Después de un tiroteo con gendarmes en un campo de la localidad de San Carlos, cuatro fuerzas de seguridad persiguieron a los Lanatta y a Schillaci durante toda la jornada; el gigantesco operativo continuaba anoche con equipos especiales.

La caída de la noche trajo una de las pocas certezas en la zona rural de San Agustín, 40 kilómetros al sudoeste de Santa Fe: Víctor Schillaci y los hermanos Cristian y Martín Lanatta, los prófugos más buscados del país, volvieron a escabullirse por segunda vez en los últimos 11 días, después de fugarse de la cárcel de máxima seguridad de General Alvear.
Más de 600 efectivos de las fuerzas federales (Gendarmería, Policía Federal, Policía de Seguridad Aeroportuaria) más la policía de Santa Fe cercaban un radio de 20 kilómetros y estaban convencidos de que los tres convictos se hallaban escondidos en esa zona rural, tapizada de campos de maíz y soja, con un entretejido de caminos de tierra y casas deshabitadas.

Los prófugos volvieron a disparar contra efectivos de las fuerzas de seguridad. Hace una semana hirieron a los policías bonaerenses Fernando Pengsawath y Angelina Yudati, en un control vehicular cerca de la localidad de Ranchos, en Buenos Aires. Ayer, a las 8 de la mañana, dispararon contra dos gendarmes: uno de ellos, Walter Gutiérrez, quedó internado en el hospital Cullen de Santa Fe en grave estado, tras ser blanco de dos disparos en el tórax y en una pierna.
Este nuevo capítulo de la saga comenzó poco después de las 7 de la mañana, cuando unos 150 gendarmes incursionaron en un camino rural que atraviesa la ruta provincial N° 6, al sur de San Carlos Sud. Se dirigieron hasta un área rural, con sembrados de soja y maíz. Pero en esas tres casas no había rastros de los convictos.

Desde la tarde anterior, inteligencia de Gendarmería contaba con datos de que los tres hombres condenados a cadena perpetua estaban en ese caserío. Unas horas después consiguieron las órdenes del juez federal Sergio Torres, pero se equivocaron de camino. La tapera abandonada donde estaban los prófugos se encontraba al otro lado de la ruta, hacia el Este y no al Oeste. Allí, según confirmaron fuentes oficiales, los hermanos Lanatta y Schillaci llegaron el martes a la noche en la camioneta Kangoo que se llevaron de la suegra de Cristian Lanatta.
En esa casa derruida enclavada en un terreno arbolado los convictos cocinaron en un pequeño calentador y tomaron jugo. Los tres prófugos vestían uniformes de la policía bonaerense. Pudieron llegar a esa casa abandonada tras atravesar parte de la provincia de Buenos Aires y de Santa Fe. Los planes que tenían, según sospechan los investigadores, eran seguir camino hacia Alta Gracia, Córdoba. La única vía para llegar a esa zona es la ruta 19, que está ubicada a unos 15 kilómetros de la tapera que les servía de aguantadero.

El error que cometieron los gendarmes activó las alarmas de los hermanos Lanatta y Schillaci. “Vieron movimiento y esperaron”, contó a LA NACION un efectivo que participó del operativo. Se pertrecharon detrás de unos paraísos y cuando llegó al lugar un grupo de gendarmes para “peinar” la zona los atacaron.

El tiroteo en ese lugar dejó a un efectivo herido, que fue alcanzado por dos disparos de FAL en el tórax y en la pierna. Los Lanatta y Schillaci se llevaron la camioneta Berlingo color blanca en la que se trasladaban los gendarmes, que recibió más de 20 tiros. Dentro del vehículo había chalecos antibala y proyectiles. Dejaron el utilitario de la suegra de Lanatta, donde los gendarmes encontraron dos teléfonos celulares (que no usaban desde el 31 de diciembre pasado) y vainas de FAL.

Emprendieron la huida por esa madeja de caminos rurales zigzagueantes, que bordean los campos, hasta abandonarla en una ruta de ripio, cerca de San Carlos Centro. En ese escape frenético, como si fuera un rally en esos caminos de tierra floja, los prófugos se encontraron con una camioneta Amarok de Gendarmería a la que también enfrentaron. En ese lugar fue herido un segundo gendarme, que sufrió una herida en la mano, pero anoche fue dado de alta del sanatorio San Carlos.

Como el operativo se realizó bajo extremo secreto, las fuerzas de apoyo, como la policía de Santa Fe, no intervinieron hasta pasadas las 10.30, cuando se montaron retenes en las principales rutas, como las autopistas Rosario-Santa Fe y la 19, que conecta esta provincia con Córdoba. También fueron arribando al lugar un total de 600 efectivos de las cuatro fuerzas nacionales.

Decenas de patrullas, con efectivos provistos de armas largas, comenzaron a surcar esa telaraña de caminos de tierra en busca de los prófugos. Las fuentes de Gendarmería consultadas señalaban a media tarde que los convictos se movían a pie y estaban escondidos en las cañadas y los montes que sirven como cortina a los campos.

Tres helicópteros y decenas de patrulleros deambulaban anoche por los caminos y campos, donde los efectivos creían que estaban escondidos los convictos. Pero aún nadie pudo detener a los prófugos más buscados del país.

Dos gendarmes se reponen de las heridas

En sendos tiroteos con los prófugos del penal de General Alvear fueron heridos de bala ayer dos gendarmes que participaban del operativo de búsqueda. Ambos permanecen internados.

El primer enfrentamiento ocurrió a las 6, cuando los gendarmes, luego de allanar sin éxito tres viviendas de la zona rural de San Carlos, advirtieron un rancho con un pequeño galpón. En forma repentina, tres hombres armados salieron de los pastizales y los atacaron a balazos. Hirieron en el pecho y en una pierna al cabo Walter Aguirre, de 21 años, quien fue llevado al hospital Suchón, de San Carlos Centro.

Más tarde, en un control de Gendarmería en un camino vecinal cercano a la ruta 19, hubo otro tiroteo con los delincuentes, del que surgió herido en el brazo izquierdo el comandante Mario Valdez, de 44 años.

 

 

 

 

Fuente: La Nación