El actor contó detalles de su complicada infancia y adolescencia.

 

Matías Alé sorprendió a todos cuando hace unas semanas contó que cuando era chico su padre lo golpeaba. El actor volvió a hablar del tema y a pesar del dolor, recordó a su padre con cariño y emoción.

 

“Cuando era chico, mi frase era ‘no, papá, no'”, recordó Matías, sobre el momento en el que su padre le pegaba y recordó cómo fue la muerte de su papá: “Yo tenía 19 años y él 44, fue un golpe porque estaba planificando mis primeros pasos en la vida”.

 

“Murió un lunes, a la mañana hablé con él por última vez, le pregunté si despertaba a mi hermano para que hable, me dijo que no, me arrepiento de no haberlo despertado. Creo que el estrés le comió la cabeza”, agregó en Secretos Verdaderos.

 

A pesar de los momentos difíciles y de los golpes, Matías recuerda con cariño a su papá: “De mi lado la relación fue de amor incondicional y de su lado a mí, creo que también y si hoy puedo hablar así de él, es porque lo perdoné. Creo que porque a él lo han criado así, pero nunca llegué a preguntarle porqué fue así. Era duro en su trabajo y en la enseñanza hacia nosotros”.

 

“Estuve muy enojado, dolido, sin entender por qué. Sé que a mi mamá esto que él hacía no le hacía bien. Las situaciones de sus enojos cuando era chico me generaban miedo y tuve mucha culpa cuando murió porque llegué a desear que no estuviera”.

 

Los golpes le generaron varios traumas, algunos continúan afectándolo hasta el día de hoy: “Hasta los 17 no me podía sacar la remera en la playa porque tenía marcas, no uso cinturón, porque a veces él lo usaba para eso”.

 

“Nunca llegué a preguntarle por qué, se fue de un día para el otro y no tuve explicación. Tal vez hoy con mi cuerpo y mi carácter lo enfrentaría, cuando se fue sentí alivio porque sabía que íbamos a chocar mucho, además no me gustaba su proceder en la vida con mi vieja”, contó Matías.

 

Hoy, Matías no tiene enojo ni resentimiento: “Con los años llegué a perdonarlo y tener la imagen que tengo de él, que a pesar de eso, él es un orgullo. Cuando lo recuerdo igual se me viene una sonrisa de e moción, aunque si pienso en esos momentos se me pone la piel de gallina”.

 

 

Fuente: Infobae