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jueves 16 de septiembre de 2021

Miles de personas participaron de la Fiesta de Disfraces en Paraná

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La decimosexta Fiesta de Disfraces se vivió en la madrugada de este lunes, en el predio de la Circunvalación y Don Bosco, con un impresionante show de música, alegría y color. La noche primaveral y estrellada permitió que miles de personas de diferentes lugares de Argentina y otros países, se acercaran a disfrutar bajo las más disímiles apariencias. Unas horas después de la apertura, ya se contabilizaban más de 50.000 personas, marcando un récord de concurrencia. Pero pasada la medianoche, seguía ingresando gente al predio.

 

“Hace varios años que vengo, la verdad que es la primera vez que nos toca una noche tan linda como esta”, dijo a El Diario un joven disfrazado de vampiro cuando ingresaba al predio. Pocos minutos después de las 20 se abrieron las seis puertas del predio ubicado en Don Bosco y Circunvalación, lugar de festejo para todos aquellos que estuvieron llegando a Paraná en los últimos días, y paseando por calles y parques, algunos ya disfrazados desde el comienzo del fin de semana. Los primeros en entrar tardaron un rato más, viviendo el colorido clima en las inmediaciones. En la Puerta D, dos monjas y un cardenal inauguraron el ingreso. Esteban, vestido de hombre lobo, pasa solito bien temprano por la Puerta E, apenas quedó habilitada. En la Puerta F, en cambio, fue el “Capitán Argentina” (Capitán América había muchos) el primero en traspasar el control de cacheos. “Ese ya se gana un punto por originalidad”, dice uno de los policías.

 

Más allá de la fiesta

 

Unas horas antes, aún se podía ver en la costanera la camioneta de unos pibes que ofrecían a la venta con un cartel: “4 dominados no vinieron, así que nos sobran sus entradas”. Por todo Paraná se lucían los trajes durante el domingo. En los autos estacionados por los barrios cercanos a la fiesta se armaron previas de grupitos, con su música y hasta luces de boliche propias. A medida que se acercaba la medianoche, por la avenida Don Bosco circuló una marea humana cada vez más intensa. Los vendedores ambulantes se instalaron libremente sobre esa calle, entregando comidas y bebidas de todo tipo. “Nosotros empezamos a vender bien a la salida, a las cinco de la mañana se arranca. Siempre se come más al final”, explica Adrián, que ofrecía empanadas fritas cerquita del punto neurálgico, a donde llegó a las siete de la mañana para conservar el lugar. “El asunto no es solamente venir a vender, sino pasarla bien, con la familia, divertirse”, agrega. Parado en medio del asfalto se plantaba el vendedor de varitas luminosas, procurando su mercancía a quien considere que su traje no está completo. Espera vender entre 80 y 100 varitas a 30 pesos en toda la noche. Piñón Fijo se toma un fernet cerca suyo, junto a un corredor de motos y un gaucho.

 

Todos sabemos que Clark Kent es Superman y Bruno Díaz es Batman, pero ¿quiénes son estos ninjas que andan en tropa paseando con sus tragos en mano? Acaso el grupo de chicas-piratas les consigan quitar sus máscaras cuando se los crucen de camino, si es que el destino los pone frente a frente entre las miles de personas que andan por ahí. “¿Viste que no se ve a nadie vestido de San Martín?”, decía Mariana, que eligió ser futbolista por una noche. “Y eso que es feriado por él”, completó Pamela, una marinerita que está a su lado.

 

Espacios

 

Los que entraron desde temprano tuvieron su tiempo y espacio para recorrer las seis carpas distribuidas en las ocho hectáreas: Roundbox, Beambos, Speed Club, La Carpa de la Alegría, Coolbox y Classics (para mayores de 35, cada vez más numerosa, con su ingreso preferencial por Acceso Norte y López Jordán, y estacionamiento propio). Cada carpa presentaba barra, sonido, video, iluminación y DJ propio. También estaban los tres sectores gastronómicos, el espacio para las fotografías oficiales (que luego compiten por los premios), y el sector con juegos. Si bien la votación para los premios al mejor disfraz todavía no empezó, pasada la medianoche las fotos de la fiesta ya inundaban las redes sociales. Todos apuntaban con sus celulares para llevarse instantáneas de los vestuarios más originales. El Main Stage (escenario principal), por su parte, mostraba a un robot con cabeza similar al del Patito Sirirí de un lado, y unas casas de época antigua, con tejas y adoquines, del otro. En ese lugar se desarrollan los shows audiovisuales durante la noche.

 

Para competir hay que esforzarse en la preparación y también en la actitud, porque están los disfrazados y están los que además se meten en el personaje y lo actúan, como los dos cazafantasmas con su mochila de fumigador, o el grupo de escoceses que intentaban algún paso de baile. “Arrésteme oficial” le pedía uno con una caja en la cabeza que incluía luces de led a una policía de minifalda y medias altas. Siete pingüinos, dos dálmatas y el pájaro loco fueron parte de la fauna de la noche. Otros llamaron la atención por su extravagancia: David, de Colonia Ensayo, eligió ser “toallita femenina sucia”. Juan y Diego, de Ramírez, tuvieron una gran producción que les demandó más de tres meses para convertirse en seres mitológicos, con una estructura de alambre que los envolvía, de la que salían ramas o serpientes por todo el cuerpo y la cabeza. Les costaba avanzar libremente, muchos los frenaban para la foto. “¡Eh, cogollo, eso es apología!”, les gritaba al pasar Pedro Picapiedra, que no entiende de sutilizas. De repente, caminaba bailando la respuesta a una clásica pregunta: ¿Dónde está Wally? Ahí estaba, en la fiesta de disfraces más grande de Latinoamérica, moviéndose al ritmo de la música electrónica. ¿Dónde más, sino?

 

Tribuneros

 

Como en las últimas ediciones, mucha gente se reunió en las cercanías del ingreso para ver llegar, evaluar y deleitarse con el desfile de disfrazados participantes. Se juntaron personas mayores, adultos con niños y vecinos que se acercaron a sacar fotos, como en cualquier espectáculo popular. “Salimos con los chicos, nos comemos algo por acá, y disfruta toda la familia”, comentó Esteban, que desde temprano se instaló con una conservadora en la esquina más concurrida. Este año no hubo gradas dispuestas como un corsódromo, pero los curiosos se acercaron igual a observar la entrada. Muchos de los pequeños iban disfrazados de zorro, hombre araña, mago o dama antigua, y solicitaban sus fotos con Mickey, Minie y Papa Pitufo, aunque deberán esperar hasta los 18 para poder vivir la fiesta desde adentro.

 

 

Fuente: Análisis Digital / Foto: Diario Uno-La Capital

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