Se fue Garro. Se va. En horas se irá de la fuerza policial. Se va porque quienes tenemos memoria no nos olvidamos que entre sus enseres tenía artículos que reivindicaban al nazismo. Reivindicar al nazismo es un delito. Reivindicar cualquier genocidio es un delito. Pero Garro nunca fue procesado ni condenado porque a pesar de aquellas denuncias, nunca se le probó aquella adhesión.

Igual nunca la negó con indignación, y son muchos los que saben que, efectivamente, al fugaz jefe de la UR1 le gustaban los símbolos, y manifestaba horrorosas expresiones sobre la comunidad judía. Duró tres o cuatro días hábiles en su cargo. No hicieron falta acciones frente a la justicia, ni reclamos demasiados airados. Una vez que se planteó el tema públicamente, desde el despacho del gobernador, se tomó la decisión.

La paradoja es que muchas de las organizaciones que levantaron la voz por la designación de Garro, guardan silencio mientras la gestión nacional sostiene al General Milani. No ya sospechado de simpatizar con ideas genocidas, sino acusado de haber participado del genocidio militar argentino instalado en 1976.

Las “instituciones” democráticas purgan sus errores como se purgó el caso Garro. Espontáneamente. Sin fórceps, sin discutir demasiado los asuntos obvios. Un reivindicador del nazismo no puede ocupar un  lugar de mando en una fuerza de seguridad.

Lo mismo ocurre con Milani. La diferencia, la dolorosa comparación, es que Milani sigue a cargo del Ejército, de las Fuerzas Armadas y del mayor presupuesto de inteligencia que tiene el Estado Argentino. Las excusas son “la falta de pruebas” ante la justicia. Que tiene no sólo el relato de los testigos que vieron la relación de Milani con el colimba desaparecido, sino que cuenta con el acta en el que el propio jefe del ejército denunció la falsa fuga.

Pero ellos esperan más pruebas.

La diferencia está en los hechos. Garro está afuera, y el gobierno reconoce su error.

Milani sigue en funciones, usando la plata de la inteligencia para armar operaciones políticas contra sus adversarios. Internos y externos.

Comparaciones…