Los directivos de la Escuela Técnica Nº 2 pensaban resguardar las pertenencias de los inundados pero por la gravedad del fenómeno hoy alojan a 100 personas.

Cuando las primeras familias evacuadas atravesaron la puerta del a Escuela Técnica Nº 2 de Concordia, iban con los puesto y con algunos pocos colchones que lograron recatar de las aguas.
Sus integrantes no imaginaron que las aulas que los acogían momentáneamente se convertirían, con el correr de los días, en un hogar. Hoy las once aulas del establecimiento dan lugar a 13 familias, alrededor de cien personas en total.

El equipo directivo del colegio, al que normalmente asisten 500 alumnos, había decidido ofrecer sus aulas para guardar los muebles de las personas afectadas. No imaginaban que la situación empeoraría de tal manera que la escuela funcionaría como un centro de evacuados.
Gladys Modernel es la rectora del establecimiento y cuenta que “la prioridad es atender a las familias; hay 20 docentes que estaban de vacaciones y se presentaron voluntariamente para colaborar y trabajar en distintos turnos”. Ellos, según relata la rectora, son los encargados de hacer la merienda, gestionar con otros organismos el envío de donaciones de acuerdo a las necesidades de los evacuados y, en definitiva, asistir en los requerimientos de cada grupo.

Hay un aula por familia, salvo una, donde conviven dos grupos que se conocen y decidieron compartir el espacio para no ocupar una vacante en un centro de evacuados.
Modernel explica cómo se fueron organizando para recibir a las familias. “A medida que llegaban se fue haciendo un censo con todos los datos, cantidad de personas, edades, número de calzado, detalles de cómo era la vivienda (en algunos casos con fotos) y el recuento de las pertenencias que perdieron”, rememora la rectora.

La consigna general en la escuela determina que cada grupo familiar cuide las instalaciones y mantenga limpio su espacio. Modernel asegura que la convivencia es buena y que muchas de las personas evacuadas van a trabajar, como lo hacían habitualmente, y regresan a la escuela para cenar y dormir.

En medio del desconcierto y la tristeza por no poder volver al hogar y por las innumerables pérdidas, los profesores del colegio organizan actividades de recreación para los más chicos, como partidos de futbol infantil, juegos o presentaciones de payasos. Es el modo de hacer más llevadera la obligada estadía.

Modernel remarca que al principio el Regimiento enviaba la comida preparada para los evacuados pero que las propias familias pidieron que les manden sólo la mercadería para poder alivianar la tarea de los efectivos y cocinar ellos mismos.

“Todo se hace voluntariamente, es un grupo comprometido. La escuela tiene alumnos propios que están en centros de evacuados o fueron autoevacuados” señala la directora y recuerda que una alumna de la escuela le pidió desesperadamente a su profesora que incluyera, excepcionalmente, a su familia en una de las aulas.

Normalmente es Defensa Civil quien le asigna un destino a cada familia, pero a la joven pudieron hacerle un lugar.

Las edades de los niños evacuados varía, hay desde bebés hasta adolescentes, todos de Concordia. Red Solidaria, al inicio del año, enfocó su trabajo en la colecta de juguetes para que los niños afectados puedan tener su regalo de Reyes.

Sigue el drama cuando baja el agua

A la zona fueron enviados 32 camiones con donaciones, pero a la hora de volver a sus hogares, los evacuados precisan elementos de higiene y desinfección.

Modernel solicita que se colabore con “todo lo que sirva para limpiar y útiles escolares” porque los libros y cuadernos que los alumnos tenían en sus casas quedaron arruinados por el agua.

Para ella esta posibilidad de ayudar significa “una satisfacción enorme” y recuerda los rostros de los primeros niños que ingresaron a la escuela: “Los más chicos se preguntaban ¿qué es esto?, y cuando los invitábamos a jugar se mostraban reacios. Con los días se van sintiendo en una nueva casa”.

Como autoridad máxima, para Modernel es la primera experiencia de este tipo aunque explica que la escuela ya tuvo evacuados años atrás, pero sólo llegaron a ocupar tres o cuatro aulas.

Muchas de las familias evacuadas viven en zonas humildes. “Quizás para muchos de ellos la escuela es mejor que su propia vivienda”, admite Modernel y agrega que en el establecimiento hay un alto nivel de inasistencias porque muchos de los alumnos deben trabajar en las épocas de la cosecha.

 

 

 

Fuente: La Nación