La presidenta y el líder opositor llegan al ballotage cabeza a cabeza, según los sondeos.

 

 

Aún hay esperanzas, aún hay riesgo. Los brasileños acudirán hoy a las urnas en una de las elecciones más reñidas de su historia, seguramente las más peleadas desde el regreso de la democracia, en 1985. En ellas, la actual presidenta, Dilma Rousseff, y el senador socialdemócrata Aécio Neves llegan al ballotage sin sacarse una ventaja absoluta y cualquier resultado es posible, según revelaron ayer las últimas encuestas.

 

De acuerdo con un sondeo de la prestigiosa Datafolha, Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), obtendría el 52% de los votos, frente al 48% de Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). La diferencia entre los candidatos se ubica dentro de un margen de error aceptable, por lo que estarían una vez más en empate técnico, luego del avance de la mandataria producido esta semana. Ese sondeo señaló que hay un 5% de indecisos. Por otro lado, según Ibope, Rousseff estaría fuera del riesgoso terreno del empate técnico, con un apoyo del 53% frente al 47% de su oponente.

 

 

Tanto en el sondeo de Datafolha como en el de Ibope, Rousseff perdió un punto que fue ganado por Neves desde las anteriores mediciones, el jueves. Entre esas encuestas y las de ayer, los candidatos se enfrentaron en el último debate televisivo, por la cadena Globo, que batió todos los récords de audiencia para este tipo de trasmisiones, con 31 puntos de rating en la gran San Pablo, lo que equivale a unos seis millones de personas.

 

Una encuesta menor, de la firma MDA, en tanto, colocó a Neves en la delantera con el 50,3% de las intenciones de voto contra el 49,7% de Rousseff; pero con un margen de error de también dos puntos más o menos, los candidatos estarían técnicamente empatados. De todos modos, así como para las otras dos encuestadoras, para MDA el candidato opositor logró sumar un punto en detrimento de la presidenta, en comparación con la anterior medición, el lunes último.

 

Serán entonces los comicios más ajustados en Brasil desde los de 1989, cuando Fernando Collor de Mello (Partido Laborista Cristiano, PTC) finalmente superó a Luiz Inacio Lula da Silva (PT) por 49,9% de los votos frente al 44,2%.

 

Consciente de lo esencial que será cada sufragio para definir el ganador, la presidenta Rousseff exhortó a todos los brasileños a ir a votar (aquí se trata de una obligación para los mayores de 18 años, pero los ciudadanos de entre 16 y 18 y los mayores de 70 tienen la opción de sufragar o no).

 

“Cada persona, delante de la elección, delante de la urna, tiene el mismo poder. Hago un llamado para que las personas más simples comparezcan para votar. Desde el más pobre hasta el más rico, todos tienen el mismo poder. El voto refuerza nuestra democracia”, subrayó la mandataria, cuyo partido hizo todo lo posible por asegurarse el poder, en el que lleva 12 años, primero con dos gobiernos de Lula y luego con uno de ella, ahijada política del ex presidente.

 

En este período, gracias al crecimiento económico y los planes sociales puestos en marcha por Lula, unos 40 millones de brasileños lograron salir de la pobreza y pasaron a engrosar una emergente clase media.

 

Pese a que hoy la economía está estancada y la inflación en firme aumento, en su campaña Rousseff advirtió que el país no debe volver a “los fantasmas del pasado”, cuando el desempleo era alto y el salario mínimo era muy bajo.

 

Una ofensiva feroz

 

En su afán por mantenerse en el Palacio del Planalto, el PT desplegó una feroz propaganda negativa contra sus rivales. Primero contra la ecologista Marina Silva, del Partido Socialista Brasileño (PSB), quien asumió la candidatura presidencial al morir su compañero de fórmula original, Eduardo Campos, en un accidente aéreo el 13 de agosto. Silva, que se volvió un fenómeno inmediato, fue desbancada en la primera vuelta electoral del 5 de octubre, y dio su apoyo a Neves.

