La cantante colombiana habla de fama, obsesiones y peligros en un momento de transición en su vida y en su carrera, luego del nacimiento de su segundo hijo.

 

Algo al estilo de la mansión de Sandro. Pero a escala de cinco millones de euros. De una fortaleza de 1500 metros cuadrados habitables, ubicada en la zona más aristocrática de Cataluña, está hablando la prensa española. Se trata de la nueva propiedad adonde estarían mudándose Shakira y su novio, el defensor del Barcelona Gerard Piqué. Invisible de afuera, desde adentro la panorámica de la ciudad parece que es única. El objetivo detrás de la mudanza es justamente sentirse más protegidos. A seis meses nomás del nacimiento de su segundo hijo, Sasha, y mientras el primogénito Milan ya va por los dos años, la sorprendemos volviendo de unas vacaciones en Islas Maldivas. La colombiana nos responderá con toda la velocidad que permiten la respiración y el delay de la larga distancia telefónica. Será una charla breve, pero intensiva.

 

Pensemos que esta mujer de 38 años afirma no conocer la vida sin fama que llevamos la mayoría, ya que apenas terminó la primaria salió a cantar por el mundo. Pero ahora, no está sola: desde 2011, tiene un compañero tan celebrity como ella (mucho más que su ex, Antonito de la Rúa, ¿se acuerdan?), sin contar dos hijos que cuidar. Ahora, necesita más privacidad. “El mayor acoso viene de los paparazzi”, asegura la autora de Spotlight (2014), una canción donde se autorretrata entre cámaras, reflectores y chismografía. “No creas que es un asunto que Gerard y yo tenemos resuelto; decidimos resolverlo de a poco, viviendo un día por vez. Por lo pronto, yo les enseño a mis hijos el buen trato con la gente que se les acerca, que siempre se muestren amables y cordiales cuando los saludan. A Milan le gusta muchísimo la gente. Me salió un niño muy sociable. Como le gusta tanto recibir el cariño de la gente, intentaré siempre protegerlo del agobio de la fama. Hay que ser muy creativo siendo famoso para encontrar los momentos de privacidad, para estar con tus amigos a solas. Con los años aprendes a ingeniártelas, ¿sabes? Pero lograr la privacidad total, total… Quizá ese objetivo sea la parte más difícil de nuestra vida en común como familia.”

 

La curiosidad de sus fans por su vida privada la resuelve como todo el mundo: vía Instagram. Esta mujer que promueve la “estimulación temprana” de los niños, un día nos dejó ver cómo Milan con sólo dos añitos ya lee cosas como “Niñi, Noño, Naña” de un pizarrón; y otro, cómo Sasha apoyaba los piecitos en un teclado de juguete para cuna, que su mamá misma diseñó, asociada a la empresa norteamericana Fisher Price. Pero a los casi 400 K de vistas y 10.000 comentarios llegó con el videíto en donde el seismesino Sasha empuja precozmente una pelota, luego del grito “Vamos, patea” de ella, y antes del “Eshooo, increíble” del papá.

 

Por teléfono, toda la expresividad se agota en las pausas, el tono, alguna risa. En este caso, no es difícil reconocer a una madre que aniña su voz para resultar más didáctica al explicarle algo a su hijo. “Ser madre me ha cambiado hasta la voz”, asegura con un tono contundente y naif por igual, un mix que en sus letras se traduce a la vez como potencia de mujer independiente y vulnerabilidad de enamorada (“Me falta todo si me faltas tú”). Como toda estrella que se precie, la colombiana ya cuenta con cuatro perfumes que llevan su firma y actualmente está presentando dos más, Rock! y Love Rock! Ahora que la industria discográfica no rinde sus frutos como antes, todas las divas pop salen con su fragancia (ok, Gabriela Sabatini fue vanguardia en esto). La única novedad musical de este año para la mujer de las caderas más lubricadas de MTV y YouTube juntos fue el hit Mi verdad, de Maná, donde ella colabora con su voz y, en el video, con su panza. El sucesor de su último álbum homónimo vendrá por fin cantado en español, pero habrá que esperarlo hasta el 2016.

 

El olor del peligro. Con una entonación tan firme como candorosa, puede describir las notas de su perfume Rock! enumerando “bergamota, jazmín, cedro…”. O repetir su uso como si lo estuviera vendiendo desde un mostrador (“Quería lograr una fragancia que fuese muy femenina, moderna y sexy. Entonces, lo que logré es un aroma que puede usarse de día y de noche, con pantalones de cuero o con minifalda”). Pero ¿por qué ponerle rock, qué representa esa música para ella, y por qué volverla perfume? “El rock siempre ha sido mi música favorita, siempre vuelvo al rock”, afirma, y no hace falta repasar sus covers de Aerosmith, AC/CD, Metallica, The XX para chequearlo. “El rock siempre ha representado la liberación para mí; tiene una energía eléctrica que ninguna otra música ha logrado tener, y lo que representa es eso, libertad en todo sentido. Con este perfume quería evocar esa energía y esa libertad.”

