Notife.com tuvo acceso a la historia clínica de Liliana Beatriz Montenegro, la mujer que dijo haber parido a dos mellizos y aseguró luego que le fueron robados. La documental, que ya está en manos del juez, demuestra que o no estuvo embarazada o no parió a los niños. La pericia cordobesa que nunca afirmó el parto vaginal y las contradicciones de quien consiguió que la Hermana Marta Pelloni terminara denunciando un hecho falso.  Por Coni Cherep

¿Es posible que una mujer que se hizo cuatro análisis de sangre para determinar su embarazo en octubre (dos en noviembre y uno en diciembre de 2013) y que todos hayan resultado negativos, haya parido mellizos a mediados de julio de 2014? Si nos ajustamos a las fechas podríamos asegurar que sí: pudo quedar embarazada en diciembre y finalmente parió a los niños con seis meses y medio de gestación.
¿Es posible, también, que la misma mujer que se realizó el examen de Sub Unidad Beta (para determinar su embarazo) el 2 de diciembre de 2013, con resultado negativo, pueda afirmar el 23 del mismo mes y el mismo año que tiene un embarazo gemelar de 12 semanas? Aquí alguno de los dos datos es falso. O no estaba embarazada, o estaba embarazada de dos semanas como máximo. Pero ella asegura que eran 12.

¿Es posible que esa misma mujer el 27 de enero de 2014 manifieste estar embarazada de cinco meses (20 semanas)? De haber sido así, resultaría imposible, pues en su historia clínica constan los cuatro exámenes Sub Beta negativos de octubre, noviembre y diciembre. En tal caso, podría tener un embarazo de días, pero nunca de cinco meses como afirma.

¿Es posible que la misma mujer, ya en marzo de 2014 y en ocasión de ser atendida de urgencia por una parestesia facial, haya estado embarazada de 16 semanas? Resulta raro. ¿El embarazo era de 12 semanas en diciembre, de 20 semanas en enero y apenas de 16 semanas en marzo?

¿Puede la misma mujer haber parido a dos niños el 13 de julio de 2014 en la clínica UOM de Casilda, o en el hospital Eva Perón, o en una chacra, según relata, y el mismo día resultar internada en el hospital de Baigorria por un dolor de pecho y espalda de “una semana de duración”, sin mencionar que ese mismo día había dado a luz?

Estas preguntas resultan imposibles de contestar, aunque cada uno de estos datos responde rigurosamente a lo que establece la historia clínica de Liliana Beatriz Montenegro, a datos constatados por los diferentes médicos que la atendieron, y a sus propias manifestaciones. Las conclusiones no pueden ser ligeras, tratándose de la mujer que inició un escándalo nacional asegurando que le robaron los niños, involucrando directamente en el hecho al hermano del ex gobernador Hermes Binner, y promoviendo acciones públicas que fortalecieron esas afirmaciones en las voces de dirigentes políticas como Liliana Loyola y la asesora de Agustín Rossi, Lucila Puyol, que derivaron en una conferencia de prensa en Buenos Aires protagonizada por la hermana Marta Pelloni y el diputado Gustavo Vera de la ONG “La Alameda”, en la que aseguraron que -por este caso- en la provincia había una “organización que robaba bebes” y que estaba amparada por “un gobierno mafioso”.

Las conclusiones sobre si Liliana Montenegro estuvo o no embarazada, o si ese embarazo -de haber existido- llegó o no a término, tienen consecuencias aún mayores: de eso depende, también, la situación procesal de al menos cuatro personas que son acusadas de haber robado a los niños y, además, la revelación de si hubo o no intereses espurios en la supuesta confabulación que, con los datos que se aportan, parece corroborada.

Los datos de la historia clínica

La carpeta que contiene toda la historia de la mujer arranca con un dato que, en esta trama, aparece como menor y carente de importancia, pero no de menos significancia si se atiende la credibilidad o no de los hechos posteriores: En 2006, en el Centro de Reproducción del Hospital Centenario de Rosario, el Dr. Gustavo Botti deja constancia, tras un examen ginecológico, que Liliana Montenegro utiliza como método anticonceptivo una “ligadura de trompas realizada en una cesárea”. Desde entonces, y hasta 2011, no existen datos de ninguna intervención de reconstrucción de las trompas (reanastomosis tubárica) de la paciente, ni constan datos de alguna fertilización in vitro, que son los métodos con los cuales se puede revertir esa situación. Pudo haber pasado otra cosa: que la paciente haya mentido.

La historia clínica se reanuda en diciembre de 2011 con un estudio de fertilidad que realiza la paciente en el mismo Hospital Centenario de Rosario. Si bien Montenegro quería saber si estaba o no en condiciones de ser madre, se niega en dos ocasiones -y lo deja sentado de puño y letra- a realizarse el estudio denominado HSG (histersalpingografía) que se utiliza para determinar si las trompas de una mujer están parcial o totalmente obstruidas. La paciente rechaza la realización de ese chequeo y desde entonces no realiza consulta alguna, hasta octubre de 2013.

