La Gendarmería consiguió la información clave que permitió poner en marcha el operativo en el interior de Santa Fe; allí encontraron comida, celulares y un vehículo en el que se movían los prófugos.
Los gendarmes llegaron a los tribunales de Comodoro Py, en Retiro, con información valiosa. Subieron al cuarto piso y se dirigieron al despacho del juez federal Sergio Torres. “Tenemos el dato de que los hermanos Martín y Christian Lanatta y Víctor Schillaci están en una zona rural de Santa Fe”, explicaron los detectives.

Era la tarde, casi noche, de anteayer. Ya habían pasado varios días sin pistas de los tres fugados del penal de General Alvear. Los gendarmes que hablaban con el juez federal Torres y con su equipo de colaboradores no se equivocaban: a esa hora los tres prófugos estaban ocultos en un galpón abandonado de San Carlos, una zona rural del sur de Santa Fe. Habían llegado en la camioneta utilitaria de la suegra de Christian Lanatta, una Renault Kangoo patente NCA 960.
En la reunión, según reconstruyeron a LA NACION calificadas fuentes judiciales, llevaron datos concretos sobre tres inmuebles donde podían estar los sospechosos. “Estaban convencidos de que las pistas eran acertadas”, agregaron los informantes consultados.

Después de evaluar las pruebas, aportadas por detectives del sector de inteligencia de la fuerza federal, el juez Torres ordenó tres allanamientos durante la madrugada de ayer.
Los encargados de intentar atrapar a tres de los condenados por el triple crimen de General Rodríguez, múltiple homicidio vinculado con el tráfico de efedrina, eran 100 gendarmes que llegaron a San Carlos, ciudad situada 140 kilómetros al sur de Rosario, ayer a la madrugada.

La justicia federal tomó intervención en la búsqueda de los prófugos del penal de General Alvear en las últimas horas, después de una denuncia presentada por el Ministerio de Seguridad de la Nación y de tres llamadas anónimas en dependencias de la Policía Federal.

Apoyo y protección
Entonces, el juez Torres, el fiscal federal Jorge Di Lello y el titular de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar), Diego Iglesias, comenzaron a investigar si los Lanatta y Schillaci tienen apoyo de una organización narcocriminal que los ayuda a mantenerse en la clandestinidad. En ese contexto fue que personal de la Gendarmería Nacional aportó información sobre el paradero de los sospechosos.

“Atento a que la denuncia efectuada por el señor jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad de la Nación, Pablo Noceti, se refiere a que podría existir soporte criminal de organizaciones dedicadas al narcotráfico, corresponde la investigación de los hechos”, afirmó Di Lello en el dictamen que elevó al juez federal Torres, a cargo del expediente, según publicó la agencia de noticias Télam.

Además, sugiere que “se proceda a la compulsa” de la causa que investiga los hechos relacionados con la fuga dicha de los tres detenidos -cuya investigación está a cargo del fiscal de Azul, Cristian Citterio-, como también de la causa del triple crimen de General Rodríguez -por la cual fueron condenados- y la causa vinculada con la búsqueda del prófugo Iván Esteban Pérez Corradi.

Di Lello pidió la intervención de al menos una decena de líneas telefónicas de personas que se sospecha podrían haber prestado o estar prestando actualmente colaboración a los hermanos Lanatta y a Schillaci.

Las tres propiedades que los gendarmes debían allanar estaban situadas sobre un camino rural cercano a la ruta provincial N° 6. Pero los primeros procedimientos fueron negativos, ya que no encontraron rastros ni de los hermanos Lanatta ni de Schillaci. Eran las 7.30 de ayer.

Estaban cerca de los prófugos, pero los movimientos de los uniformados pusieron en alerta a los Lanatta y Schillaci. Sin tiempo de subirse a la camioneta utilitaria, los fugados tomaron su poderoso arsenal, salieron del galpón donde habían pasado las últimas horas y se ocultaron entre los pastizales.

De pronto todo se precipitó. Antes de volver a la ruta 6, a unos 1000 metros de los allanamientos, los gendarmes descubrieron un cuarto inmueble “deshabitado e inhabitable”, que en la parte posterior tenía un galpón.

Bebidas, frazadas y tiros

“Los gendarmes entraron en el galpón y encontraron comida, dos frazadas y una camioneta Renault Kangoo que en su interior tenía dos teléfonos celulares”, agregó una de las fuentes consultadas.

En el galpón había un botellón de plástico con agua mineral, una botella de gaseosa que en su interior tenía jugo de naranja y cubiertos.

Las fuentes consultadas afirmaron que la camioneta secuestrada es la que pertenece a la suegra de Christian Lanatta, que habría sido robada el viernes pasado en el sur del conurbano. Es decir que eran los prófugos más buscados.

Cuando los gendarmes volvían hacia la ruta con los elementos secuestrados fueron atacados desde los pastizales. Eran entre las 8 y las 8.30. Fue en ese lugar donde hirieron a uno de los uniformados. Había empezado otra cacería, como sucedió en Ranchos la semana pasada.

“Los atacantes se robaron una camioneta Berlingo blanca de la Gendarmería Nacional para huir”, dijo un detective del caso.

En el trayecto, los delincuentes se cruzaron con una camioneta VW Amarok de la Gendarmería, donde se produjo otro tiroteo y terminó herido otro gendarme.

“El segundo tramo del escape, los delincuentes lo hicieron a pie.” Era el momento en que los investigadores estaban convencidos de que estaban a punto de detener a los tres prófugos. Pero con el transcurso de las horas la realidad fue otra.

Con cámaras infrarrojas para la noche

Personal de la Policía Federal, de la Gendarmería Nacional y de la Policía de Seguridad Aeroportuaria continuaba desplegado anoche en vastos sectores alrededor de la localidad santafecina de San Carlos, tras los pasos del trío de prófugos. Al caer la noche, según supo la nacion de fuentes oficiales, los evadidos eran buscados por policías de elite del Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF) de la Federal que trabajaban con equipos en tierra y por aire. Para esto último contaban con un moderno helicóptero Airbus EC145 dotado con un reflector, cámara de 360° infrarroja, para visión nocturna, con alcance de 400 metros y cámara térmica de última generación, para descubrir a sospechosos que se oculten detrás de arbustos, pastizales y hasta debajo de un techo de chapa de zinc.

 

 

 

Fuente: La Nación