 

El senador, ex gobernador de Minas Gerais (2003-2010), se volvió entonces el blanco de la virulencia petista. Se lo acusó de pretender acabar con los programas sociales para los más pobres. Se lo presentó como un “playboy” rico de cuna privilegiada, ya que es nieto del primer presidente elegido tras la dictadura (1964-1985), Tancredo Neves, quien, sin embargo, no llegó a asumir porque murió la víspera de la asunción, víctima de un tumor. Y, en las redes sociales, hasta se insinuó que era alcohólico, drogadicto y golpeador de mujeres.

 

Neves resistió los embates y buscó centrar sus críticas a Rousseff en el decepcionante desempeño económico y en los escándalos de corrupción que salpicaron al gobierno, el más reciente de ellos dentro de la estatal Petrobras. Según revelaciones de un ex director de la compañía, existía un esquema de cobro de sobornos a empresas que buscaban obtener contratos con la petrolera, y de él se beneficiaron ejecutivos y políticos oficialistas.

 

Las denuncias de corrupción tomaron mayor impacto anteayer, cuando la revista Veja publicó una nota basada en la filtración del supuesto testimonio -el Ministerio Público lo mantiene secreto- de uno de los empresarios involucrados, que acusó a Rousseff y Lula de haber estado al tanto de lo que ocurría dentro de la petrolera estatal.

 

“Existe una medida por sobre todas las otras para combatir la corrupción: sacar al PT del gobierno”, declaró Neves anteanoche durante el último debate televisivo.

 

El oficialismo intentó detener la distribución del semanario Veja ante el Tribunal Superior Electoral, pero su pedido le fue negado. La propia Rousseff entonces hizo uso del espacio de propaganda gratuita en la TV para acusar a la revista de “terrorismo electoral”. Ayer, militantes petistas enfurecidos atacaron la sede de la editorial Abril, que publica Veja.

 

En medio de tanta tensión y con los últimos sondeos que no revelaron una definición clara de la contienda electoral, Neves reiteró anoche sus esperanzas.

 

“La encuesta que vale es la de las urnas. Y ella nos deja muy optimistas. La sociedad brasileña, que ya hizo la diferencia en la primera vuelta, la hará de nuevo mañana [por hoy]. Nuestra candidatura ya es victoriosa por haber logrado despertar a la sociedad y que vuelva a las calles para demostrar su descontento con el actual gobierno, marcado por la tolerancia con la corrupción y por la vuelta a la inflación”, apuntó el senador opositor.

 

“Este año nos quedamos sin jugar la final del Mundial de fútbol, pero toda esa emoción que no tuvimos entonces en el Maracaná la sentiremos en las urnas cuando cada uno emita su voto. Será una segunda vuelta disputadísima”, afirmó a La Nación el portero carioca Rafael Pereira, de 53 años, quien no quiso decir por quién votaría para no estropear el suspenso. “Cada voto será clave”, agregó con una sonrisa llena de misterio.

 

Dilma: “La argentina es una gran socia”

 

La presidenta Dilma Rousseff cargó ayer las tintas contra el candidato opositor, Aécio Neves, a quien acusó de no estar interesado en las relaciones con la Argentina ni con el resto de socios de América latina.

“Nosotros destacamos las relaciones con los países de la región, aunque el candidato adversario crea que no es importante la relación de Brasil con la Argentina, con el Mercosur, o con América latina”, dijo Dilma en el cierre de campaña en Porto Alegre.

“Eso demuestra un desconocimiento de la importancia que existe en Brasil sobre los mercados latinoamericanos”, dijo Rousseff. La presidenta calificó a la Argentina como un “gran socio” comercial. “Tenemos una relación bastante equilibrada, y buscamos que esa relación pueda crecer”, añadió.

 

 

Fuente: La Nación