Es en ese mes que reanuda sus chequeos, en este caso afirmando frente al Dr. Marcelo Masciotta (médico Tocoginecológico del Hospital Escuela “Eva Perón”) que estaba embarazada. Tras una revisión superficial, el médico ordena exámenes de sangre y orina y advierte en la orden “que se puede tratar de un embarazo de alto riesgo” por las características físicas de la mujer y, según deja sentado, “da parte de alarma” para quienes continúen la atención. Pero la misma no siguió porque los estudios realizados el 27 de octubre de 2013 en Granadero Baigorria resultaron negativos. Montenegro no estaba embarazada.

Evidentemente, la paciente quería certificar que no estaba en estado de gravidez ya que solicitó nuevas evaluaciones químicas tan sólo 20 días después, el 18 de noviembre de 2013, con resultados similares: Sub Beta cualitativa en suero Negativa; a lo que se agregan datos alarmantes para su salud (niveles de colesterol y triglicéridos que triplican los normales y una hipertensión marcada como riesgosa para un nuevo intento).

Sin embargo, Montenegro solicita un nuevo examen en noviembre y el 26 de ese mes recibe la misma noticia: la sangre vuelve a sentenciarle un negativo. No estaba embarazada.

En un último intento, la insistente paciente vuelve a solicitar un estudio similar, cuyos resultados recibe el 2 de diciembre de 2013 con la misma suerte: resultado negativo.

La rara carrera de Montenegro en procura de un embarazo tiene un extraño mojón en una atención en la guardia del Eva Perón, el 23 de diciembre de 2013, apenas 20 días después del último Sub Beta negativo. En la ficha firmada por el Dr. David Alberto Moses, subdirector del hospital escuela consta: “Que se realiza un control médico de rutina a una paciente de 38 años, que dice cursar un embarazo gemelar de 12 semanas” a la que se le solicitan nuevos exámenes para verificar su estado de salud general. Montenegro nunca se prestó a esos estudios, por lo cual, hasta marzo de 2014 no existen novedades en la historia clínica.

Es el 17 de marzo de este año, cuando Liliana Montenegro reaparece en el mismo centro asistencia y, según consta en la ficha de guardia 111.779, firmada por el médico de turno José Meoli, es una “paciente de 39 años de edad, cursando 16 semanas de embarazo ocultado en el interrogatorio, que ingresa a la guardia por sus propios medios con antecedentes de colesterol, diabetes, hipotiroidismo, tabaquismo, obesidad y toxoplasmosis, que es derivada desde consultorio externo para ser evaluada por la guardia, ante un cuadro caracterizado por parestesia facial izquierda de 48 horas”. El profesional solicita en el final de su informe “laboratorio con hemograma completo, glicemia, uremia” y una decena de exámenes complementarios que Montenegro nunca se realizó.

De acuerdo a lo que la mujer denuncia en sede penal, por entonces ella debía cursar como mínimo un embarazo de tres o cuatro meses. No hay forma de constatarlo. No existen exámenes químicos que lo puedan determinar porque asegura que “quedaron en manos de las familias que la ayudaban”, en referencia a los matrimonios acusados de haberles robado los mellizos. El único dato que la paciente afirma y ratifica judicialmente es que “tenía fecha de parto para el día 20 de julio (NDR: Dato inconexo con el acta de guardia citada en el párrafo anterior). El día doce del corriente, llama a quienes le daban una mano porque comienza a sentirse mal y descompuesta. Prepara un bolso con la ropa necesaria y espera en un punto de la ciudad para que la pasen a buscar. Establece que no le había dicho nada a su pareja y padres de sus hijos por nacer, porque este no aceptaría la situación de recibir ayuda y se enojaría con ella, por lo que sale sin decir dónde va. Cuando la pasan a buscar -y dentro del vehículo- se encuentra con un médico (al que no conocía) quien le da algo de tomar y desde ese momento no recuerda nada más. Se despertaría en el hospital de Baigorria, el día catorce por la madrugada, alrededor de las tres de la mañana, cuando establece haber sido dada de alta y retornar a su casa en un remis. Al ser indagada, refiere que esta gente le dice que ha tenido a sus hijos muertos y que se han encargado de todo. Dice haber sentido llorar a los bebés, pero como en un estado de somnolencia”.

Más allá de otros datos que resultan llamativos en su declaración -por ejemplo que confiesa haber sido objeto de una sustracción de un bebé hace 20 años en la ciudad de Casilda, en el hospital San Carlos, donde dice haber tenido un embarazo gemelar de dos varoncitos y sólo le hicieron entrega de uno, situación que dice nunca haber denunciado porque el padre de aquellos niños no quiso- hay un punto revelador en su historia clínica que ocultó hasta hoy, y que vuelve imposible los hechos relatados en sus testimonios: el mismo día 13 de julio (fecha en la que se supone estuvo inconsciente y en la dice que se produjo el parto), a las 11:23, ficha de guardia 123.092 del hospital Eva Perón, y bajo la atención médica del Dr. Federico Valorta, la paciente se presenta en forma espontanea para realizar una consulta por dolor de pecho y espalda. En la ficha reconoce antecendentes de diabetes, hipertensión arterial, tabaquismo y otros y no hace referencia a su presunto embarazo, ni el médico lo observa. Mucho menos a un parto reciente.

