el gobierno nacional y popular les hacía llegar como una forma de devolverles lo que durante tanto tiempo unos pocos les habían impedido obtener con su trabajo y su esfuerzo. Cuando se escucha eso de que “les dan peces en lugar de cañas para pescar” hay que estar atentos, porque muchas veces son expresiones de quienes se dedican a robar cañas de pescar.

Con la pasión en carne viva, al conocerse la muerte del General mucha gente salió a la calle, como desorientada, como buscando en la mirada del otro una explicación a tanto vacío. Y cuando los restos de Perón fueron trasladados al Congreso de la Nación, comenzó uno de los más multitudinarios peregrinajes para dar el adiós a un hombre público. Los más grandes de aquellos días debían remontarse a ese otro julio triste, en 1952, cuando Evita no pudo seguir dando batalla a la enfermedad que la arrebató de entre sus “grasitas” a los 33 años de edad. Una muchacha, una joven en la flor de su vida, había entregado todo por su Pueblo y así su Pueblo lo reconoció, y en el amargo sepelio de la Abanderada de los Humildes la acompañaron millones de personas.

Los peronistas que somos peronistas por el estadista que fue Perón, pero también por el tipo humilde y entendedor de las simplezas de su gente que demostró ser, y que creemos que más importante que los símbolos son las políticas públicas a favor del Pueblo, recordamos con emoción al General, a 40 años de su viaje a la Eternidad. Y podemos decirle algo con orgullo: que desde 2003 la Patria volvió a su lugar. Que poco a poco estamos reconstruyendo lo mucho que otros destruyeron. Que volvimos a tener futuro, proyecto de Nación, y que el sueño de integrar la Patria Grande está en plena marcha. Néstor primero, y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner desde que el primero decidió encontrarse mano a mano con Perón y con Evita, decidieron garantizar a los argentinos que el proceso que arrancó en octubre de 1945 sigue más vigente que nunca. Y que hay que bancarlo, hoy más que nunca, con la pasión y responsabilidad que hemos demostrado tener los peronistas cada vez que debimos defender el derecho de la Argentina de construir en forma soberana su futuro.