 

Conste que no cita el concepto “rebeldía”, que sería lo obvio, pero ¿por qué esa necesidad de portar una guitarra eléctrica en el spot publicitario, embutida en cuero y subida a tacos altísimos? ¿Por qué esta mamá se identifica con el ícono de una Gatúbela con guitarra eléctrica? “Creo que una mujer con una guitarra es símbolo de sex appeal, pero también es una forma de decir ‘Yo también puedo’. Creo que la mujer de hoy en día se siente identificada con el poder, con ser capaz de hacer cosas por sí misma, de ser independiente. La modernidad nos ha llevado a que la mujer por fin sea más confiada en sí misma, y al final, la confianza es lo más sexy que hay”, se ríe.

 

¿Pero el rock no huele a peligro también?

 

Sí, claro, a vivir peligrosamente.

 

¿Y alguna vez te asomaste a ese abismo peligroso de los excesos, al famoso trío que forma el rock con el sexo y las drogas?

 

Y quizá por eso sea que el rock me atrae tanto: porque siempre estuve del otro lado. Siempre he sido una persona sana que ha vivido junto a su familia, y no me he querido asomar ni remotamente al otro lado. Pero es verdad que el rock evoca toda esa peligrosidad. Por eso me atrae tanto, como nos pasa con todos los abismos adonde no te lanzas.

 

Estricta como Angela Merkel. Shakira siempre se ha descripto como “control freak” y “workaholic”. Las opiniones de sus compañeros de trabajo siempre han corroborado su disciplina y su toque T.O.C. Por eso, hoy se siente un poco perdida, tras los dos nacimientos, tratando de ordenar su vida como madre y su carrera. “Estoy tratando de descifrar la situación que estoy viviendo, para resolver el problema de no tener una agenda definida. ¡Sinceramente, no sé qué voy a hacer! Lo único que sé es que tengo muchas ganas de seguir escribiendo canciones y haciendo música, pero se me complica cada vez más”, bufa y promete una anécdota. Traga saliva.

 

Cuenta: “La última vez que intenté hacer una canción estaba en el auto con Milan. Se me ocurrió una melodía y él estaba cantando el Himno del Barça a los gritos, así que tuve que parar y memorizar la melodía hasta que llegamos a la casa. Al final, llegué y nada, se me fue la inspiración, se me escapó la paloma, como se dice por ahí. Imaginate, empecé a cantar en el auto, grabando con mi telefonito una melodía y quedó grabado el Himno del Barça… No hubo forma. Es un problema que tengo ahora, cómo hacer música y criar a mis hijos al mismo tiempo, pero es un buen problema para tener, no me quejo. Siempre deseé tener una familia completa, ahora nada más es encontrar el tiempo y el balance, para cumplir con todos mis objetivos. Y, sobre todo, organizarme”.

 

¿Tan obsesiva sos?

 

Yo digo que la organización es la verdadera felicidad (risas). Soy muy alemana en eso. Cuando encuentre la organización, cuando logre armar mis nuevos horarios, va a ser un calendario estricto al estilo Angela Merkel, ¿sabes? (risas). Sueño con algo así: de 9 a 10, estoy con los hijos; de 10 a 11, ejercicio; de 11 a 12, para mí; de 12 a 13, están con el papá; para mí, es la única forma de vivir que conozco, pero cómo lo voy a hacer, no sé, al día de hoy, no sé. No sé.

 

Uno tiene la fantasía de que las estrellas delegan todo, que están llenas de asistentes para cada cosa que hacen.

 

Yo trato de mantener un grupo pequeño de trabajo a mi lado, delego lo menos posible, pero es verdad que mantengo una empresa muy grande. Tengo gente en mi fundación, en lo personal, en mi carrera. ¡Tengo muchos frentes a mi cargo y me siento un pulpo de mil tentáculos!

 

¿Y nunca tenés un momento exclusivo para vos?

 

Hace tres años que no hago yoga ni medito. Y no tengo ni un solo momento de verdadera soledad (se ríe). Sólo respiro cuando vienen mis suegros y se llevan a los niños. Ellos me salvan la vida de vez en cuando, pero si no, no. La verdad es que soy una madre a la que le gusta estar encima de mis niños, de su educación. Es verdad que tengo ayuda, pero yo quiero ser quien los eduque, yo quiero pasar el mayor tiempo con ellos, yo quiero jugar con ellos, y eso tiene un precio a pagar. Pero también, sus grandes satisfacciones y ahora lo estoy viviendo con mucha intensidad, como vivo todo. En mi vida no conozco el término medio. ¿Ahora entiendes? Fue por eso que estuvo bueno que nunca me metiera con las drogas, porque seguramente hubiera pisado el acelerador a fondo.

