El referendum se votará el jueves 23 de junio en todo el territorio británico El referendum se votará el jueves 23 de junio en todo el territorio británico.

“Si Europa se uniera, compartiendo su herencia común, la felicidad, prosperidad y la gloria que disfrutarían sus cuatrocientos millones de habitantes no tendría límites” afirmó un gran visionario en Zurich, el 19 de septiembre de 1946. Fue el británico Sir Winston Churchill, una de las figuras políticas más importantes de la historia moderna.

Aquél ícono de la libertad, que formó parte de la alianza triunfadora en la Segunda Guerra Mundial contra el totalitarismo del Eje, hoy probablemente sería partidario de la campaña “Remain” (“Mantenerse”) que busca a toda máquina imponerse en el referendum de este jueves donde los británicos decidirán si se mantienen dentro o abandonan la Unión Europea (UE).

Son muchos los preocupados por el Brexit (fusión de las palabras “british” y “exit”, “salida británica”), y no sólo en Reino Unido, también se expresaron líderes de todo el continente. El argumento más fuerte de quienes buscan abandonar la UE es el de “proteger a Reino Unido ante la amenaza terrorista creciente” y, para eso, afirman que la única opción es dejar el bloque. Esta posición se vio apoyada por nuevos adherentes temerosos por el avance islámico en Europa.

Los sondeos de los últimos días señalan que la ventaja a favor de la permanencia en la UE se redujo drásticamente los denominados “independentistas” y su campaña del “Leave” (“Abandonar”) ganaron fuerza y superan a los que buscan la permanencia en la mayoría de las encuestas por un pequeño margen, lo que augura un final ajustado. Algunas de las proyecciones ya dan ganador al Brexit por hasta siete puntos.

Una encuesta realizada por Ipsos y publicada en la cadena de noticias norteamericana NBC indica un 53% a favor del Brexit contra un 47% que desea quedarse en la UE, sin contar los indecisos. Entre otros, el diario The Economist publicó su propio sondeo que arroja un 40% a favor de los independentistas, 39% que buscan mantenerse en el bloque y un 14% de indecisos.

Los efectos de la hipotética salida ya se reflejaron en la economía, con leves devaluaciones de la libra esterlina, cuando los medios británicos publicaron los resultados de encuestas que pronostican la salida de Europa. El ministro británico de economía, George Osborne, planea un recorte del gasto público y un incremento de los impuestos si el país se separa de la UE, ya que el gobierno se vería obligado a incrementar el tributo sobre la renta y recortar el presupuesto del Servicio Nacional de Salud. Por su parte, los independentistas consideran que el gobierno tendrá más dinero si no paga millones por semana a la UE.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, aseguró que el Brexit puede destruir no sólo a la Unión Europea sino a la “civilización política occidental toda”. Su apocalíptico mensaje se basa en la teoría de que la separación implicaría repensar la noción de “unidad” y “fortaleza” que el viejo continente logró tras las guerras mundiales, en un momento de profunda crisis institucional para los gobiernos, los sistemas económicos y la seguridad de los países. Según Tusk, el euroescepticismo de los independentistas británicos atenta contra la visión conjunta que Occidente debe dar al mundo.

En ese aspecto, vuelven a resonar las palabras de Churchill, quien se adelantó a su tiempo y propuso un “remedio” único para terminar con los enfrentamientos europeos tras la guerra:  “¿Cuál es ese eficaz remedio? Es volver a crear la familia europea y dotarla de una estructura bajo la cual pueda vivir en paz, seguridad y libertad. Tenemos que construir una especie de Estados Unidos de Europa, y sólo de esta manera cientos de millones de trabajadores serán capaces de recuperar las sencillas alegrías y esperanzas que hacen que la vida merezca la pena.” Aquella idea de Churchill también tuvo resistencia en su tiempo por las implicancias políticas. Afirmaba que en “la estructura de los Estados Unidos de Europa, las pequeñas naciones contarán tanto como las grandes y ganarán su honor por su contribución a la causa común”.

Al interior de los partidos y distintos sectores sociales de Reino Unido, las opiniones encontradas se enfrentan cada día con más ímpetu. El diario sensacionalista The Sun, el de mayor circulación en el país, pidió a sus lectores “votar por la salida”, en un editorial publicado en primera plana esta semana, mientras que el gabinete de gobierno, en la voz del primer ministro David Cameron, insiste con la necesidad de “mantenerse en una Unión Europea reformada, para estar más fuertes, más seguros y mejor”.

El “efecto dominó” es uno de los máximos temores y el ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble, dijo que no descartba la posibilidad de que otros países abandonen la UE si Reino Unido decide hacerlo. En ese sentido, y se preguntó: “¿Cómo reaccionaría Holanda, por ejemplo, que ha sido tradicionalmente un aliado muy cercano a Gran Bretaña?”.

Chris Grayling, líder de la Cámara de los Comunes y partidario del Brexit, afirmó en una entrevista publicada por el Financial Times que el Reino Unido iniciaría de forma inmediata el proceso de ruptura con Bruselas y fijó para finales de 2019 la separación definitiva de la UE en caso de ganar la independencia del bloque. Es la primera vez que un representante del gobierno, a favor del “Leave”, da a conocer un calendario más detallado sobre los planes de la eventual retirada del bloque regional.

Este fin de semana, las campañas se suspendieron por el asesinato de la parlamentaria laborista Jo Cox, pero se espera que al comienzo de la semana se retomen las actividades en la recta final antes del referendum. Algunos testigos del ataque a la parlamentaria afirman que el asesino gritó “¡Gran Bretaña primero!” antes del crimen.

Los ciudadanos de todo Reino Unido tienen la responsabilidad de votar este jueves para que ese legado de unión ideado y construído por las figuras políticas del siglo pasado sobreviva o, por el contrario, transforme el escenario europeo. Las consecuencias completas de ese posible nuevo paradigma son desconocidas e inquietan al viejo continente y al resto del mundo.