Eran los finales de los ‘90. Y aquel extraño comenzó a tocar los acordes de “Flor de Lis”. Su voz rasposa, sus ojeras malvas, su tono mezclado, su guitarra aflamencada nos dejó en silencio a todos en el “Club del Vino”. Se abrazaba a muchos con emoción. ¿Quién es este animal? Pregunté. “Carlitos”, me respondió Eduardo Baumann. Por Coni Cherep

No puedo decir que haya sido amigo de Carlitos Joannas. Sin embargo, nos queríamos. Y en mi caso, le tenía una admiración absoluta.

Hace más o menos un mes me tocó el hombro en la última fila del ATE – Casa España. Y me dio un apretado abrazo. Estaba flaco y en la mirada, una luz de despedida.

Carlitos Joannas se paseó con lentitud por toda la sala, y como en aquella noche del Club del Vino, abrazó a todos con la misma emoción.

Ayer, cuando su hermano Pepe Díaz nos dio la noticia por Facebook, empecé a temblar. Cuando se mueren estos duendes, nos morimos un poco nosotros.

Carlitos Joannas fue en los ‘70 el líder de Los Bichos de Candy, y después se fue de paseo por el mundo. Volvió a Santa Fe cuando todos se iban (de nuevo) y una noche me animé a preguntarle por que había regresado. “Porque acá está la verdad”, me dijo.

Cantaba canciones españolas que me conmovían, y cada vez que me encontraba en alguna platea de bar, no dejaba de cantarme alguna de ellas.

Fue un símbolo de esta ciudad. Antes y después de su viaje de 24 años por Europa. Nunca abandonó la bohemia, nunca decepcionó a la noche, ni a su guitarra, ni a sus hermanos los músicos.

Fue nuestro Camarón. Nuestra garganta desgarrada.

Anoche puse Flor de Lis, cantado por Antonio Karmona y me acordé de su sonrisa cruzada, de sus ojos cerrados cuando arrancaba los versos sentidos:

“Válgame Dios, el fin de nuestro amor / perdona por favor, no sé cuál fue aquel error.

Más no lo sé qué hacer, pero todo cambió/dónde estuvo el error, sólo sé que amé;

que amé, que amé, que amé”.

Cada vez que suene “Flor de Lis”, me voy a acordar de él.

Los santafesinos perdimos una voz imprescindible. Su cuerpo descansa después de una dura batalla.

Su música sonará por siempre en el aire.