El actor francés confesó que cuando empieza a tomar no puede parar. Y aunque trazó una inquietante hoja de ruta diaria, dijo que no se va a morir. Dice que descorcha entre 12 y 14 por día.

 

Vaya uno a saber si por aburrimiento o qué, a Gerard Depardieu se le ocurrió que su relación con el alcohol podía ser un buen tema para hablar con la prensa, y pintó un cuadro de situación que genera el dilema de registrarlo en el libro de los récord Guinness o recomendarle un buen programa de rehabilitación. Y -por cierto- un inocultable estupor por la resistencia que exhibe su voluminosa anatomía.

 

Ocurre que no es para cualquiera andar con una botella de champán o vino abierta antes de las diez de la mañana; y mucho menos si un rato más tarde el plan es meterse pastís, en una considerable cantidad, como aperitivo del vino o la cerveza con la que acompaña su almuerzo, que a juzgar por el continente que debe alimentar, se adivina cualquier cosa menos dietético.

 

Y aunque se suele decir que no es de hombre trabajador andar llenándose la panza al mediodía -no vaya a ser cosa que el sueño conspire contra la productividad-, Depardieu dice que la cosa se resuelve con una siesta de diez minutos … y ¡”un sorbo de vino rosado”!

 

Ahora bien, si no fue el aburrimiento lo que lo llevó a hablar de la cuestión, el protagonista de “Novecento”, “Camile Claudel” y “Cyrano de Bergerac”, entre otros filmes, admitió qué es lo que lo lleva a beber. “Si me aburro, bebo. Y si empiezo, llego a tragarme 12, 13 o 14 botellas al día”, contó. “Aunque sé que después de la cirugía, y por el colesterol y todas esas cosas, tengo que tener cuidado”, agregó, sin dejar en claro si el “cuidado” lo tiene en cuenta o no cada vez que descorcha. En todo caso, le puso una mirada positiva a su futuro: “No me voy a morir. Ahora no, por lo menos, porque todavía tengo mucha energía.” Aunque no aclaró cuánto tiempo hay que entender por “ahora”.

 

 

 

Fuente: Clarín