 

No estaríamos hablando ahora…

 

Yo soy a todo o nada. Mira, si tengo que comer un bife, me gusta la carne o bien hecha o directamente cruda. Pero así rosadita, a mí no. Ningún punto medio.

 

Por lo que decís, de vegetariana no tenés nada…

 

Como carne, como todo. Soy omnívora. He entrado al vegetarianismo, pero enseguida fracasé. Es uno de los pocos fracasos que he tenido en la vida.

 

Al menos el Himno del Barça ya lo canta, ¿cómo reaccionarías si Milan quisiera ser cantante como vos?

 

A él le tocaría recorrer un camino un poco más sencillo si se decidiese por la música. En la época en la que ha nacido, en la era digital y de Internet, llegas más rápido a la gente con tu música. Es una era de inmediatez y velocidad; las comunicaciones de hoy no existían cuando yo empecé. A mí me tocó de muy chica ir de radio en radio, poniendo el cuerpo en las radios más remotas de Latinoamérica: al lugar más pequeño que nadie conocía, ahí iba yo, con mi mamá y mi disco bajo el brazo, golpeando puertas, pidiendo que tocaran mi música. Ahora, consejos le daría muchísimos. Creo que a mis hijos no les conviene seguir la carrera musical, porque les estaría encima diciéndoles cómo hacer, así que mejor que sean futbolistas como el papá, porque él es mucho más relajado (risas).

 

El consejo sería: “No sigan mi camino, chicos”. Sí, pero ahora fuera de broma: creo que si encuentran una vocación, una pasión, que la desarrollen: eso es lo que más deseo para ellos, lo que sea, no tiene que ser en el arte, ni en el deporte, porque lo importante es que sean felices y que hagan feliz a la gente con lo que hacen. Que sean buenas personas y sean responsables es lo que más deseo para ellos. Nada más.

 

Filántropa sí, presidenta no. Así como desarrolla su lado empresarial, también se destaca por su altruismo. Además de embajadora de UNICEF (organizó un Baby Shower global, tomando como excusa el nacimiento de Sasha, con el cual recaudó dinero para niños sin recursos), está a cargo de dos fundaciones: ALAS (América Latina en Acción Solidaria) y Pies Descalzos, dedicada ésta a construir escuelas en Latinoamérica (ya hizo tres en Argentina, por ejemplo). Ella sintetiza su postura uniendo dos conceptos en la palabra “Filantrocapitalismo”. Lejos de la beneficencia tradicional, el proyecto es “aplicar las estrategias empresariales para resolver problemas sociales”. En 2012, marcó un hito su participación en la Cumbre de presidentes de América latina en Cartagena, donde explicó su postura del “filantrocapitalismo”, tratando de seducir a señores ricos con ejemplos del tipo: “Por cada dólar invertido en un niño, éste devuelve 17 en su edad adulta”.

 

¿Nunca pensaste en dar un paso más alto en tu compromiso social, entrando en la política de lleno? Pensemos: Bachelet está en Chile; Dilma, en Brasil; Cristina aquí, y a vos te tocaría en Colombia… ¿Nunca te imaginaste en el lugar de presidenta?

 

Oh, no (se ríe). Ser político no es una obligación, es un deber de todos. La política es interesante cuando estás atento a lo que sucede en tu comunidad, en tu ciudad, en tu país. Preocuparte por el destino común, a ese destino lo vamos modificando nosotros, las personas, y cuando más interés ponemos en los temas, los políticos más presionados se ven. Para mí, eso es hacer política.

 

Presidenta no, entonces…

 

Mi forma de participación es otra. A mí me gusta ayudar en aquello que sé que puedo hacer una contribución segura. Y me he comprometido desde muy chica con la causa de la educación. He visto con mis propios ojos cómo invirtiendo en la educación, se cambia las vidas de los niños para siempre, y también cambian sus familias y sus comunidades. Estoy muy comprometida con esta causa, le dedico una gran parte de mi tiempo, de mi dinero y mi energía.

 

El hecho de tener hijos ya te programa para tener esperanza, para desestimar los signos negativos que nos van dando la humanidad y el planeta. ¿Cuál es tu receta para ser optimista a pesar de todo?

 

Estoy convencida de que el ser humano va para mejor. Habrá muchos pesimistas que me desmientan, pero está claro que el mundo es un mejor lugar del que era en -no sé- ¡el medioevo! Las nuevas comunicaciones están ayudando a que se creen nuevas comunidades, que la gente tenga una forma más inmediata de comunicarse. Esto ayudó a que se democratice la información y se manipule menos a la gente. Así todos tenemos más control sobre nuestras propias vidas. Creo que la generación de mis hijos tendrá individuos mucho más libres. Y por lo tanto, más felices. Sí, soy optimista.

 

 

 

Fuente: Clarín