En virtud de los síntomas, Valorta le ordena exámenes químicos a los que se somete sin inconvenientes y en los que tampoco aparecen datos que revelen ni el embarazo y, mucho menos, el parto.

Es imposible que Montenegro haya parido en la fecha que asegura haberlo hecho. Es materialmente imposible que haya estado embarazada y bajo los efectos de sedantes y que al mismo tiempo aparezca sola, por sus propios medios, en la guardia de otro hospital para realizarse un examen vinculado a otra patología, sin hacer mención al embarazo. O Montenegro no estuvo embarazada, o Montenegro perdió su embarazo.

Pero con la excepción de su manifiesta y falsa declaración que se vuelve incomprobable y contradictoria con su visita a la guardia del hospital Eva Perón y atendiendo a las pericias psiquiátricas que también adjuntamos, resulta claramente imposible que los niños hayan nacido en esa fecha, ni en una anterior.

Los exámenes posteriores a su denuncia también expresan datos incompatibles con un parto natural o por cesárea. En dos ecografías realizadas por la Dra. Amorina Jankovic no se observa modificación alguna ni en el útero, ni en los ovarios de Montenegro. De acuerdo a cualquier opinión médica, los órganos deben observar modificaciones sustanciales.

La documental que se acompaña, ratifica cada uno de los pasos que describimos, firmados y sellados como copia fieles por las autoridades de los distintos nosocomios donde fue asistida la denunciante desde 2006 hasta 2014.

El relato de un embarazo imposible.

Foto Interior

La inobjetable “Pericia cordobesa”

A lo largo de los días, los abogados y las fiscales que intervinieron en la causa venían dando por probado el nacimiento de los niños, de acuerdo a la lectura de la pericial que se solicitó a la justicia cordobesa.

En el documento entregado al juzgado interviniente y fechado el 29 de agosto de 2014, existen algunos elementos que se dieron por comprobados y que tras una nueva lectura, merecen como mínimo la calificación de “dudosos”.

En ocasión de responder al oficio, se consulta a las profesionales a cargo de la pericia si se puede establecer que la Sra. Liliana Montenegro estuvo embarazada entre el mes de noviembre de 2013 y el de julio de 2014, a lo que responden: “Por el análisis de la documentación aportada podemos deducir que portaba un embarazo de 16 semanas al mes de marzo de 2014, es decir, aproximadamente desde fines de noviembre de 2013, no pudiendo determinar hasta qué mes del año en curso continuó con ese embarazo”.

Cuando consultamos sobre cuál era la documental aportada, se nos indica que se trata de la propia declaración testimonial de la denunciante Montenegro, y la fecha de presunto embarazo queda terminantemente desechada con los exámenes clínicos que la propia Montenegro se realizó y que firmara el Dr. Masciota, no ya en noviembre solamente, sino el 2 de diciembre de 2014. Y que tal como se prueba en los análisis que acompañan esta nota, dieron terminantemente negativos. O sea, los peritos cordobeses “deducen” el embarazo por la declaración de la víctima y no observan los exámenes que niegan terminantemente esa posibilidad.

El otro interrogante que se les plantea a los peritos es, en caso de ser factible, que determinen en qué fecha aproximada fue probable el parto, especificando si fue vaginal o por intervención quirúrgica, a lo que responden: “Si para el 17 de marzo la paciente cursaba un embarazo de 16 semanas, su fecha probable de parto hubiese sido para el mes de agosto, no pudiendo determinar fecha con mayor aproximación. Se descarta intervención quirúrgica cesárea, ya que las cicatrices son antiguas. El informe médico forense afirma que el examen clínico semiológico de la Sra. Montenegro es compatible con parto vaginal reciente. No nos es posible determinar si la paciente pudo haber tenido un parto prematuro o parto a término”.

En la respuesta, que en su momento se afirmó palmariamente probatoria del parto, hay que remarcar dos cosas que resultan incompatibles con los datos aportados en este articulo: Los peritos parten de la hipótesis no probada de que Montenegro cursaba un embarazo de 16 semanas, no lo afirman, sólo deducen: “Si para el 17 de marzo (…)” fecha consignada exclusivamente por la declaración de Montenegro en una guardia médica, sin ninguna otra constatación.

Y agregan más dudas: Las características no son compatibles con una cesárea, pero es “compatible” con un parto vaginal. La compatibilidad no es equivalente a la certeza de que esa haya sido la vía de un “eventual” parto sin fecha certera alguna. Los peritos no aseguran el parto, ni si el mismo se produjo en la fecha denunciada.

Las preguntas que no fueron formuladas ni respondidas todavía:

¿Pudo Montenegro parir el mismo día que se presentó espontáneamente a una guardia?

¿Pudo Montenegro perder el embarazo en el transcurso del mismo?

¿No son similares los datos clínicos semiológicos que ofrece un parto y un aborto?

En las próximas horas la justicia sellará esta fraudulenta historia. De la que también tendrán que dar cuentas los operadores politicos que la inflaron, y también, por que no, la hermana Marta Pelloni.